El eurocomunismo     
 
 El Alcázar.    28/10/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL EUROCOMUNISMO

En fin, ha aquí ese invento del «eurocomunismo». expuesto en venerando» y asépticos salones por su

propio personaje, presentado por un exdirector del Instituto Político, exministro y exembajador de la era

de Franco. No hay quien dé más como espectáculo, incluso en asta época en que todos los espectáculos

posibles e imposibles están dejando estupefacto al resignado pueblo español. Ni siquiera en la Italia fuera

de combate Berlinguer podría esperar ser presentado por Fanfani. Ni en la Francia de las delicias.

Marcháis osaría que el mismísimo Chirac le condujera de la mano al tálamo intelectual o

pseudointelectual.

Los antecedentes del particular «eurocomunismo» de Santiago Carrillo pueden encontrarlos quien quiera

no en un libro, —«el papel aguanta todo lo que se escribe en él», decía su maestro Lenin— sino en los

hechos dramáticos de un pasado que eventualmente podría reproducirse. Si se nos apura mucho, no

quedaba nada nuevo por descubrir en la conferencia de ayer, salvo el inmenso cinismo del protagonista y

la inconsciencia —dejando aparte al grupo de españoles que optaron por la dimisión del Círculo XXI—

de quienes han servido de escabel complaciente al lanzamiento de esa campaña de propaganda que

presentimos con un daro objetivo final: convertir a España en una República soviética más, con la

etiqueta facitona. La operación de captación de ingenuos, desmemoriados y entreguistas estaba en marcha

desde que en la denominada «cumbre comunista» de Madrid, en marzo de este año. Carrillo declaró que

«en el futuro aliados naturales (de tos comunistas) deben ser los socialistas y los cristianos avanzados».

Todo el pretendido «eurocomunismo» está ahí sintetizado, en esa simple, muy simple operación táctica da

daría un amable perfume de coexistencia al recuerdo de las checas y matanzas y vestir la piel de cordero.

Un gran montaje propagandístico. Una ptabra que fue lanzada por «II Giomate Nuovo». Lo dijo el

ttafiano Indro Montanelli, quien agregó: «El Eurocomunismo no es nada: No puede existir. Yo ya

he visto el «Eurocomunismo». Lo vi en Praga entre 1945 y 1948: el señor Gotwald decía las mismas,

idénticas cosas que dice el señor Berlinguer».

El recuerdo de los hechos de Praga está bien. Pero es menos afortunado el pensar que el «El

Eurocomunismo no es nada. No existe». No caeremos en el error de minimizar la trampa que tiende, y el

hecho mismo de que el ex director, ex ministro y ex embajador de la era de Franco participara anoche en

su lanzamiento propagandístico nos exime de otros testimonios. La palabra con que se encubre el

comunismo de siempre, —porque no hay más que un comunismo— resulta tan eficaz como resultó la

peluca con que se disfrazó Lenin para escapar a la detención en vísperas de la revolución de octubre de

1917, y como la peluca con que se disfrazó Carrillo en su reaparición en Madrid. Con esa palabra en boca

de los comunistas, con las acrobacias mentales de una sociedad a la que se ha vaciado políticamente en

una fabulosa ceremonia de la confusión y con la manipulación de la legalidad, todo será posible. Desde la

legalización del partido comunista hasta la insólita farsa de la conferencia de anoche. Aceptamos, para

abrir los comentarios que juzgamos indispensables para salir al paso de la táctica propagandística que está

intoxicando al pueblo español en medio de la indiferencia de unos y de las complacencias de otros, que el

«Eurocomunismo» no existe en el mismo sentido que lo dijo Gromyko hace un año: «En la URSS solo

conocemos y practicamos un solo comunismo: el marxismo científico de Engels y Marx». Y se admitirá

que Gromyko sabe acerca del comunismo, en la teoría y en la práctica, un poco más que los apresurados

botafumeiros de Carrillo. Tan concretamente lo sabe que en vez de dar de baja en el partido comunista a

Carrillo, como hubiera sido lógico, se le ha invitado a la conmemoración, dentro de unos días, en Moscú,

del aniversario del asalto al Palacio de Invierno y de la matanza de tos oficiales del Ejército que to

defendían y el ¡nieto del amplísimo censo de burgueses, campesinos, obreros, sacerdotes, militares,

intelectuales, asesinados. Esas invitaciones solo se expiden a tos privilegiados. Eso quiere decir algo.

Y no desplegamos esa historia sangrienta por pintar fantasmas en la pared. Aparte de que el comunismo

no puede comprenderse sin esa dimensión exterminadora de la persona cuando se resiste a ser aniquilada

moralmente. y no puede ser tampoco entendido sin su ateísmo militante, —aunque ahora guiñe el ojo a

tos que denomina «cristianos avanzados»— hay una afirmación de Carrillo que vale la pena recordar:

«No descartamos de ninguna manera la posibilidad de llegar al poder revolucionariamente si las clases

dominantes cierran los caminos democráticos y se produce una coyuntura en que esa vía sea posible». Esa

amenaza puede leerse en su libro. Se comprende que prefiriera silenciaria ante el escaparate de un buen

número de miembros de esa «clase dominante», a la que se chantagea previamente con esta alternativa: o

te rindes o hacemos la revolución en la calle. O te conviertes en el esclavo de una doctrina atea,

materialista y de «robot» o vas a parar a la fosa común.

Evolución, democracia, ¿De veras? Esas son palabras, que hay que repetir muchas veces, en todas las

ocasiones, para vender el producto llamado comunismo a los ingenuos o a los demasiado listos que

necesitan cubrir con algún pretexto su enganche, su cambio, su acomodación o su complicidad. Para

concluir por hoy señalemos esta definición del «Eurocomunismo» formulada por «El Campesino», cuya

antigua mílhtancia y hoja de servicios no le hace sospechoso: «¿El Eurocomunismo? Eso es un nuevo

cuento ideado por la Unión Soviética para cambiar de nombre, de táctica y de sistema, que sigue sometido

a un mismo predicamento». Un cuento. Pero un cuento siniestro que puede concluir mal para los

españoles.

 

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