Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Licencia para matar     
 
 El Alcázar.    12/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LICENCIA PARA MATAR

Mientras el Gobierno Suárez parece decidido a ignorar, pase lo que pase, el retomo de los

extrañados vascos, en Madrid ha caído acribillado un veterano periodista: Paulino Martín. Tres

individuos le salieron al paso en la Avenida del Mediterráneo. Uno de ellos le disparó a cajarro

con una escopeta recortada. Llevaba poco mis de un año jubilado, tras una vida de intensa

dedicación al oficio de periodista, en "Marca", el gran diario deportivo. Pero su vida, como

potencialmente la de cualquier ciudadano ubre, estaba a merced de los terroristas y de la

desasistencia o debilidad pública. Resurta tan trágico, tan absurdo todo esto, que cuando los

"tólex" vomitaron el primer "flash" del sacrificio de esta vida, todos indagaban el cuarto factor de

la noticia: "el porqué". De pronto, alguien de quienes conocíamos, de quienes habíamos

convivido con el a lo largo de muchos años de trabajo, recordó que Paulino Martín, que tenía

un hijo al servicio de la Marina de Guerra, tenía ademas un hermano policía. Entonces muchos

exclamaron: "¡ah, daro: o es una venganza o le han confundido con su hermano!"

O sea que en la sociedad "suarista" es tan habitual que se asesine a los policías, que una

muerte que, en apariencia, no tenía ningún móvil, la sola idea de un parentesco con algún

servidor de la Seguridad del Estado lo explica todo. ¿Podría sintetizarse en esta dramática

realidad el éxito democrático del señor presidente? No lo se. Lo que entiendo, en cambio es

que en España es fácil matar. Parece como si determinados individuos tuvieran una licencia

para tal fin. Se mata cruelmente, salvajemente. Y cuando el peso de la Ley impone la justa

sentencia, unos políticos/ diligentes y amables, se apresuran a conceder el extrañamiento, que

viene a ser como unas rentables vacaciones en Sueda por cuenta del Erario: pasajes pagados,

un millón de pesetas en metálico, y, al cabo de unos días la vuelta a casa ante la estupefacción

de la sociedad.

de los jueces, de la policía. Nadie se explica esto. Nadie da tampoco explicaciones. Está a la

vista:se apedrea a los soldados en Canarias, según el testimonio de la propia prensa Insular. Y

nada sucede. Crece, virulento, el separatismo/y se pasa por el sonrojo de leer noticias como la

que ayer Insertaba un diario de la tarde: "Madrid y Cataluña negocian en París". Salvador

Sánchez-Terán, en representación del primer ministro del Gobierno de S.M, y el presidente

Tarradellas conversan "en terreno neutral", esto es; de potestad a potestad. Se hundió la

economía, que era saludable. Nuestra flota pesquera, creada a puteo en los años anteriores,

no tiene dónde pescar. Y se habla del "paro del hambre" con una naturalidad pasmosa.

¿Qué dase de gobernantes dicen gobernar a España? ¿Que dase de políticos son estos, que,a

cambio de haber puesto en marcha la vieja farándula de los partidos políticos lo dfeo adrede

con palabras de Salvador de Madriaga—, ofrece a los españoles un panorama tan infeliz, tan

desdichado, tan insólito? Señalo todo esto al hilo de la muerte de un viejo amigo; de un

veterano periodista; de un padre de familia; de un hombre de bien, para el que había llegado el

retiro, la jubilación y un sosiego al que han puesto fin una cuadrilla de insensatos bandoleros.

Es probable que esto sean cosas de la democracia. Y es probable que haya que aceptarlas así,

con resignación. También es una práctica democrática la dimisión de los presidentes, aunque

aquí, hasta la fecha, esa práctica sigue siendo inédita y remotamente probable, como nuestro

ingreso en el Mercado Común. Todo parece una burla, una colosal estafa que si, no estuviera

envuelta en sangre inocenie^quedaria reducida, con sus protagonistas al frente, a un

esperpento teatral de ínfimo nivel. La sangre, de alguna manera, dama al délo. Y a la tierra

también.

Antonio IZQUIERDO

 

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