Autor: Muntañola, Antonio. 
   Barcelona y su carta     
 
 ABC.    05/01/1964.  Página: 81. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

BARCELONA Y SU CARTA

Ante el renovado interés que la cuestión del régimen municipal especial de Barcelona, a los dos años de su vigencia, despierta entre los comentaristas, ante la próxima perspectiva de revisión, hemos pedido ai letrado barcelonés don Antonio Muntañola, destacado especialista en Derecho administrativo, una orientación sobre lo que, a su jucio, debería ser la modificación a aplicar eventualmente a aquel texto legal. He aquí el artículo del señor Muntañola:

Los problemas del crecimiento urbano y el desarrollo de las grandes ciudades han venido evidenciando lo insuficiente de un régimen uniforme para la Administración local, Que comprendiese tanto a la modesta agrupación municipal como a los grandes núcleos urbanos. La. necesidad de crear regímenes ´debidamente adecuados a la especialidad de esos problemas ciudadanos se imponía, y ya Calvo Sotelo previo en el Estatuto municipal de 1924 la posibilidad de acogerse a un régimen de Carta aquellas ciudades cuya situación requiriera librarse del uniformismo y adaptarse a la realidad, ya que en esencia este régimen es la adaptación de la ley municipal a las características propias de la ciudad, es decir, a sus peculiaridades sociológicas, económicas y aun políticas.

Hasta ahora, en nuestro país han sido otorgados dos regímenes de Carta: el de Madrid y el de Barcelona; pues bien, a pesar de la evidente diferencia entre ambas ciudades y la disimilitud de su naturaleza y problemas, sus normas reguladoras son sensiblemente análogas, con lo que se evidencia su inadecuación a una y otra ciudad.

Atendiéndonos a la Carta de Barcelona, a mi juicio, su problema básico es el fiscal, que estimo debe ser revisado, porque inicialmente contaba con un sistema de arbitrios sobre el consumo, que hoy ha sido ya sustituido por las cuotas de licencia fiscal y de territorial urbana; son estas contribuciones directas, .faltas de flexibilidad, regresivas y arcaicas. El sistema que ahora se implanta, si bien tiene precedentes en otros países, actualmente es objeto de dura crítica por su ineficacia para subvenir a las necesidades locales, pues siempre se llega a la conclusión de que para nivelar el presupuesto hay que recurrir a las subvenciones o empréstitos. La imposición suprimida, por recaer sobre el consumo, se adaptaba mejor a la evolución económica del núcleo urbano y, por tanto, ofrecía al Ayuntamiento medios no sólo para subvenir a sus necesidades, sino también para prevenir el futuro.

Este criterio parece haberse tenido en cuenta en la Carta de Madrid, puesto que se le ha otorgado un arbitrio sobre servicies y adquisiciones, o de usos y consumos. Sin embargo, no parece que haya de ser esté el criterio normativo, pues la nueva ley de Reforma Tributaria, es absorbente para el Estado de los gravámenes sobre el consumo, y en el caso de mantenerse tal criterio al revisarse el sistema fiscal de Barcelona, éste sería, como digo, rígido, arcaico y regresivo, quedando el Ayuntamiento reducido a ser el rector de las funciones de policía y servicios públicos, y sin intervención posible en las cuestiones vitales económicas de la ciudad, como lo exige una concepción moderna de ella y de su función social, de mayor amplitud y complejidad que la decimonónica regiduría local. En definitiva, lo que afirmo no es sino lo que la vigente ley de Régimen Local sostiene: que corresponde a los Ayuntamiento el gobierno y administración de los intereses públicos, peculiares del Municipio, y, por tanto, han de intervenir en la configuración del orden social en constante evolución. Por eso resulta contradictorio el que la realidad que viene imponiéndose sea el convertir a- los Ayuntamientos en vez de corporaciones públicas, en meros Organismos autónomos de la Admistración Central; así parece inferirse del proyecto de ley de Reforma Tributaria y del Flan de Desarrollo Económico.

La tecnocracia económica estima, sin duda, indispensable para su misión el absoluto control de los ingresos; sin negar el que ello sea conveniente, hay más de una solución para tales problemas y tampoco puede desconocerse la existencia del de la Gran Ciudad —hoy universalizado—, al que no hay que minimizar ni menos soslayar. Por ello, abogo por que al revisarse la Carta de Barcelona, sin prejuicios tecni-cráticos, se le otorgue un régimen fiscal flexible y amplio que, respetando la capacidad tributaria, permita la autonomía de su Ayuntamiento y el acelerar el desarrollo de la ciudad en todas sus posibilidades.

La ley de Régimen especial para Barcelona, en su disposición final, prescribe la revisión de la misma a los dos años de su vigenucia. Esto motiva que en Barcelona se empiece a hablar de esa eventualidad, y que técnicos municipales y especialistas analicen ya el resultado de sus normas y determinen aquellas que deben adaptarse mejor a Ja realidad, a las necesidades y circunstancias reales de la urbe. — Antonio MUNTAÑOLA.

 

< Volver