Autor: Jato, David. 
   Pacto contra los trabajadores     
 
 El Alcázar.    04/11/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

PACTO CONTRA LOS TRABAJADORES

Un socialista, Raventós, justificó, en pleno Congreso, el Pacto del que muy pronto maldecirán todos los

españoles, con una frase lapidaria y tremendista: «O los demócratas acabamos con la crisis o la crisis

acaba con la democracia». Demostrando que apenas tiene otra cosa de revolucionario que el

sincorbatismo, Felipe González, a quien el pueblo, certeramente, le puso como apodo el nombre de una

actriz procedente de los países del este, que ante su carencia de inteligencia se decidió a convencer con la

exhibición generosa de sus formas físicas, declara que, en el Pacto, ellos habían puesto lo fundamental.

En su última intervención en T.V.E. haciendo honor al mote, fue asesorado por una directora de cine y

repitió varias tomas para aparecer con, lo que en el gremio se llama, «lado fotogénico».

Que el tal Pacto encierra una serie de ataduras y sacrificios que van desde la clase media a los obreros no

calificados como primeras víctimas, no pueden negarlo ni los sindicatos subordinados a la disciplina de

los partidos firmantes socialista y comunista. Vamos a examinar solamente y de forma somera al apartado

referido a la Seguridad Social. En él se plantea como una conquista del mundo del trabajo el acuerdo de

que el control y vigilancia de la gestión será efectuado por representaciones, en partes iguales, de

trabajadores, empresarios y de la Administración. Pudiera ser que tanto los componentes del centro

burgués como los que representan a los marxistas, ignoren de la cruz a la raya la realidad social. De no ser

así estarían mintiendo al pueblo trabajador que sabe que en el pasado «oprobioso» estaban en todos los

órganos de gobierno del Mutualismo Laboral en la proporción «obligada» de tres trabajadores por cada

empresario, y que estos órganos de gobierno no eran simbólicos, pues en ellos radicaba desde la

aprobación de las prestaciones hasta las operaciones financieras de inversión, pasando por los

presupuestos de gastos administrativos. Y esa auténtica democracia, sin precedentes, ni en comparación

con otros países suponía cerca de dos mil quinientas juntas, con más de 7.000 vocales, red y avanzado

social que los alevines capitalistas de la U.C.D., en colaboración con González y Carrillo, se han dado

prisa en desmontar y pulverizar para llegar al híbrido engaño que figura en el Pacto.

Cuando se llenan la boca con especiales aportaciones del Estado, callan que estaban previstas y

anunciadas hace cuatro años, cuando Franco vivía. Solamente en el desempleo estas cifras son mayores,

por una triste razón para los pactistas:

En el Régimen nacido el 18 de julio no figuró la necesidad de atenderá un paro superior al coyuntura!, en

empresas en crisis o industrias en transformación, pues el ritmo de capacidad creativa era suficiente para

ocupar a la inmensa mayoría de los obreros y universitarios. El gobierno y sus «pactantes» terminarán por

lograr como conquista social, otra vez, la sopa caliente a las puertas de los conventos. Hacen primero los

pobres y luego presumen de darles limosnas.

Con un desprecio por las necesidades y también mostrando que la ley y el Derecho son palabras sólo

útiles para adornar los discursos del ministro del ramo, se está empobreciendo a los cuatro millones de

pensionistas acostumbrados en el Régimen anterior a que sus remuneraciones subieran en el mes de

octubre, pese a que no existía la galopante inflacción actual. De pronto, como otra concesión de los

«pactantes», se posterga el incremento al 1 de enero. Este «logro» de los profesionales «católicos»,

aliados con socialistas y comunistas, supone sustraer a los pensionistas, tan recordados en el período

electoral, 2.000.000.000 de pesetas mensuales, suponiendo que el incremento fuera el mismo que en años

pasados, con la peseta valiendo un 30% más, a la hora de poder adquirir bienes de consumo. Por

añadidura, por orden verbal se anula un precepto, con categoría de Ley, que obligaba a considerar el

salario mínimo, como punto más bajo de la cotización, empobreciendo así las prestaciones próximas.

Siempre los programas de austeridad empiezan y terminan en los más necesitados.

Apenas vale la pena de insistir en lo incongruente y contradictorio de esta faceta del Pacto, basta decir

que, mientras el Ministerio de Sanidad y Seguridad Social crea 247 nuevos organismos, habla de

simplificación administrativa y suprime las mutualidades regionales sometiéndolas a esos nuevos 247

organismos madrileños, en nombre de la descentralización.

Todo ello da como resultado una gran estafa a los trabajadores, que afecta al presente y a su futuro, con el

respaldo de quienes se dicen sus defensores. La razón de que pueda ocurrir un hecho de tanta gravedad,

que atenta a la economía de los más débiles, está en algo que no ocurría en los años anteriores cuando, un

tercio de los procuradores eran sindicales sin intermediarios políticos, hecho que resumimos con palabras

de otro socialista, el señor Alonso, quien tristemente dijo en los pasados días en la Cámara Alta: «Soy uno

de los escasos obreros que hay aquí y esta es una de las pocas ocasiones en que voy a poder hablar».

Mientras el inconsistente Sr. González pretende hacer creer a su clientela, que al parecer comulga con

ruedas de molino, que la culpa del desastre actual viene de Franco. Carrillo, con irrefrenable tendencia al

vedetismo comete la Imprudencia de confesar; «Tenemos que conservar para los trabajadores todas las

ventajas adquiridas». Basta pensar y preguntarse, ¿cuándo adquirió el pueblo español esas ventajas? No

tardarán los españoles, unánimemente, en dar su conformidad a esa pintada puesta en el Metro de Retiro

por una central sindical que dice: ¡«No al Pacto. Es la traición de los partidos políticos»!

David JATO

 

< Volver