Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   No me prometas más, Adolfo     
 
 El Alcázar.    07/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

"digo ya que...

NO ME PROMETAS MAS, ADOLFO

PARA que le quiero con-tar al excelentísimo se ñor Don Rodolfo Mar-

tín Villa, ministro de la Gobernación, y al otro excelentísimo señor, gobernador civil de Madrid, Don

Juan José Rosón, la risa negra que me ha producido el escribir este artículo ayudado por una vela, y no

precisamente de corbeta, sino de cera, después de que los grupos de ultraizquierda, a los que aquí solemos

llamar terroristas sin más, se han cargado no se´ cuantos controles eléctricos de la capital?. ¿Para que voy

a hacer más hincapié en el dolor y en la impotencia pasajera de estos dos ilustres gobernantes, cuando se

han dado cuenta de que a dos pasos de las elecciones se puede quedar Madrid sin luz, si mucho me apuran

sin agua, y en Barcelona aterrizan los aviones cada cuatro horas y además hay huelga de taxis y nadie se

siente seguro ni en el cuello de su camisa?. Sería por nuestra parte un sadismo innecesario que no nos

perdonaríamos nunca. Con las claritas del alba me llega la noticia de que han muerto asesinados dos

guardias civiles, en Barcelona, mientras los "extrañados" de Noruega hacen declaraciones en las cuáles

dicen que no son culpables de las acusaciones que sobre ellos vierte el franquismo, cosa por otra parte que

ya utilizó Landrú al ser juzgado por sus crímenes: declararse inocente a toda mecha. ¿Para qué voy a

hablar a estos dos ilustres gobernantes de cómo está el pueblo de Madrid?. Eso lo saben de sobra y estoy

seguro que lo deploran. Prefiero pasarme a lo que es

más anecdótico, más trivial, siquiera sea para descargar el ánimo del lector del pesar que le abruma. En

Lozoyuela había previsto un mitin del Centro, en una carpa que utiliza a tales fines el suarecismo. No

llegaron los oradores porque tenían una Junta, al parecer, y de informar al pueblo llano de lo que era el

Centro Democrático se encargó el cantante Daniel Ve-jázquez que formaba parte del jolgorio electoral.

Afortunados los vecinos de Lozoyuela que no tuvieron que aguantarse a los políticos y seguro que en-

tenderían muy bien lo que es el Centro, explicado por Daniel Velázquez, muchacho por el que siento una

gran simpatía. Vamos con cifras. Cada vez que la carpa de Centro Democrático, según informa el lúgubre

Diario 16, se instala en cualquier parte, dicha instalación asciende a ciento cincuenta mil pesetas; o sea

que calculen ustedes si aparte del transporte y todo eso el Centro empieza a carpearse con profusión.

El Sr. Suárez, candidato, va a hacer su aparición otra vez, según nos informan y según dicen todos los

periódicos que están a mi mano, en televisión, dos días antes de las elecciones. El Sr. Suárez, presidente,

prometió la no legalización del Partido Comunista y esto no sólo a las Cortes sino a otras personas de

poderosa entidad y grandes merecimientos. El Partido Comunista se legalizó. Bien es cierto que Carrillo

anda ocupado en tapar la boca a "la Pasionaria" para que no diga "¡Viva Rusia!!", y en ordenar a sus

abogados que no defiendan al asesino de Valdemoro, militante desde hace cinco años, según propia

confesión, en carta escrita al lúgubre "Diario 16", del Partido Comunista. Reconozcamos que los

comunistas son casi de derechas y que no hay más remedio que sentarse en el mismo banco a rezar con

ellos y comulgar cuando ellos comulguen. Después, cuando las campanas empiecen a doblar, intentarán

degollarnos a todos, vieja táctica de los comunismos en cualquier país de cualquier hemisferio.

Siguiendo con el Sr. Suárez, presidente, parece ser que prometió, ya que se presentaba candidato por

Centro Democrático, no volver a utilizar al medio televisivo en ningún instante, cumpliendo así unas

reglas de "fair play" que le parecían inexcusables. Ahora resulta que no. Ahora resulta que el candidato

Suárez se reserva los últimos minutos de juego para la traca final, incumpliendo una vez más sus

promesas. Yo no sé que hubiera sido de este hombre que, según me dicen, ha declarado que poco tuvo

que ver con el franquismo, si tuviera que someterse como en la leyenda del Cristo de la Vega, a poner a

Dios por testigo y con él al Crucificado. Porque todas las manos de los Cristos de España se hubieran

desprendido de las aspas de la cruz para gritar: "¡Suárez, lo que prometiste!". Pero, claro está: en medio

del barullo y de la confusión que padecemos el que aparezca otra vez el candidato Suárez en la pequeña

pantalla es incluso un acicate porque ya sabemos de sobra que todo lo que diga no lo va a cumplir y

media España se sentará a admirarle y a decir: —Vamos a ver lo que nos promete hoy y que no va a

cumplir pase lo que pase.

Yo me las tendría muy tiesas con este asunto. Y conste que siento con toda el alma decir lo que digo

porque antes de sus volutas políticas —la política es como el hambre, lo justifica todo— yo tenía, a pesar

de cuán-to me largaban al oído, una excelente amistad con Adolfo Suárez. Y por favor, que no nos

prometa que van a bajar los precios de ¡os artículos de primera necesidad porque el otro día nos estamos

comiendo los sillones. Al que le queden.

Alfonso PASO

 

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