Autor: Aparicio, Juan. 
   Sintomática corbata     
 
 Arriba.    19/08/1977.  Página: 37. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA SINTOMÁTICA CORBATA

Ni banal, ni frivola, ni balacH. esta prenda masculinizante, de abolengo multar, |a corbata, debe

chequearse, en su uso o desuso, cada temporada; pero no cual una imposición de Iq

versatilísima moda, sino como un eondeo psicológico y social de ios entes humanos y de ios

colectividades. Si hasta ei nuevo Presidente del Tribunal Supremo na declarado que (as leyes

han de atemperarse a la anchura de la convivencia democrática, también el corberterio o el

despechugamiento pectoral son sin. tomas reveladores de cuanto pasa en tos visceras

personales y en la superficie cabo) de España.

Este sismógrafo corbateril aunque nos descubre ios pasiones y ios caprichos humanos, es

válido, a modo de una espectografía ca-racterotógica y emocional muy sensible, para descubrir

los vaivenes de las profundidades nacionales, los terremotos dentro del alma de un país, que

produce ta auténtica seda, como Francia e Italia, y la tecnifica y estiliza cor-batescamente;

puesto que 4a enorme Rusia importa el género italiano de Como, Mitán, Florencia. Ná-poles y

Roma para sus mandama-ses soviéticos, ya atildados. A los inmensos Estados Unidos de

Norte América tes vienen corbatas como emigrantes, de cualquier fábrica o artesanía del globo

terree, tre y los confeccionistas españoles, a despecho de nuestra tradición sérica, con tantos

pueblos plantados antaño de moreras, traen la seda de la Península itálica y aquí Je imprimen

uno imprenta clásica o veleidosa.

El moralista Aranguren ha referido de qué manera uno dilecta amiga suya organizó un

Seminario sobre tas formas y modalidades del vestir, a donde acudieron varios jóvenes

barceloneses encor-batados, disculpándose, sin embargo, de que, antes o después de aquel

acto cultura*), iban a llegaban de otra parte ceremoniosa de ta ciudad, donde tal adminículo del

vestuario era exigible; pero, asimismo, pretendían ¡ u s ti ficar los casados júniores de su

reciente matrimonio. Es una postura casi ácrata, aunque ios liberatorios de otrora ostentaban

su magnífica chalina.

Al agitador anarcoide Krivine, hebreo filotroskista, se íe reprocha la Kravate», escrita con K

mayúscula y expuesto asi su nombre y sobrenombre: Krivine la Kravate, con un respeluzno de

cachondeo. Al presentarse lan Smith en ei Palacio de los Naciones de Ginebra, hizo una

redundancia de su defensa de Rodhesta, en donde he oído y visto las mas -j»mtore>s-cas

historias anecdóticas de corbatas, abrochándose ei primer botón de ta chaqueta y ajustándose

el nudo de la corbata rodhesiana, como si se tratara de un broquel.

Pero por el motivo de comparecer descorbatodo en la Fiesta Patronal de Suria, entre otros

objetares de ese significativo adorno, recomendado a ta asistencia pública por el Alcalde de la

localidad minera de Cataluña, intervino la Guardia Civil, ante tos insolen, tes comportamientos,

y de costó la vida o un emigrante ¡¡enríense de Segura de la Sierra, quien acababa de casarse

y había arribado con su familia en pos de) bienestar y del estatus, que presupone la corbata, y

que hasta los inspectores fiscales- podían valorada en medio de los signos externos de su

cómputo tributarlo.

Se ha combatido con mala fe a ta extempórea corbata por algunos y algunos que Ja gastaban

y la han abandonado. Se le atañía una señal de 4o cióse burguesa dominante, cual un iazo

opresor de nuestra autonomía y rebeldía; pero 4a más sofisticada condenación provino, en una

atmósfera de orgasmos feminista, de su símbolo folocrótíco. de ese despótico pene

esquematizado o extendido encima del pecho dei varón. Pero no menos exológfcos en este

aspecto son los bigotes y las abundantes barbas viriles, o ei retomo obligatorio dei chaleco para

loe más «dandíes», o para los viejos profesores a la usanza dei señor Tierno Galvan.

La etiqueto de tos Cortes (te ta Monarquía ha servido de «test» y panorama de conjunto acerca

de ta compostura anímico de los componentes del Congreso y del Senado, reconociéndoles

una activo libertad en el atavío, páratela al cambiazo o ta ruptura de los costumbres y

ordenanzas jurídicos e ideológicas. Pues bien, solo ciertas extravagancias de la vestimenta,

propias y exhibicionistas del Poeta de la Calle, Alberti, o de Pilar Brabo, sin sujetador y metida

en unos vaqueros, ta mayoría del PC se ofreció a tas cámaras de Televisión y a tos

espectadores con sendas corbatas o tono con sus trojes, que no son temos, puesto que aún

tes falta el chateco.

Marcelino Camacho, el líder bolchevique de tas Comisiones Obreras y huésped del Sanatorio

«Los Nardos», donde alumbró ahora ta esposa granadina del ex cura Poco, ya no es eí

Marcelino de ios jerseys de cuello vuelto, que tantísimo se imitaron; sino que aparece como un

émulo en Jo vitola corbatesco del Presidente del Congreso y del Ministro del Trabajo, a quienes

aventajaba en ta elegancia de ta chaqueta y de la corbata. Este es «I síntoma de una presumo

trasmutación nacional, que, todavía, se paralizo ante las polas o jos tazos corbaterites. Soto el

coté del Apostolado Gitano, don Juan de Dios Ramírez Heredia. con sus camisas de una

monocrornío violenta y sus finos desplantee ceníes, pone uno noto de protesta, más que una

bomba, entre sus colegas cotegteta-dores de ta Asamblea pariamen-torio.

Juan APARICIO

 

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