Autor: Martínez de Campos, Carlos. 
   Izquierdas y derechas     
 
 ABC.    16/02/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

IZQUIERDAS Y DERECHAS

ES difícil desplazarse sin tener un par de "sustentáculos". Y este plural empleo, casi olvidándome de pies o extremidades, de flancos y costados, de alas y de lados, o de izquierdas y derechas.

Lo que se mueve tiene, cuando menos, dos apoyos, sin los cuales su eje, casi siempre vertical o paralelo a nuestra tierra, andaría inclinándose desorbitadamente en muy diversas direcciones; y a lo que varía, otro tanto le sucede. Mas, entre las cosas que se mueven o varían, no sólo están los seres, los carruajes, los aviones y los barcos, simólos principios admitidos por las colectividades que ya empiezan a encontrarse algo apretadas en el mundo.

Para empezar, el hombre se gobierna; y, en tanto que puede, también gobierna a los diversos seres o instrumentos que no quieren o no pueden rebelarse contra él. Dirige su caballo hasta el instante en que "se bota"; su convoy, hasta que descarrila; su avión, hasta el lugar en que derrapa, y su barco hasta el momento en que naufraga. Son criaturas o creaciones cuyo instinto o cuya condición es simplemente obedecer. Son seres o instrumentos cuyas alas o costados equilibran. Son animales o artefactos conducibles por una fuerza externa, en un solo sentido. Mas, si bien conduce y sabe lo que quiere, el hombre antes citado—la humanidad quiero decir—se opone en lo posible a todo mando impuesto desde fuera. De "andar" entiende ese conjunto humano y dueño de la tierra; pero se mueve indolentemente. No sabe a dónde dirigirse, ni de qué modo gobernarse. Camina, porque el hambre lo arrastra, lo empuja o lo conduce; una hambre que se reduce a tratar de disipar sus apetitos, a fin de hallar otros más fuertes y menos necesarios en cuanto los primeros y más elementales—los de la vida—se hallen saciados. Pero esta hambre de obstinarse en existir gozosamente, implica un algo derivado de la política, que por extremos tiene dos principios, dos procedimientos o dos cuernos apartados, cual los de la luna o de una antigua flota de galeras, que se titulan, inadecuadamente, izquierdas y derechas.

"Izquierdas" y "derechas". Vayan por delante las primeras, ya que por gusto soy de las segundas. Tal es sin duda la realidad, aunque a estas alturas yo no sepa definir correctamente aquellas dos agrupaciones.

Desde que funciona mi "razón", estoy a vueltas con este asunto. Los contrasentidos que descubro, desde mi observatorio apolítico, me hacen cavilar más de la cuenta. Cuando alguna vez, intruso, asistía, en otros tiempos, a un almuerzo o a una sencilla conferencia entre conservadores y liberales, hace medio siglo representaban a gentes de derechas y de izquierdas, uedábame pensando en el motivo de

esa enorme diferencia entre unos hombres que vestían de igual modo, y al parecer tenían los mismos intereses. Sagasta, que antes fue republicano, llegó a simpatizar intensamente con Doña María Cristina, reina austera y muy católica, en tanto que Maura, algo más tarde, se desesperaba injustamente con su Rey.

Contrasentidos fueron los citados, que del momento dependían. La evolución de los principios suele estar en desacuerdo con las exigencias de cada día. El tiempo y el espacio, que sumados son la vida, están a la greña casi siempre. Sus encontronazos son violentos; y, no pudiendo repelerse por falta de masa o por su escasa consistencia, se entremezclan y confunden como los gases. Pero los principios, las ideas..., que en materia de gobierno están eternamente en pugna, tienden ahora, desde sus posiciones alejadas, si no a una paz inconsistente, al menos a adoptar la misma meta.

"No aspiréis a las grandezas; dejaos atraer por el humilde", decía San Pablo a los romanos. Lo decía en un tiempo en que lo colectivo se resolvía a fuerza de actos individuales. Pero, aunque en nuestros días procuramos generalizar, a fin de nivelarnos con la ingente masa de hombres que hay en nuestra tierra,..; aunque acudamos a racimos en vez de hacerlo en simples unidades..., ocurre que el consejo que el Santo Apóstol daba a sus romanos, sigue aplicable en toda su extensión y en su detalle. Sigue siendo necesario; pero hay que pluralizar. Puntualizo, si posible. Los que aspiran a "grandeza", son ya media humanidad.

La masa borra antiguas diferencias. El obrero usa corbata, y el ricacho se la quita. Una promesa oculta es suficiente para que un país entero se alce sin respeto ni humildad. Un pirata exige un derrotero no previsto, a despecho de una masa gobernante; y Panamá se atreve ´a. discutir con Norteamérica, a pesar de su pobreza y de su escasa potencia.

Pero, al propio tiempo, algo varía. Las izquierdas hoy tienen la fuerza. Los principios las ayudan; y. el principio—léase la "promesa" — inspira más respeto que el dinero. En la lucha comenzada entre izquierdas y derechas, la ideología prepondera; y ocurre, en el transcurso de esa lucha (vieja ya de un siglo), que los términos se invierten. Los poderosos han dejado de serlo, porque su dinero pasa a las colectividades; y, de resultas, los pobres de espíritu han renunciado a sentirse humildes. Las derechas de hoy, rescoldo de aquellos poderosos, se ocupan sólo de situar en calma lo que les queda; en tanto que las izquierdas, reforzadas con auxilio de su organización política, disponen de una fuerza que en viejos siglos era exclusiva de "soberanos". Mientras que el socialismo, el comunismo, el anarquismo..., se preocupan en teoría de elevar el nivel de vida, sucede que los conservadores, por cristianismo, por sentido humanitario y quizás alguno por simple miedo a la tortura que amenaza, lo van logrando más de prisa y hasta más eficazmente. Para izquierdas y derechas hay ya una misma meta: el bienestar social. Varia tan sólo el método adoptado por los unos y los otros. Hacerlo con sosiego, "despacio y bien", según la fórmula didáctica; o hacerlo de prisa y atropelladamente. "Coexistencia", como medio de moverse hacia una igualdad suprema; o "aniquilación" de lo que estorba a fin de que la masa se arrellane a mucha altura.

"Aplicación de los consejos de San Pablo, a "izquierdas" y a ´"derechas"; o negación total por las izquierdas de los principios que ellas han preconizado. Un desequilibrio casi total. Comparaciones algo nocivas. Mas la cuestión es conseguir el objetivo ; y, para ello, izquierdas y derechas siguen caminos peculiares. Hasta ahora, las derechas han mandado; y tales son porque después de todo la "derecha" es la mano que sabe escribir y que golpea. Con ella, se dirige. Parecen, pues, ser de "derechas" las nuevas masas que ahora surgen; y que a los conservadores, que evolucionan ahora, les corresponde ser "la izquierda". Más aún: ya no hay conservadores. Los países que nacen y los que más intensamente evolucionan tienen partidos "democráticos" tan sólo: democrático-sociales, democrático-cristianos o de monarquía democrática. Nombres distintos; mas cuyo sentido encubre la forma adoptada para luchar contra los restos del conservadurismo. Se arrasa todo, o se toleran las cenizas. Las metralletas han cambiado de mano. Los antiguos "grandes señores" disfrutaban de sus prerrogativas a cambio de unos deberes que a veces eran muy penosos. Pero, en nuestros días, los que tienden a ocupar su rango se limitan con frecuencia al mero goce del poder. Ellos integran el mayor peligro para la clase que deseamos ver subir.

Carlos MARTÍNEZ DE CAMPOS

De la Real Academia Española

 

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