Autor: Calvo-Sotelo, Joaquín. 
   Carta abierta a Mr. Lodge, mi amigo     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 17. 

ABC

CARTA ABIERTA á MR. LODGE. MI AMIGO

QUERIDO embajador: Yo sé que usted no es el destinatario natural de esta carta. Con lo difundida que anda por su país la costumbre de escribir al editor, sé bien que es al de la revista "Look" a quien yo debería dirigirme para exponerle mis agravios. Pero varias causas justifican que las presentes lineas cambien de itinerario y vayan, a través de A B C, a la mesa de su despacho, en el que, para fortuna nuestra, con tanta simpatía, con tanta cordialidad se asoma usted siempre a las cosas españolas. La primera razón es naturalmente, la distancia. ¡ Me queda tan lejos el editor del "Look!... ¡Y está usted tan cerca! A diario paso por su Embajada, cuya arquitectura, peregrina para lo que se estila en nuestras latitudes, ha censurado Usted bienhumoradamente en más de una ocasión, y cuya silueta—a mí no me duelen prendas—ennoblecía las últimas Navidades la bellísima cruz monumental de sus despachos encendidos. Son miles de kilómetros los que me separan de Nueva York, sólo unos pasos de usted. La diferencia pesa tanto...

Por si fuera poco, al editor de "Look" no le he visto en mi vida, ni sé su nombre, ni cómo es: su figura es impersonal, abstracta, deshuntanizada... y la de usted, no. La vida madrileña me depara, gracias a Dios, con cierta frecuencia, la oportunidad de estrechar su mano y de que conversemos. Aún hay más: al editor de "Look", mi carta le llegaría con retraso, porque cuanto deseo decirle tiene su origen en un artículo aparecido en el número del 6 de eneró y ya puede considerarse prescrito mi derecho a replicarle, En cambio, ´usted admitirá bondadosamente que aún está dentro de plazo, porque sabe que "Look" no se vocea aquí con" la misma graciosa anticipación que cierta revista muy nuestra en la estación de Villalba:—"El Blanco y Negro" de mañana, que ha salido hoy"...—Eso aparte, a mí me interesa más dolerme con usted, de lo que estoy seguro que a usted también le irrita, que protestar ante el editor de "Look" y, subsidiariamente, ante sus lectores, del desmán de que me quejo.

Y que es éste, querido embajador: Cierto articulista, en un´ trabajo consagrado al vilipendio del régimen nacista, suelta así, como de paso, esta monstruosa andanada. (Ha hablado de Hitler con el encono que le merece su recuerdo.) Y añade: "Compared with him Genghis Khan, the Spanish conquistadors, the medieval Turks were benign explorers"... Se sirve de un inglés tan claro, que a cualquier aprendiz de su lengua se le alcanza lo que el párrafo que cito significa. Cómo sería de siniestra, de demoníaca, la acción de España en América, equiparable a la de Genghis Khan y a la de los turcos medievales, que sólo el infrahumano Hitler ha podido superar con su brutalidad la nuestra.

Estoy seguro de que aún no siendo usted español, salvo de corazón, en el que yo creo que se le ha filtrado una sutil y dulce veta hispanófila, se habrá llevado las manos a la cabeza al leer tamaño dislate y bien puede imaginarse a mí. que lo soy por los cuatro costados, el efecto que me habrá producido to-

parme de manos a boca el insólito texto de "Look", justo en el trance de hojear sus páginas con cierta displicencia, mas, lo confieso ruborosamente, a la caza de ingeniosas caricaturas y hasta, si me guarda el secreto, de chicas guapas, que de datos históricos.

Nosotros, querido embajador, estamos muy habituados a ese tipo de ataques. El libro, el admirable libro que Julián Juderías ´publicó hace ya muchos años sobre "La leyenda negra", sigue siendo de actualidad´ e invitándonos, con frecuencia, a refrescar sus capítulos. Ignoro quién es el John Hunt que certifica con su firma el disparaten que comentamos. Y me siento pesimista por él, aunque a lo mejor resulte un concienzudo profesor, doctorado en varias disciplinas y sabedor, oficialmente al menos, de importantes asignaturas. Yo creo que no, que no es nadie o casi nadie, y que, por tanto, no vale con seguridad la pena de que nos enfademos. Pero ha lanzado su injuria desde una tribuna que cuenta millones de lectores y eso es ya más preocupante.

