Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Víctimas de la democracia     
 
 El Alcázar.    13/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CRÓNICA DE ESPAÑA VICTIMAS DE LA DEMOCRACIA

EL 12 de octubre de 1977 ha sido un día triste y lacerado. Luto en U» banderas de la Guardia

Civil. Y luto también en la vieja tabla de los valores de la conciencia de nuestro pueblo, que un

argentino quiso simbolizar en el "día de la Raza". La raza para los hispánicos no es pureza de

sangre, sino aquel conjunto Inalterable de valores desde los que una comunidad de hombres

se adentra en la Historia con vocación creadora. Hemos de reconocer, a la luz de los hechos,

que la virtualidad histórica de esa conciencia está hoy al otro lado del Atlántico. Sobre el umbral

de los cuarteles españoles (los tres Ejército» y las Fuerzas de Orden Público) hay un lema

exigente, que anuncia la existencia de un último reducto de aquella conciencia: ´Todo por la

Patria". Por contra, los españoles venideros acaso hayan de inscribir, sobre el umbral de la

sede de las decisiones políticas este otro rótulo conmemorativo: "Aquí estuvo a punto de morir

España".

Salvo los aduladores oficiales, no creo que ningún compatriota con seria honestidad me echará

en cara esta pesimista embocadura de la crónica. Cuando don Antonio Garrigues vuelca su

profunda decepción en la tercera página de "ABC" y reedita el tristemente famoso "|No es

estol" de Ortega, muy mal deben andar las cosas. Garrigues ya vivió el entusiasmo y la

frustración de la II República. Anunciar con pulcra compostura su actual decepción, de la que

sólo salva a la Monarquía, configura un tremendo suspenso para el señor Suárez y los

pactistás de la Moncloa.

Después de la medida acusación de Garrigues, el severo articulo de Fraga, en la misma página

de ABC", parece necesitado de algún retoque. Clama Fraga, sobre la sangre amiga de Augusto

Unceta Barrenechea: "Hay que decir basta... De no hacerlo peligran la seguridad del Estado y

la mtoma unidad nacional", tiene razón Fraga, cuyos pronunciamientos se producen desde una

dimensión inexistente en el actual Gobierno y también en el socialismo; la conciencia de

Estado. Pero el trágico vacío creado por el señor Suárez y sus adláteres es tan grande que los

signos de la degradación política se apelotonan día tres día. Hoy, 12 de octubre de 1.977, no

es suficiente con decir basta. Hay que decir algo más esencial y resolutivo. Cuando ya se ha

producido la voladura política del Estado de Derecho, resultan anacrónicas las palabras de la

normalidad. Pues lo cierto es que a la angustiada pregunta que se hace Fraga hacia el final del

articulo, hemos de responder con profunda amargura: "No sólo la sociedad vasca, sino la

entera sociedad española ha quedado ya reducida a ios peores tiempos de las luchas civiles

del siglo XV y del siglo XIX". Si se acude a la Moncloa, hay que ir al encuentro plenamente

convencidos de que la realidad a afrontar es ésa. Ninguna otra.

Desde esa triste certidumbre contemplo y condeno ei burlesco editorial del órgano del

Gobierno, colocado bajo el perfil de un miembro de la Benemérita. "Guardianes de la

democracia", llama el periódico a los hombres de la Guardia Civil. ¿De qué democracia? El

periódico dice que de la actual democracia. ¿Pero puede llamarse democracia a este engendro

prerrevolucionario? Si el editorialista cree con honestidad intelectual que es una democracia la

actual realidad en que estamos inmersos, habremos de aleccionarle sobre una consecuencia

argumenta!, sintetizable en este otro título, más ajustado a verdad: "Victimas de la democracia"

¿O es que el editorialista de "Arriba" no lee los periódicos y no anota los miembros de las

Fuerzas de Orden Público muertos por aquellos con quienes negocian los representantes del

Gobierno?

También leo en "El País" que "es el propio ministro del Interior quien supervisa directamente las

investigaciones" para descubrir a todos los implicados en el atentado contra la sede de "El

Papus". ¿Paro y las pesquisas pare descubrir a todos los implicados en los asesinatos de

miembros de las Fuerzas de Orden Público, de servidores civiles del Estado y de simples

ciudadanos no marxistes? ¿No es singular que de un tiempo a esta parte, apenas si se

descubran otros terroristas que los autores de atentados contra los bastiones de la izquierda?

¿No es sorprendente que cuando los políticos se ven sorprendidos por el hallazgo y detención

de terroristas de izquierdas lluevan las amnistías? ¿No es significativo que la amnistía más

reciente sea total para los más conspicuos asesinos y bajo una fórmula hiperbólica,

degradatoria del concepto esencial de la Justicia, que nunca juzga intenciones, excluya a los

criminales presuntamente de derechas? ¿No es expresivo que,pese a la befa sangrienta de la

política amnistiadora realizada por ETA, se persista en el intento de institucionalizar le

impunidad roja? ¿No resurta esclarecedor que soto se llegue al pacto de la Moncloa cuando la

complaciente impotencia del Gobierno ha puesto en claro de dónde nace el verdadero peligro

para la democracia?

No creo en el optimismo de "Ya" que supone el cese del ministro del Interior. Cuando se

publicó la carta de Augusto Unceta Barrenechea, al ministro, becquerianamente abofeteado por

el muerto, apenas si le quedaba una de estas dos soluciones clásicas: pegarse un tiro o

exiliarse. Esto, al menos, es lo que hicieron normalmente los ministros del Interior de todo el

mundo democrático en situaciones semejantes. Pero ni el ministro de Interior se va ni el

Presidente del Gobierno le cesa, acaso por temor a caer también. No debe desconocerse, en

efecto, que la lucha solapada por las sustituciones está viva. A los señores Gutiérrez y

Fernández no les disgustarla el sillón de la Moncloa. pues creen tener las soluciones

democráticas auténticas. Tampoco al señor Osorio le desagradaría la presidencia; e incluso

una vicepresi-dencia, aunque fuera de Defensa. Ni al señor Suárez le importaría cambiar al

señor Gutiérrez por algún otro de su talante o al señor Fernández por "un mejor ministro de

Hacienda". Pero el ministro del Interior es el instrumento insustituible para el éxito del pacto

bilateral de la Moncloa.

Y no le demos vueltas: tiene razón Ricardo de la Cierva cuando dice que "nunca ha sido más

improbable un golpe militar". Apenas si hay nadie que lo suponga, fuere de Santiago Carrillo. Sí

podemos dar por cierta, sin embargo, la pronta legalización de la masonería por parte del

ministerio del Interior, según supone en Estrasburgo su gran maestre circunstancial. ¿Cómo no

legalizar lo que nos ha hundido en la Ignominia y la ruina? ¿Cómo no legalizar la otra gran

fuerza triunfadora?

Ismael MEDINA

 

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