Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   La calle se revuelve     
 
 El Alcázar.    09/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CRÓNICA DE ESPAÑA LA CALLE SE REVUELVE

Los mil militantes de Comisiones Obreras rompieron ostensiblemente sus carnés en plena calle

madrileña, en señal de protesta por la inhibición de los dirigentes y su desviacionismo

gubernamental. Apenas si habían transcurrido veinticuatro ñoras del pateo sufrido por

Marcelino Camacho en Málaga. Un periódico de la tarde se asombra de tan distinto

comportamiento entre la base sindical y ¡a dirección política de las centrales. Califica de

incoherencia ese contrario pronunciarse sobre el pacto de la Moncloa. Lo incoherente resulta a

todas luces calificar de incoherencia aquello que responde a procesos coherentes de

obediencia en los dirigentes y de consecuencia en la base militante.

Para entender lo que sucede de hecho en los espacios sindicales, es preciso desprenderse

previamente de topicazos, triunfalismos y sumisión a los mensajes de la propaganda. Entre los

varios modelos a seguir y los diversos procedimientos posibles para hacerlo, los

eurodemocratizadores españoles escogieron la peor de las opciones y el más deleznable de

los caminos. Primero se destruyó sin haber atendido a preparar con anterioridad el sustitutivo.

Y aunque aquí se haya proclamado con insistencia la bondad del método, en cualquiera otra

nación lo más dulce que llamarían a un comportamiento político de tal naturaleza sería criminal.

A estas alturas debe bastarnos constatar que nadie lo hubiese hecho mejor en beneficio de las

instancias marxistes.

Mientras la Moncloa, con un sectarismo escandaloso, llama solo para la ceremonia del

conocimiento del pacto a Comisiones Obreras y UGT, los españoles nos enteramos que hasta

el 26 de octubre han presentado sus estatutos cinco mil organizaciones obreras y

empresariales. Supongo que este solo dato servirá para comenzar una meditación

indispensable sobre el grado real de influencia de las centrales sindicales que habitualmente

tienen audiencia en el Gobierno y en los medios informativos. Recuerdo algún otro; todo ese

vasto paisaje sindical no agrupa una militancia superior al 6 por 100 de los trabajadores

existentes en España. Pero este dato debe ser depurado desde otra constatación: no menos

del 40 por 100 de los militantes tienen suscrita hoja de filiación en dos e incluso tres centrales

sindicales de distinto signo. La gente prefiere no oponerse a nadie, no pronunciar un no o una

excusa irritantes y se encuentra mas a gusto nadando entre dos aguas. Sobre todo cuando

puede pertenecerse todavía al sindicato instado por el amigo o el compañero, sin abonar cuota.

Pero si la base militante de los sindicatos es reducida, no puede decirse otro tanto del grado de

participación en huelgas y manifestaciones de carácter laboral o contra la inflación. A la hora de

protestar por aquellas cosas que escuecen en el bolsillo o en el estómago, la movilización suele

ser muy compacta, si bien cuando la politización resulta perceptible la respuesta es

notoriamente restrictiva. Pese a las cifras dadas por las agencias, la manifestación de Bilbao,

por ejemplo, debe ser calificada igual que lo hacían a su término dos jóvenes participantes:

"Esto ha sido un fracaso en toda la regla".

El desasistimiento al pacto de la Moncloa es generalizado. Fuera de las direcciones de los

partidos y de sua dependencias, apenas si nadie más ha puesto un mínimo de esperanza en

sus posibilidades de éxito. A los pactantes, sin embargo, interesa sobremanera mantener el

equivoco. Sobre todo, a la izquierda marxista. Como ha dicho sin tapujos Carrillo, el pacto

significa de hecho el gobierno de concentración, amparado tras la pura formalidad del Gobierno

legal. ¿A cambio de qué se ha prestado Carrillo a representar tan descomunal farsa? En

algunos ambientes políticos se dice que a cambia de la promesa del ministerio del Interior para

el PCE. En la lógica de la política, el ministerio del Interior, junto con los de Defensa, Justicia,

Educación y Trabajo Seguridad Social, son los que apetecen a aquellas fuerzas que pretendan

aniquilar los resortes defensivos de la nacionalidad y liberar los mecanismos de un proceso

revolucionario. Es una vieja historia que se repite por doquier en el mundo moderno. No creo,

sin embargo, que la fruta esté madura para esa "invasión". Tampoco es muy necesaria al PCE,

ya que por otros caminos ha conseguido algo muy similar al PC italiano: gobernar desde fuera,

sin desgaste, contando además con "compañeros de viaje" en posiciones clave.

Las concesiones del señor Suárez al PCE y al PSOE, han destruido el armazón del plan

elaborado por el equipo del profesor Fuentes, que ya había trastocado en buena parte la propia

UCD. El plan ha quedado convertido en un paquete deforme, aunque con un excelente

lanzamiento publicitario. Pero en la calle hay cada vez menos tragaderas. A PCE-CC.OO y a

PSOE-UGT se les ha visto demasiado el juago. Aunque por otros miradores distintos, la gente

ha descubierto esas contradicciones que el profesor Velarde pone de manifiesto en su

demoledor apunte del 17 de octubre.

Si CC.OO y UGT se avienen a la disciplina imperativa de sus partidos nodriza, se verá con

nitidez al escaso control que ejercen sobre el mundo laboral y serán arrolladas por una

efervescencia reivindicativa muy difícil de detener, pues se apoya en una memoria reciente de

bienestar. ¿Y si para salvar la cara rompen los dirigentes sindicales la disciplina de partido?

Los resultados podrían ser entonces espectaculares.

Ismael MEDINA

 

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