Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Arias Navaroo     
 
 El Alcázar.    13/05/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

ARIAS NAVARRO

HACER un discurso es fácil. Resulta más difícil construir una conducta. He tenido la tentación, que de in-

mediato rechazo, de dirigirle una carta al señor Arias Navarro. Su artículo en "ABC" ("Por amor a España

y en servicio al Rey") exige, sin embargo, una respuesta que desborda los limites de cualquier discreción.

Lamento tener que mostrarme radicalizado, aunque en ningún caso extremista: sirvo a la verdad escueta y

por fidelidad a ella tengo que decir que esta forma de manifiesto electoral no me ha convencido ni mucho

ni poco. Si se lee con detenimiento, la conclusión no puede resultar más triste. Las afirmaciones que

contiene son exactamente las mismas que desde estas páginas se esgrimían, como clarinazos, cuando el

señor Arias Navarro y algunos de su equipo dinamitaban aparatosamente el Régimen de Francisco

Franco.

En una y otra orilla de España ha vuelto a correr la sangre. Y cuando corre la sangre no

valen los discursos. Mucho menas las declaraciones solemnes, "históricas", ceñidas a la medida de la

circunstancia. El señor Arias Navarro se pregunta sereno y solemne: "¿estarán también, tranquilos los que

ayer mismo juraban lealtad a unos principios que han olvidado tan fácilmente?" Y yo, que no he jurado

lealtad a nada, porque jamás ostenté un cargo público, le devuelvo cortésmente la interrogación. ¿Se la

formuló el señor Arias Navarro cuando adoptó las decisiones que allanaron el camino para la desaparición

del Sistema heredado? ¿Se la formuló cuando con su "si" en la Cámara Legislativa contribuyó a abrirle de

par en par las puertas al Partido Comunista? Si mis datos no me son del todo infieles, el señor Arias

Navarro pertenecía al grupo de "los cuarenta de Ayete"; es decir: estaba incluido entre los cuarenta

"lealísimos" a quienes el Caudillo y Jefe del Movimiento otorgó el honor y la enorme responsabilidad

histórica de mantener en pie una Costitu-ción que se escribió con sangre, con dolor, con hambre y con

esperanza: ¡De los "cuarenta de Ayete" solo once cumplieron con su deber! ¿Qué quieren ahora? Entre

aquellos once no figura el ex presidente del Gobierno. ¿Como puede imputar olvidos quien fue el primero

en olvidar? Dice el señor Arias Navarro, en otro pasaje de su artículo, que "frente al riesgo hacen falta

hombres dispuestos a servir sin reservas". Si, señor: lo voy a decir uno, a título de ejemplo: Ramiro

Figueroa, al que anteayer se enterró en un pueblo castellano por hacer frente al riesgo. Por ser fiel. La

lealtad y la fidelidad son como el valor: hay que acreditarlos. Cuando Arias Navarro ocupaba la Presi-

dencia del Gobierno también hacían falta hombres dispuestos a servir sin reservas a una ideología que se

volatilizó en el aparato oficial, aunque quedó prendida como una rosa ardiente en muchos corazones

sencillos que nunca sintieron la emoción de ser alcaldes, ministros o presidentes.

El entreguismo no es obra exclusiva de Adolfo Suárez, sino de los políticos que fueron infieles a los

juramentos prestados. Don Carlos Arias puede presentarse al Senado por Madrid. Le deseo suerte. Pero

por servicio a la verdad y porque he sido —perdóneme lector por este énfasis, tan inmodesto— de los

muchos españoles que ha cumplido a rajatabla la frase del mensaje de Franco que el articulista de "ABC"

recuerda —"Manteneros alerta y unidos"— recomendaría a mis pacientes lectores que afinen leí instinto a

la hora de emitir el voto, en el instante de elegir senadores o diputados y que no se lo otorguen a quienes

no tengan la lealtad lo suficientemente acreditada.

Antonio IZQUIERDO

 

< Volver