Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   La democracia de los falsos líderes     
 
 El Alcázar.    14/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA DEMOCRACIA DE LOS FALSOS LÍDERES

ALVAREZ de Miranda sigue siendo inefable. Pío Cabanillas continúa no siéndolo. Entre ambos polos de

comportamiento, debemos explicarnos la operación más ilógica y absurda que acaso jamás haya generado

la política española: la ensalada UCD. Pero antes de insistir en tema tan atrabiliario, conviene pararse un

momento a señalar un misterio: el protagonismo resolutivo de Pío Cabanillas desde hace años en un plano

que en apariencia excedía de sus niveles teóricos de competencia. Cuando después del asesinato de

Carrero, ejecutado por la ETA a cuenta de intereses mucho más importantes y metódicos, le fue entregado

el poder a Carlos Arias contra todo pronóstico, es notorio que Pío Cabanillas se aposentó en el despacho

del entonces ministro de la Gobernación, convirtiéndose en pieza decisoria de la conformación del

Gobierno, ¿Quién te llamó? ¿Por qué aquella autoritaria intromisión? El papel político de Pío Cabanillas

en el gabinete Arias fue decisivo en cuanto a las dos vertientes de sus resultados: negativos para el

Régimen y altamente positivos para las instancias desintegradoras del mismo. Es notorio, asimismo, que

Pío Cabanillas salió del Gobierno por causa de su empeño en arrancar fa declaración de incapacidad de

Franco cuando la enfermedad de que el Jefe del Estado fue atentido en el centro hospitalario de su

nombre. En aquel intento colaboró también Antonio Carro, quien después sería hombre clave en la

entrega humillante del Sahara. Existen una serie de nombres cuyas conexiones reaparecen de una u otra

manera en las estructuras políticas, los intereses económicos, los tazos familiares, las sociedades de otro

tipo... Algún día habrá de escribirse sobre los troncos comunes de ciertas ramas políticas y profundizarse

en las raíces de determinados árboles políticos, así como en la comercialización de sus frutos. Debo

apuntar aquí, a título tan sólo indicativo, la existencia de vinculaciones comunes entre los hombres que

hoy protagonizan el Frente Popular ampliado y aquellos que llevaron adelante el mecanismo de

liquidación del SEU, el cual era núcleo de una opción-transformadora que hoy podría denominarse de

socialismo humanista, nacional y cristiano. Existen una serie de nombres muy numerosos en los actuales

partidos unificados, que se reiteran a lo largo de toda esa historia, desde Blas Pérez y Ruiz Jiménez hasta

hoy. En las sociedades, en las plataformas oficiales de la información, el papel o el espectáculo, en el

recambio sindical, en la explosión partitocrática, etc., esos nombres se trenzan una y otra vez. Ora como

correligionarios, ora como supuestos enfrentados. Pero siempre manteniendo entre sí firmes conexiones

soterradas, extrañamente resistentes al deterioro del tiempo y la lucha política. La extraña facilidad de

aceptación de la unificación de UCD, objetivamente absurda, acaso tenga buena parte de su explicación

en la aludida projimidad de intereses. Pero aún más llamativa es la coincidencia argumenta! en días

consecutivos entre tres hombres de esa misma asiduidad práctica, aunque situados en opciones

parthocráticas diversas. Me refiero a las declaraciones de Pérez Escolar en «Informaciones», al artículo de

Areilza en «ABC» y al de Carro Martínez en «El Imparcial», que exige recordar aquel otro titulado «El

liderazgo de Arias». Cualquier observador político un poco atento habrá descubierto enseguida entre los

tres una curiosa correlación argumenta!, que me atrevería a simplificar en la delimitación de dos

objetivos: ampliación hacia la derecha de la forzada unión centrista y eleminación del señor Suárez.

Si Ia situación política te contemplamos igual que si fuesa el «Tour» de Francia, el símil resultaría

bastante plástico, aunque no sólo en razón de que fos equipos españolea cumplirían el papel de

animadores exóticos, pero al margen de cualquier protagonismo efectivo. La carrera en efecto, está

trazada para que la venzan equipos ultrapirenaicos. En lo que a la peripecia española se refiere, la

democracia cristiana ha sido condenada al papel más servil de los gregarios: tapar huecos, acarrear agua,

aguardar a los líderes rezagados, remolcarles, cortarles el aire y demás tareas de peonaje. De vez en

cuando se permite a dichos acólitos, ganar alguna meta volante. Luego vienen los gregarios distinguidos,

es decir, aquellos que se desprenden del pelotón con humilde y sufrido pedaleo, para servir de punto de

apoyo al jefe de fila en la pugna resolutiva por el poder. Considero indiscutible que Pérez Escolar y Carro

Martínez cumplen esa función gregaria. Una vez que Pérez Escolar ha consolidado su adelantamiento

hacia la meta del centro derecha, parte Carro Martínez a ocupar el peldaño intermedio. ¿Y Areilza?

Areilza fue uno de los hombres clave que irrumpieron en «I Gobierno en pleno enervamiento histórico y

que luego serían sacrificados en aras de la familiarización del conflicto, de la que salió ganador el señor

Suárez, aunque otra vez volviera a convertirse Pío Cabanillas en la sombra del Poder. En términos

razonables hemos de admitir que Areilza as un político pasado. Pero no podemos negarle dos

posibilidades: constituirse en agente aniquilador del señor Suárez y asumir su puesto transitoriamente,

haciendo de puente al predestinado caudillo de un centro reforzado por la derecha. El Pompidou español

no será, por supuesto. Pío Cabanillas, sino un personaje necesariamente agradecido a los intereses que

representa Pío Cabanillas, aunque a veces no lo parezca. Esa es la clave de una falseada

democristianización de UCD a la italiana, es decir, con el lastre tremendo de compromisos laicistas que

«L´Espresso» descubrió en la DCI y que explican su aceptación del divorcio, su bendición del hedonismo,

su aproximación al marxismo, su conversión en motor del regionalismo desintegrador y su aceptación del

papel de agente destructor de tas Fuerzas Armadas y de las estructuras de orden público, entre otras

graves desviaciones. El señor Suárez ha sido el instrumento indispensable para la voladura de unos

esquemas institucionales e ideológicas. Y también para fa irrupción marxista. Reunía tres condiciones

excepcionales: ser un hijo mimado del franquismo, carecer de prejuicios y tener junto a sí, con idénticos

méritos, un equipo especializado en enterramientos políticos. El señor Suárez ha cumplido con creces su

función. Pero, además, comienzan a observarse las primeras reacciones serias. En consecuencia, se inicia

otra etapa de serenamiento democratizador y reconsideración constituyente. El primer objetivo a cumplir

serta la congelación de un crecimiento anegador de la derecha. Eso persigue la formación de un único

gran partido de centro derecha, fuera del cual sólo quedarían «los partidos residuales de urtraderecha».

Se supone, naturalmente, que como natural aportación al equilibrio democrático, a la izquierda de este

gran partido se formaría otro igualmente poderoso, el socialcomunista, que a su vez lindaría con «los

partidos residuales de ultraizquierda». Pienso, pese a todo, que los comportamientos del cuerpo político

real de España, serán otros. Pero no es cosa de entrar hoy en su análisis. Recuerdo lo escrito por Carro

Martínez en honor de Arias: «Ningún gran grupo u organización política det mundo ha nacido en virtud

de ninguna ley».

Ismael MEDINA

 

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