Autor: García Serrano, Rafael. 
   Dietario personal     
 
 El Alcázar.    07/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Por Rafael GARCÍA SERRANO

MIÉRCOLES, 6 DE JULIO

EL CULTO A LA PERSONALIDAD NO CADUCA.

— A mí no me ha preocupado nunca el culto a la personalidad y sus derivaciones políticas. Pienso que el

hombre gusta del culto a la personalidad, tanto si lo recibe como si lo rinde, tanto si el cultivado se lo

merece como si no —en este caso, supongo, debe dar más gustirrínín—lo mismo si el que lo presta lo

hace por convencimiento racional o sentimental o solamente por pasar con el vale de caja a retirar una

cantidad o bien por preparar el terreno para una mamandurria mediante la lisonja. Desdeñar desde el

poder el culto a la personalidad es desconocer uno de ¡os resortes de propaganda más útiles. Tan eficaz

resulta a estos efectos la sonrisa de Roosewelt, como la fachenda —tan italiana—de Mussolini o el

discreto retiro y la proverbial tacañería de Solazar. Por eso yo no me escandalizo con el culto a Suárez,

que nos lo ha convertido en un genio de la política, en un prodigioso intuitivo, en el hombre del destino,

en el muchacho simpático y oscuro que en un momento de ¡a historia de su pueblo aparece como la

estrella de los Reyes Magos para indicarnos el nuevo belén ¿e España. (Es indudable que la palabra belén

tiene dos sentidos completamente diferentes). El culto a Suárez reposa en el constante mesianismo

español. Entre la prensa que leo, la tele que atiendo y no digo nada de la radio porque no le tengo afición,

me entero de que a Adolfo Suárez, sus ministros, sus panegirítas de los medios de información que son

casi todos, y alrededores le cantan motetes a cada instante, encendidos y breves, como son los motetes, y

si no han llegado al "Ya se acerca. Señor, o ya es llegada la edad gloriosa en que promete el cielo un

Pastor y una Grey sólo en el suelo por suerte a vuestros tiempos reservada", es porque lo imperial no está

de moda más que como tema de humor y porque en realidad después de sus tratos con los vascos y con

Tarradellas, se ve que la unidad también ha quedado para el desván.

Todo esto es lógico, porque el culto a la personalidad lo mismo se da en Pablo VI que en Stalin, en Idi

Amin que en el cursi de Ciscará, si bien este último todavía no se ha decidido a practicar la antropofagia

en sus desayunos populares.

La simpatía personal de Adolfo Suárez —de lo que puedo dar fe desde sus tiempos de falangista— y su

vida difícil y Jovial, brotando de la oscuridad como Venus de las aguas, sólo que uniformado de azul

ejecutivo, es el tema de unos reportajes francamente buenos que firma Pilar Urbano. El tratamiento

"Amadís" se aplica con inteligencia a la figura de Adolfo Suárez por la pluma de ésta excelente colega.

Ahí se olfatea un futuro "best-seller", sobre todo si se nos descubre la identidad de Urganda la

Desconocida y conocemos algo más las batallas del caballero contra sus enemigos, los monstruos y

gigantes que derrotó, y otras zarandajas por el estilo.

Lo malo de esta historia es que las victorias de Amadís han consistido en destruirlo todo. Y a ver quien es

capaz de imaginar a Amadís en trabajos de cimentación y albañilería, sobre todo si se renueva la huelga

en el sector. Lo que no trago de la leyenda áurea de Suárez es que Franco ¡e encomendase: "¡Por Dios y

por la Virgen! Adolfo, instaura la democracia" y además inorgánica y además con Leizaola y Tarradellas,

y además con la renuncia total a la victoria.

 

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