Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   La normalidad del Gobierno Suárez     
 
 El Alcázar.    10/06/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Por Ismael MEDINA

No es una broma de pésimo gusto. Lo ha dicho con toda serenidad el ministro de Obras Públicas, durante

su visita a Bilbao: "En estos momentos en que se intenta una aproximación histórica entre todos los

españoles, la presencia de un ministro en Bilbao quiere expresar la normalidad con que el Gobierno

afronta los problemas del prueblo vasco".

¿Y cual es la normalidad en las provincias vascongadas? Pues esta: a un agente de la Policía municipal de

Portugalete le dispararon dos desconocidos; un inocente ciclista sufrió las consecuencias de una explosión

que estaba preparada para ¡a Guardia Civil, mediante amenazas y coacciones se prepara la solidaridad

popular a la "semana de lucha"; el miedo se adueña de la calle; ¡os interventores de los partidos

nacionales reciben amenazas de muerte, los candidatos que lo hacen en nombre de España viven en un

sobresaltado estado de alerta; el señor Ybarra sigue sin aparecer; quienes pueden hacerlo se van a vivir a

la orilla mediterránea o compran tierras en Andalucía, las pequeñas y medianas empresas cierran y las que

cuentan con algunas reservas financieras reabren en distantes provincias españolas bajo otra apariencia;

Guipúzcoa ha descendido desde el primer lugar al catorce o el quince en la clasificación nacional de

renta; las autoridades viven casi en estado de sitio; y, en fin, el poder del Estado es una especie de pelele

del que las varias especies separatistas se mofan sin recato.

¿Como afronta esa situación el Gobierno Suárez? Según el ministro de Obras Públicas, con normalidad. Y

está en lo cierto. Nunca debemos olvidar los españoles la explicación que el exiliado de la Moncloa dio al

acto arbitrario de legalización del Partido Comunista: hacer legal lo que es normal en la calle. Esa regla

de oro de ¡a gobernación, que en todas las cancillerías del mundo se analiza con asombro, está siendo

aplicada a todo trapo. ¿Que los comunistas se sienten incómodos con la permanencia en la cárcel de los

inculpados en el asesinato del Presidente Carrero o en ¡a matanza de la calle del Correo? Pues a la calle

¡os implicados, aunque el agravio hiera la dignidad del que fuera vicepresidente del Gobierno can el

Almirante y ¡e aconseje dejarla a salvo mediante un acto explícito de confrontación ética, ¿Que los

marxistas reclaman para los asestaos la condición de presos políticos? Pues los asesinos reciben el carné

de presos políticos. ¿Que los marxistas entienden que no

deben ser delito los atentados contra la unidad de la Patria? Pues se convierte en correctos ciudadanos,

perseguidos inicuamente por ¡a "Oprobiosa" a quienes los cometieron. ¿Que los marxistas vascongados

amenazan con crearle al Gobierno una incómoda situación en el caso de que no ponga en libertad a los

"presos políticos ? Pues se les excarcela, se les negocia un destino, se les lleva en aviones oficiales y hasta

es posible que a cada uno se le de un viatico de dos millones de pesetas para primeros gastos. ¿Que

resultan ofensivas para los asesinos, es decir, para los ciudadanos normales de las organizaciones

marxistas de seguridad popular, las manifestaciones masivas en el entierro de los miembros de las

Fuerzas de Orden Público? Pues se da orden de equivocar rutas y horarios, de tal manera que no vuelvan

a concentrarse cuarenta mil ubetenses en un entierro, como ocurrió quince días antes con el Policía

Armada.

¿Que a la internacional socialista y a los comunistas no les cae bien que el Estado disponga de unas

Fuerzas de Orden Público eficaces? Pues se prepara la más absurda reforma que jamás conociera España.

A fuerza de decretos leyes y del uso personal del poder, el señor Suárez materializa su regla de oro de

hacer legal todo lo que es normal en la calle. Como lo menos normal será pronto la posibilidad de un

comportamiento decente, es posible que, a semejanza de lo que sucedía por 1936, vayamos a la cárcel los

españoles que todavía defendemos a España v enarbolamos su bandera.

Por ahora, la normalidad gubernamental para las provincias vascongadas se resume en el epitafio que, de

acuerdo con los hechos, habremos de colocar sobre ¡as tumbas de los que creen servir a España: "Aquí

yace un agente de las fuerzas represivas del pueblo".

Y en la noticia que acaso mañana mismo debamos leer en los periódicos, pues ya hoy las fuerzas políticas

democráticas del País Vosco lo anuncian como petición: "Los presos políticos antidemocráticamente

expatriados por el Estado fascista español regresan triunfalmente a Euzkadi".

Es muy posible que a no tardar mucho escuchemos en fui el último parte informativo de la normalidad

sobre ¡a que caminamos. Dirá con extrema sencillez: "España ha muerto".

 

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