Autor: García Serrano, Rafael. 
   Das Turberlebniss     
 
 El Alcázar.    13/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

DAS TURMERLEBNISS MIÉRCOLES, 12 DE OCTUBRE.

Debo a Funck-Brentano, cuya primera edición castellana de "Lutero" llegó a mis manos en la

primavera de 1941, el poder citar hoy "el suceso de la torre", o sea Das Turmerlebniss. Lo

escribo en alemán porque da mucho tono cultural y hace el pie pequeño. Muchos de nuestros

intelectuales adoban su prosa con chas, que no traducen, inglesas, alemanas, francesas,

griegas o latinas. Lo conveniente en estos casos es hacerse traducir las citas por algún amigo,

porque son lo único interesante de semejantes libros. Lo que va en castellano no dice nunca

nada. Asi se han conseguido famas de filósofos, sillones académicos, laureles y rentas.

El suceso de la torre, o sea, para aclarar, Das Turmeríebniss, acaeció en el convento de

Wittenberg. Se hallaba Lutero "muy vulgarmente ocupado en un lugar —anota Brentano— que

el llama la cloaca, al que nosotros designamos generalmente, en nuestros dtes, con dos letras,

iniciales de dos palabras inglesas. En esta cloaca de monjes medievales la suciedad y el mal

olor debían ser lo que puede imaginarse. O, quizá, lo que no puede imaginarse".

Años después comprobaría yo, allá por los cincuenta, lo que imgainaba o no imaginaba Funde

Brentano, gracias a mi casual y breve permanencia en un celebre monasterio español, tan

inolvidable por su historia como por sus excusados. Pero a mí no se me ocurrió nada en aquel

penoso trance y a Lutero, en incómoda postura y acaso acrobática tarea, le vino a las mientes

nada menos que la teoría de la justificación, lo cual me pennrüó escribir que "la Reforma

nació un día en que Lutero cagaba" y a un venerable arzobispo meterme un tubo, entre otras

cosas por esa frase, que no alcanzo a comprender cómo pudo molestarle si ni siquiera se

pensaba entonces en la posibilidad de un Concilio tan proluterano como el que niego nos ha

tocado conocer de la santa mano de Juan XXIII y de la mano liberal del Pontífice felizmente

remante. Todavía se cantaba en nuestras iglesias: "Ruja el Infierno, brame Satán / la fe de

España no morirá", en lugar de salmos nordistas tratados por el pasapurés literario.

No niego que tan necesario y a veces incómodo lugar pueda ser cuna de excelentes ideas,

bien propias o bien originadas por la lectura de diarios, revistas o libros. Y no solamente no lo

niego, sino que me gustaría averiguar en qué retrete, 100, excusado, water, leu nía, común,

jardín, servicio, lavabo, garita, casilla o diablos coronados, se le ocurrió a quien fuese o a

quienes puedan ser, el planteamiento de la política española a partir de la instauración de la

Monarquía. Porque nadie podrá negar, a juzgar por los resultados, que dicha política huele a

cloaca de Whtenberg y al excusado del monasterio español cuyo nombre no revelaré por

discreción y por no dar pistas para una posible reunión del Gobierno y los jefes de los partidos,

incluidos los no representados en Cortes, que creo que son quinientos y pico, o sea algo más

de cinco cienes.

Rafael GARCÍA SERRANO

 

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