De modo que los conquistadores españoles que´ transfundieron a los pueblos de América lengua, civilización, cultura, universidades, leyes, que vivificaron veinte naciones, sin mengua de los cruentos episodios inevitables en todo choque de razas dispares, ¿han de ser alineados a la altura de Genghis Khan, y de los turcos del medioevo, a los que precisamente Juan de: Austria puso límites y barreras infranqueables sobre´ las móviles aguas de Lepanto?

Cierto, que Adolfo Hitler ha cometido los genocidios más espantosos de que se tiene memoria. (Yo visité hace pocos meses en Varsovia el solar del "ghetto", del que desapareció, sin dejar rastro, el medio millón de judíos que lo habitaba.) Pero, ¿es que los españoles hicieron algo parecido y hay que recordarles forzosamente como si hubieran desbrozado el camino a los dirigentes del tercer Reich?

Si nuestro propósito fue el de aniquilar las razas aborígenes, ¡qué fracaso el nuestro ! Aymarás y quechuas del Perú, chibchas colombianos, araucanos de Chile, tupis de Paraguay, caribes de las Antillas, tehuelches de Patagonia, aztecas mejicanos y otras muchas razas más, supérstites hoy, pese a nuestra barbarie presunta demuestran que la invasión española no fue tan mortífera como para servir de referencia a la hitleriana. ¿No le parece a usted, embajador ?

Claro que el caso de "Look" no es único y mírese por donde, cuando yo comentaba el parrafito en cuestión con Manuel Aznar, éste me citó un último libro de Mauriac, en el que el insigne escritor y caracterizado hispanófobo se asombra de que el mundo no mantenga de forma ininterrumpida un estado militante de cólera contra España por su actuación histórica. Corifeos existen de tal doctrina y partícipe de ella era, sin duda, el ministro de Bélgica en Chile el año 1955, que, al hilo de una conferencia sobré Rubens, aludió a "l´atroce brutalité Ce la domination espagnole"—él se refería a los Países Bajos—, no sin mis irritadas y ulteriores reclamaciones.

En fin, si le cuento estas cosas, querido embajador, es no por movilizarle a usted para nada concreto, sino, lisa y llanamente, para desahogarme.

Mi carta tiene el mismo significado que si yo le cogiese amistosamente del brazo, le llevase a un rincón del "cocktail" de turno y le dijese sobre poco más o menos: "¿Ha visto usted lo de John Hunt? ¡Qué tipo!...

Es, palabra, un tipo molesto el tal John Hunt... Un tipo de esos que sola sirven para poner chinitas en el camino de los hombres de bien, para envenenar las relaciones entre los países amigos. para que sus compatriotas se formen una desmesurada idea del pasado de España y analicen su presente a través de mil absurdos prejuicios, en suma, para que los enemigos comunes se apunten sus bazas a. costa de nuestras disensiones, más que de su firmeza,.. Lamentable, ¿no?

Usted me dirá: —¿Y qué quiere usted que le haga?... —Nada, desde luego, querido embajador. Lo terrible es que usted —y ya se imaginará que yo, menos aún— podernos hacer muy poco.

Pero tal vez lo único que esté a nuestro alcance sea el no dejar que la calumnia y la mendacidad ganen día a día su pequeñita trinchera sin oponer nuestro voto en contra, sin salir al encuentro de quienes tienen, como armas habituales, la injuria o la mentira, de quienes se mueven por móviles de sectarismo o de resentimiento, sin protestar, vaya.

No, a los conquistadores españoles —concluyamos—no les hace falta el advenimiento.de un Hitler para que—¡oh. generosidad!—se les indulte. Detrás de ellos está y da fe de su magna empresa. —no el vacío, como el que dejó Genghis Kahn—, sino todo un mundo, inmenso y vario, nacido de su esfuerzo, cuya medida escapa un poco a las valoraciones normales.

Bueno ´fuera que su obra tuviese que sufrir el justiprecio de los indoctos o de los viles... Hasta ahí podían llegar las bromas. Disto mucho de temer que aquella heroica gesta, sin parigual a la hora en que vivirnos, se malinterprete por la irresponsabilidad de algunos comentaristas desalmados Pero, que tipo, ¿verdad, embajador?, ese John Hunt.

Muy cordialmente suyo, le saluda Joaquín CALVO-SOTELO de la Real Academia Española.

 

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