Café y copa     
 
 El Alcázar.    30/07/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Los parlamentos tienen un suburbio, que son los pasillos adyacentes, los salones intermedios y

el bar. Los parlamentos europeos suelen ser por lo general antiguos palacios. Y ya se sabe que

en los viejos palacios hay espacio de sobra, hasta el punto de que en momentos de necesidad

pueden dar posada a otras cámaras. Es el caso de España, donde el Senado, por razón de la

continuidad discontinua y la legitimidad ilegitimada, hospeda al Senado, con todos sus

miembros, incluido un cierto personaje catalán, de posaderas supersensibles.

A ese suburbio se le llama en algún parlamento europeo el "trasatlántico", por aquello de que

ser diputado es como viajar en cubierta de lujo de la política. Y acaso en ello resida la causa de

que en el coto parlamentario nadie entra, salvo sus señorías y quienes cobran por servir a sus

señorías en menesteres burocráticos o más plebeyos. La vulneración de ese sagrado principio

democrático, constituye una de las muchas malas herencias del franquismo. El franquismo

abrió los suburbios de las Cortes a los periodistas, que se instalaron en ellas y casi se hicieron

los dueños del cotarro. Los periódicos suplantaron a los partidos y metieron en las Cortes

franquistas sus procuradores enmascarados, alguno de los cuales han podido cumplir ahora su

sueño, largamente acariciado, de sentarse en la "city" parlamentaria.

Por mucho entusiasmo que se quiera poner en estas ¡ornadas augúrales del parlamentarismo

inorgánico, las sesiones de la Cámara de Diputados y del Senado son en Madrid tan

horriblemente aburridas como en París, Roma, Bonn o Londres. No digamos del

parlamentoficción de Moscú, al que sólo se puede acudir después de largos cursos de lo que

se denomina la "rítmica del aplauso".

Para matar el aburrimiento, los señores diputados y diputadas del PCE se reúnen en el bar de

las Cortes, en tertulia autocrítica, con café, copa y explicación por mosén Carrillo del evangelio

rojo del día. De vez en cuando le dejan ai vate del Partido, Rafaelito, que decía doña Lola,

recitar un versito o soltar alguna balandronada y a la Brabo relajar los encantos que resumen

su erótica del poder.

Pero ni tan siquiera el relato de Santiago Carrillo sobre su más reciente cena con banqueros o

las últimas fincas adquiridas para el patrimonio del Partido, logran despertar a la abuela Lola

del dulce sopor que la embarga desde que la resucitaron para volver a España. Como decía

María, y parece estar soñando Alberti:

Tu todavía eres casi la aparecida la llegada una tarde entre dos luces

Tú todavía eres aquella que a mi lado vas buscando el declive secreto de las

dunas Pero...

 

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