Autor: ARRANO BELTZA. 
   Navarra, Gloriosa realidad     
 
 El Alcázar.    24/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

NAVARRA, GLORIOSA REALIDAD

Navarra, conjunto de etnias, de culturas, de costumbres y de idiomas diferentes fundidos por la Historia y

la religión, padece actualmente la presión demográfica, que no cultural, de eso que llaman Euzkadi,

versión actualizada del «Anschluss» corno el que Alemania impuso a Austria antes de la segunda guerra

mundial. Hay que decirlo con toda claridad: hoy Navarra está sometida a la intensa presión de un

panvasquismo similar al pangermanismo de Hitler, con la particularidad de que no tiene raíces históricas

y es fruto de ideologías políticas surgidas de tesis raciales carentes en absoluto de rigor científico y

superadas ya en todo el mundo. Alemania y Austria, pueblos germanos los dos, de características externas

en cierto modo similares, hablaban y hablan el mismo idioma. Se daban, pues, las circunstancias

aparentes para la constitución de una nación unida. De hecho, los nazis que dominaban Alemania

asesinaron primero al canciller Dolfuss y luego se anexionaron Austria ante la pasividad del mundo

occidental. Fue necesaria la victoria aliada en la última gran guerra para que se restableciera la libertad

austríaca. Entre nosotros, siendo Euzkadi el invasor, y Navarra la invadida, aunque no se dieran los

supuestos que impulsaron a Hitler a realizar el «Anschluss», resulta evidente ante esta pretensión

absorbente, que no existe identidad racial, ni idiomáti-ca, ni de costumbres, rechazándola además la

inmensa mayoría de los navarros. Si originariamente fueron ellos los vas-cones, la realidad histórica

demuestra que éstos se dividieron en dos ramas: los navarros o vascones históricos y los actuales vascos o

vasconizados, de ahí la expresión Provincias Vascongadas. A los muchos y muy documentados estudios

existentes sobre el particular, pueden añadirse los que, con su gran prestigio científico, le ha dedicado

últimamente el profesor don Claudio Sánchez Albornoz. En Navarra hoy, lo vasco es un complemento del

todo, pero no es el todo, pues sólo con una imaginación calenturienta pueden identificarse la Ribera y la

Montaña. En cuanto al idioma, sería contra natural la cooficialidad del vascuence y del castellano.

Supondría la imposición del idioma de una minoría, minoría que por supuesto también habla romance. El

Fuero, el juramento de los reyes, y todas las leyes de Navarra están escritas en romance, en «idiomate

navarre», como testifica el notario mayor del reino al recibir el juramento real. Nadie puede negar lo que

es historia sin entregar a las llamas todos los archivos del Reyno. No es la primera vez que Navarra es

objeto de presiones. Ya en tiempos pretéritos pasó por experiencias semejantes, aunque de diverso origen.

Pero, hoy, como entonces, pese a tantos pesares, sus características siguen siendo tan singulares, y tan

avispado su intelecto de pueblo pequeño, compenetrado, unido, obligado a estar siempre a la defensiva en

medio de poderosos vecinos, que sabe maniobrar con habilidad en los entresijos de la política para que no

prosperen los atentados a su libertad. Navarra, siempre abierta a todos, y nada discriminadora por cierto,

tiene, ante todo, conciencia de esta libertad foral que la mantuvo año tras año, siglo tras siglo, como

«reino de por sí», unida en espíritu al resto de España, que reconoció su peculiaridad. Tanto empeño,

tantas luchas, tantos afanes por conservar sus instituciones y ser fiel a su pasado; tanto esfuerzo en

organizarse y en defender su patrimonio espiritual e histórico, ayudan a entender el fenómeno de su

asombrosa vitalidad. Porque Navarra ha desempeñado un papel único en la historia contemporánea,

defendiendo en solitario, con obstinación y terquedad, sus propias libertades, que están por encima de los

regímenes de uno u otro signo, absolutistas, liberales o dictatoriales. ¿Cómo un pueblo con tal acrisolada

conciencia de su personalidad y de sus libertades puede caer en la aberración de renegar de su pasado,

para convertirse en un mero departamento de Euzkadi, con un Estatuto de autonomía que borra de plano

siglos de la más limpia ejecutoria y un nombre glorioso y respetado en los anales de Europa? Si el

vascuence o euskera, base de la pretendida colonización a que se quiere someter a Navarra, es el idioma

de una parte, por cierto mínima de la población —apenas si existen en Navarra 7.000 vascoparlantes que

además son bilingües—, debe recordarse que aquí nació un romance distinto del castellano, «el romance o

hablar navarro», que es tan nuestro, o quizá más que el primero, porque presidió, precisamente, el

nacimiento del reino como tal en los albores de la Edad Media. Ni del uno ni del otro es dable prescindir,

cada uno en su sitio, pero sin exclusivismos irracionales ni imposiciones que atentan a su libertad.

El rey navarro Sancho el Mayor fue el primero que se tituló rey de las Españas y de su prole nacieron las

restantes dinastías peninsulares. Las Cortes navarras solían hablar de la «spanidad» antes de que

definieran el alcance del vocablo Ramiro de Maeztu, Vizcarra y García Villada. La personalidad que

durante dos mil años ha sabido mantener Navarra, está decidida a conservarla, frente al anexionismo

euskadiano, entre otras razonas elementales porque no ha sido nunca Euzkadi y porque, además, Euzkadi

es un invento, que nunca existió en la Historia. Navarra ha sido, es y será, una gloriosa realidad y seguirá

proclamando a todos los vientos su vocación irrenunciable de reino hispánico.

Arrano BELTZA

 

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