Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Un rato a constituciones     
 
 El Alcázar.    20/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

UN RATO A CONSTITUCIONES

NO siento la menor curiosidad por el texto de la nueva Constitución. Será una más. En España existe un

amplio muestrario de literatura constitucional que, cuando menos, ha servido para que un joven y brillante

profesor universitario —Pedro Parias— ofreciese un espléndido libro de documentación histórica: No

siento la menor curiosidad digo aunque sé que de ese texto pueden depender algunas cuestiones de valor

esencial. Pero la experiencia me dice que, entre nosotros, las constituciones se derogan con la misma

facilidad con que se promulgan. La última fue elaborada a brazo, con una lentitud sobrecogedora y, si se

piensa bien, cuando iba a conocer la plenitud de su funcionamiento quedó inservible.

Estas Cortes Constituyentes tienen más prisa, desde luego. Vamos a asistir a un parto repetido y

monótono del que saldrá, poco más o menos, lo que salió de las anteriores. Si de algo hemos dado prueba

durante los siglas XIX y XX es de una falta absoluta de respeta por el Derecho Constitucional. Monarcas

y arriegos; hombres de Estado y clérigos; líderes de prestigio y toreros de tronío han hecho de los

cantables constitucionales el mismo caso que los peces espada de las sinfonías wagnerianas. Se juran y se

abjuran. Se exalta hasta el paroxismo a sus promulgadores y luego se les fusila en un amanecer incierto.

No siento la menor emoción frente a la noticia de que vamor a tener una nueva Constitución. Un

pragmatismo de andar por casa y un discreto conocimiento del tema, me induciría a aconsejar a los

señores diputados y senadores que se ahorren molestias y discusiones y que revisen la que más acomode a

esta hora. Existe un amplio muestrario donde elegir —republicanas y monárquicas; federalistas y

unitarias, ¡pasen y vean!, ¿quién da más? sin demasiados miramientos y sin esfuerzo mental alguno. Es

igual una que otra si a una y a otra tas espera la suerte que a las demás.

Una cosa, sin embargo, sí me mantiene en cierta actitud expectante: queridos diputados y senadores, ¿qué

van a hacer sus señorías con España? Con la Constitución hagan lo que quieran. Con España, no; porque,

de alguna manera, España no pertenece a la coalición triunfante o a la coalición derrotada. No sería

cuestión de estarse cruzado de brazos si sus señorías decidieran, colectivamente, que España se suicide.

Un Régimen puede suicidarse como se suicidó el último o como puede suicidarse un Monarca o un

Dictador o un enamorado. España es la suma de muchas voluntades y de muchos esfuerzos y de muchas

páginas de historia. No puede serle ofrecida en holocausto a nadie. España soportó, con paciencia,

muchas constituciones. Lo que no soportaría es que la destruyesen por complacer las apetencias

extranacionales presentes en el hemiciclo y a cargo de uniones y coaliciones más o menos tortuosas.

Antonio IZQUIERDO

 

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