Autor: HORACIO. 
   Mejor es no meneallo, señor Jiménez     
 
 El Alcázar.    08/08/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

OPINIÓN AL HILO

MEJOR ES NO MENEALLO, SEÑOR JIMÉNEZ

Los empresarios salieron muy contentos de la entrevista con el presidente del Gobierno y el

ministro de Trabajo, en lo tocante a las explosivas palabras autogestio-narias de este último. El

señor Jiménez de Parga, por lo visto, dio toda suerte de explicaciones. El señor Jiménez de

Parga y el señor Suárez reiteraron que las palabras de aquel habían sido mal interpretadas y

que donde parecía proponer la autogestión como política social del Gobierno, quiso decir casi

todo lo contrario.

Inmediatamente tomé el texto oficial de las palabras pronunciadas por el señor Jiménez de

Parga en la toma de posesión de sus muchachos. Y tras varias lecturas sosegadas, llegué de

nuevo a la única conclusión posible; el señor ministro de Trabajo había dicho exactamente lo

que todos habíamos entendido, incluidos los empresarios, justamente alarmados.

El señor Jiménez de Parga dice ahora a "Informaciones": "Yo me responsabilizo, como siempre

lo he hecho hasta ahora, de lo que escribo o de lo que digo, pero no puedo hacer mías unas

palabras que no pro nuncié". Y ha concretado, además: "Yo no pronuncié la palabra

autogestión. Lo que realmente he querido decir y creo que dije en esencia es que todos los

miembros de la empresa, desde el accionista al trabajador no cualificado, deben tener su

estatuto, y que nadie, ni el accionista más fuerte, ni el trabajador menos cualificado pueden ser

simplemente subditos, sino ciudadanos que participan de verdad en la empresa. He hablado de

participación, no de autogestión".

El señor Jiménez de Parga podía haberse excusado y dicho que el acceso a la poltrona

ministerial le ha puesto nervioso, que sufre frecuentes vahídos y que uno de ellos le sobrevino

inesperadamente durante el famoso acto de relevo, acaso excitado por el duro repaso que le

dio el secretario general técnico saliente. Según el texto oficial de aquella ceremonia aciaga, eí

señor ministro dijo lo que se publicó, de lo cual repetimos dos párrafos vitales cuyo aislamiento

del contexto no alteran su significado: "No basta con ser ciudadano en la Ciudad, en la

organización de vida política, sino que hay que ser ciudadano también en el lugar donde se

trabaja, en la organización socioeconómica. He aquí la democracia en profundidad (subrayado

en el comunicado oficial), la que el Gobierno tiene en el horizonte de su actuación, la que nos

hará pasar de la condición de subditos en las empresas a la categoría de ciudadanos en ellas,

como lo somos ya en la vida política.

No quiero ser petulante y recordar al señor Jiménez de Parga que una "participación"

equivalente a la que existe en algunos Estados democráticos europeos teóricamente

avanzados, existía ya en España, antes de su acceso a la poltrona. Incluso puede pedir a sus

funcionarios algunos juicios de valor de la 01T sobre ello, no precisamente desfavorables. Pero

sí deseo hacerle al señor catedrático una breve y humilde consideración: el fundamento de la

actual democracia política española según la didascalía oficial, reside en la devolución de la

Soberanía al pueblo. El pueblo elige sus representantes, el partido de la mayoría forma el

Gobierno de entre ellos (los representantes, no el pueblo) y los representantes de la mayoría

aprueban la configuración de ese Gobierno, que de inmediato comienza a hacer y deshacer

amparado en la impunidad que le otorga la mayoría parlamentaria, en tanto una nueva elección

permita al pueblo cambiar la mayoría y el Gobierno.

El equivalente de la democracia política a la democracia en profundidad en la empresa, es

obvio: los que han dejado de ser subditos para convertirse en ciudadanos, eligen su parlamento

de empresa, es decir, la comisión sindical, y ésta, a su vez, elige el equipo directivo o comité

equivalente del Gobierno, cuyo control parlamentario ejercerán en todo momento los

representantes de los trabajadores, es decir, del pueblo. Cualquier otra interpretación sería

ilógica, a partir de la equivalencia establecida por el señor Jiménez de Parga.

El cual, por si había dudas, afirma seguidamente: "La democracia en la empresa exige más

información, más . participación, eligiendo y controlando a quienes asumen las tareas de

dirección y administración del patrimonio que es común (el subrayado es esta vez mío). Igual

en pocas palabras, como sucede ya en la democracia política a la que nos ha llevado la política

afortunada del Presidente Suárez". O sea, lo que les explicaba en razón del primer párrafo

transcrito.

Parece que está bastante claro lo que el señor Jiménez de Parga quería decir; y dijo. Efec-

tivamente, no pronunció la palabra autogestión. ¿Pero era necesario? El señor ministro de

Trabajo debe haber escuchado de los dirigentes sindicales, en particular de don Marcelino

Camacho, lo que entienden por autogestión. El articulista señor Jiménez de Parga debe haber

leído en los periódicos y revistas lo que para los sindicalista´ significa autogestión. El profes de

Derecho Administrativo, debe haber leído, supongo, las teorías sobre la autogestión.

¿Y qué es la autogestión sino el control de las empresas por quienes las trabajan y la elección

y control de los dirigentes y administradores por la comunidad de los trabajadores? ¿Y acaso la

autogestión, sólo implantada hasta el momento en Yugoslavia en una de sus variantes mesos

afortunadas, no entraña necesariamente la alimentación del empresario, tal y como se

conceptúa en el mundo liberal, parlamentario y capitalista?.

Estamos dispuestos a admitir que el señor Jiménez de Parga se equivocó una vez más. Y a

perdonárselo, aunque ahora sus errores puedan costarnos mucho más caro todavía que a los

barceloneses. Pero que no nos tome por tontos. Entendimos lo que dijo, aunque ahora diga lo

que dijo pero que no lo entendimos.

HORACIO

 

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