Autor: Cossío Martínez de Fortún, Francisco de. 
   La influencia     
 
 ABC.    10/10/1959.  Página: 57. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA INFLUENCIA

Cuando se estrena un régimen político hay grandes propósitos de rectitud ,y austeridad. Se trata entonces de que nadie consiga nada por influencia y recomendación, sino por meritos. Tales propósitos, como todas los buenos propósitos que nos proponemos en la vida, suelen frustrarse, porque nuestra naturaleza humana es débil. Lo cierta es que este proyecto de no admitir recomendaciones empieza a practicarse rígidamente y, poco a poco, se va bastardeando. Pese a este fenómeno, es un hecho de carácter general el de que la mayor parte de las personas piensan que sin recomendación no se consigue nada en la vida.

Son muchos quienes alguna ves se dirigen a mi en, petición de que les recomiende a alguien que ocupa un puesta preeminente y que puede repartir puestos y sinecuras, o acelerar la resolución de algún-asunto. Sin duda, estas personas piensan, equivocadamente, que yo tengo influencia. Confieso que tal supuesto me proporciona cierta vanidad.

En lo intimo de mi conciencia pienso, si» embargo, que para mi mismo he tenido siempre timidez invencible para encomendarme al favor de los demás. Así, es que, en mi vida, y por mi propia experiencia, nunca he llegado verdaderamente a saber si soy o no soy influyente. Lo poco que he conseguido lo conseguí sin pedir favor a nadie, y únicamente he comprobado que, alguna ves que he pedido para mí algo que yo creía justo, quisa por estar yo equivocado, el que tentó, que otorgármelo era de distinta opinión, y fracasaba en mi intento. Esto me hace pensar que mi influencia debe de ser muy pequeña, si es que tengo alguna. Puede ocurrir también que yo carezca de la técnica necesario para intrigar y pedir.

Dejando el caso que se refiere´a mi posición Personal, debo decir que la influencia existe, y que yo admiro al hombre influyente. Muchos hasta se dan importancia de tener influenciar y estos sujetos nos ofrecen sus servicios con la satisfacción de quien tiene un talismán en la mano. "Eso déjemelo a mi de mi cuenta--suelen decir—. Este asunto lo arreglo yo en veinticuatro horas. Mañana, precisamente, almuerzo con Fulano, y, ademas, usted sabe la amistad que tengo con Zutano." A un hombre así le estimo con verdadera admiración. Lo que quiere decir que habiendo ciertos hombres que son influyentes, quienes carecemos de esta cualidad o no hemos probado ejercitarla, «os consideramos disminuidos.

Yo tuve, un amigo excesivamente servicial y de notoria influencia, que en una ocasión recomendó determinado ´pleito a un ministro, y como éste le dijese que aquello no podía hacerse, le replicó con la mayor convicción: "Ya sé yo que no puede hacerse y, precisamente, para eso lo recomiendo, para que se haga."

No es que yo no almuerce alguna ves quienes tratan de mover su influencia aprovechan la, hora del almuerzo para obtener el favor en esa hora de optimismo—con una persona importante y poderosa, mas nunca se me ha ocurrido en ese momento ´de euforia, gastronómica plantear un asunto que pueda hacerme prosperar. Lo mismo me ocurre; en una de esas reuniones en las que se sirva un vino español, sin perjuicio de que haya también whisky. De pie, con una copa en la mano, fosan por delante de mi altos dignatarios que también llevan sil copa correspondiente. A. veces, uno de estos hombres privilegiados me hace el honor de dirigirme la pálabrá, y aun de pedirme, por cortesía, una opinión. En estos casos no me parece el momento oportuno para solicitar un alto puesto ni de recomendarle a una pensionista para que cobre sus atrasos. Es posible, que esta conducta pese en la estimación de estos hombres; que en cada persona que se les acerca están acostumbrados a vez un pedigüeño, seguros de que no voy a importunarlos. En ocasiones, no tengo más remedio que escribir una -carta, bien de presentación, bien recomendando a MI amigo. Este se extraña de que en aquella esquela trate al hombre preeminente, a quien me dirijo, de tú. —¿Pero trata, usted a este señor de tu?—.--Sí--le contesto—, fue condiscípulo mío, estudiamos juntos la carrera, y llegó un momento en que él hizo mucha mejor carrera que yo. Pero no tenga usted demasiada confianza de que esta carta le sirva a usted de mucho.

Después, no llego a saber lo que ha pasado de aquello. Suelo recibir una contestación del gran hombre que, poco más o menos,"dice lo siguiente: "Recibí a tu recomendado, y haré en el asunto que te interesa cuanto me sea posible.´-Hace mucho ´que no nos vemos. Un abrazo."

Yo creo que es humano valerse de recomendaciones para conseguir algo, y aun admitir estas recomendaciones para obtener amigos, estableciendo una cadena de favores de ida y vuelta; lo grave es cuando pedimos una recomendación para que nos hagan justicia. Posiblemente éstas recomendaciones son las más infructuosas, pues cuando la justicia no se otorga espontáneamente, no se consigue nunca.—Francisco DE COSSIO.

 

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