Mientras caía en San Sebastián un polícia armado. 
 Patinazo episcopal  :   
 El Auxiliar de Bilbao reprueba la intervención de las Fuerzas del Orden. 
 El Alcázar.    19/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

MIENTRAS CAÍA ASESINADO EN SAN SEBASTIAN UN POLICÍA ARMADO

PATINAZO EPISCOPAL

• El Auxiliar de Bilbao reprueba la intervención de las Fuerzas de Orden

BILBAO. (Europa Press). El obis po auxiliar de Bilbao, monseñor Juan María Uriarte, ha hecho

unas declaraciones a Radio Popular de Bilbao en las que ha pedido la amnistia total, como

remedio para solucionar los actuales males del país vasco.

«Los sombríos acontecimientos de estos días en las provincias vascongadas interpelan nuestra

conciencia cristiana: unas cuantas vidas humanas, numerosos heridos, un sin fin de

enfrentamientos y un clima tenso de temor y a veces de odio son el trágico balance de estas

jornadas.

«Muchas voces netas y dignas se están pronunciando para censurar, serenar, aconsejar, me

he pre-0jntado si podía faltar una voz episcopal. Nuestro obispo, monseñor Añoveros, está

ausente de Vizcaya desde hace dos meses por razones de salud, he pedido consejo al equipo

de Vicarios Generales y Territoriales, quienes respaldan esta intervención».

«Como discípulo de Jesús y responsable de vuestra fe en El quiero deciros una palabra

evangélica y por ello sencilla, clara, justa, pobre e inspirada por el amor. Quiero situarme en mi

puesto de pastor: en el corazón del evange-lio, dentro de mi pueblo y más allá de las legítimas

diferencias de la persona y de los grupos».

«Desde esta posición, quiero repetir la petición que he formulado muchas veces ante vosotros

de palabra y -por escrito: la amnistía total. Nadie debe quedar excluido de ella. Nadie puede

permitirse el no amnistiar a los demás. Por que retrasar más este gesto de concordia tan

conforme al Evangelio en el inicio de una nueva fase de convivencia cívica».

«Desde el evangelio he de predicaros la reconciliación y esto pasa hoy por la amnistía total: la

de la ley y la de los corazones, la de todos para todos. La amnistía es además un clamor

inmenso de una gran parte de nuestro pueblo impaciente y exasperado por una espera

demasiado larga; en el.comienzo y el signo imprescindible de ese futuro mejor que queremos

construir entre todos».

«La inmediata libertad de los presos y el rápido retorno de los exiliados es algo más que un ge-

neroso deseo. Es una necesidad imperiosa y urgente. Con todo amor, pero con toda firmeza he

de reprobar la violenta intervención de la fuerza pública que ha derramado sangre humana

sobre nuestro suelo. No puede justificarla desde la ética puramente humana. Menos aún desde

la moral cristiana. La vida humana de cualquiera es un bien absoluto».

«Vosotros, cuya misión es defender la seguridad ciudadana, debéis mostrar en vuestra

conducta un respeto por la vida tan inquebrantable que esté al abrigo de las provocaciones y

de los nervios. Es preciso que la autoridad competente adopte todas las medidas eficaces para

que hechos tan lamentables se establezcan y no vuelvan a suceder. Pedimos y suplicamos por

el amor de Dios. No más sangre! ¡No más muertes!

«No podemos tampoco aprobar algunos rasgos de las alteraciones de los días pasados: la

movilización masiva de adolescentes, las palabras y los gestos de provocación a la fuerza

pública, el carácter premeditadamente bélico de algunos enfrentamientos, la coacción en el

logro de objetivos laborales».

«Ante estos datos hay una pregunta que muchos ciudadanos —y yo con ellos— se formula

hoy: la noble aspiración popular a la amnistía. ¿No está siendo explotada y exasperada

también por grupos interesados en entorpecer los pasos inmediatos de democratización del

país? Si así fuere, tendríamos que reprobar también esta actitud como antievangélica y

antihumana y habríamos de atribuirle su parte de responsabilidad en el triste balance de estos

días».

«El camino de nuestro pueblo hacia la libertad es doloroso, lento, al igual que el sufrimiento de

Jesús fue el comienzo de una vida nueva, así también en la historia de los pueblos y en la

historia de la Iglesia los momentos de dolor son origen de una época mejor».

«Como garantía de esta definitiva victoria, el Señor resucitado nos ha enviado el espíritu que

los cristianos esperamos en Pentecostés. El es al mismo tiempo fuerza de Dios que nos libera

de todas las esclavitudes, esperanza que nos conforta en esta tarea y mansedumbre que nos

impulsa a abordarla en cristiano».

«Los cristianos tenemos motivos poderosos para no sucumbir al miedo y al escepticismo que

nos amenazan en momentos como éste. Que la Reina de la Paz que invocamos los vizcaínos

en su advocación de Begoña confirme nuestro valor y consolide nuestra esperanza».

 

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