Autor: JASA. 
   Una respuesta silenciada     
 
 El Alcázar.    23/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

UNA RESPUESTA SILENCIADA

Los terremotos, ahora, van por dentro. La manifestación multitudinaria de adhesión a Franco y José

Antonio en la plaza de Oriente ha constituido un aldabonazo de primer orden que ha provocado todo un

movimiento sísmico de gran alcance, perceptible a todos los niveles. Machas cosas han quedado al

descubierto: desde la legitimidad del Gobierno, porque se ha demostrado que una amplía corriente de

opinión no comparte su ejecutoria, hasta la acritud y chabacanería de algunos medios de difusión que, a

falta de argumentos, han recurrido a la opción, siempre fácil, del insulto y la calumnia. Con su proverbial

capacidad para tapar vías de agua, parchear y recomponer sus cuadros, el Gobierno ahora confia

esperanzadamente que no sea más míe un vendaval inserto en la baja presión atmosférica que nos invade.

Sin embargo, la concentración ha alertado a toda la prensa internacional con titulares que ponen bien de

relieve que el 20-N ha desmitificado, ante la opinión pública exterior e interior, la pretendida marcha

irresistible del Superman Suárez y ha demostrado que un gran vacío, una tremenda esterilidad y una

profunda inoperancía son ios auténticos eslabones de su flamente reforma política. Además, portavoces

consultados de las diferentes organizaciones políticas presentes en la plaza de Oriente me confirman que,

de una vez por todas, se camina hacia un irreversible proceso de unidad entre todas las fuerzas de neto

significado nacional. Seria el. mejor balance de una jornada emotiva y clamorosamente evocadora, pero

forzosamente exigida, de una precipitación política concreta. El 20-N ha servido, además, para demostrar

que muchas manipulaciones gratuitas sobre el tópico de la voluntad popular quedan al descubierto tras eí

pronunciamiento libre y espontáneo de varios cientos de millares de personas, sin apenas convocatoria ni

propaganda, y con todas las dificultades y trabas imaginables. Ahora se ha demostrado dónde está la

oposición y en qué consiste la contestación real a la situación española. Sin componendas.

• Por lo pronto es muy ilustrativa la campaña de silencio. Resulta que todos ios medios de comunicación

que dócilmente sirvieron de comparsa a la «dimensión histórica» del Pacto de la Moncloa se limitan

ahora, en an curioso regate, a encomiar las perspectivas a largo plazo de la nueva democracia sin apenas

parar mientes en un ptesbiscito popular tan rotundo como el que produjo el domingo. Yo me pregunto qué

ciase de fuerza argumental pueden tener tantos y tantos grupúsculos políticos que, juntando todos sus

militantes, posiblemente no llegarían a alcanzar la cifra de asistentes a la plaza de Oriente. Yo me

pregunto con qué respaldo pueden considerarse legitimados para actuar en nombre del pueblo unos

partidos que no disponen más que de la demagogia para camuflar sus intereses clasistas o de élite, bajo

una maraña de sonoras estipulaciones democráticas. Yo me pregunto: ¿cuál es la autoridad moral que

pueden enarbolar unos grupos encaramados en el Poder para seguir engañando sobre el panorama real de

fuerzas existentes en la nación? Después de una prueba tan diáfana y concluyente como fue el 29-N,

hablar de «gestiones para la unificación democristiana», de «pasos para la definitiva conformación de

UCD» o de «negociaciones previas para un acuerdo liberal» suena casi casi a sarcasmo. Porque se está

entreteniendo al país con los juegos de salón de un centenar de malabaristas de la política sin más

respaldo ni contenido que su desmesurado afán de notoriedad. La nueva democracia -decían- vendría

marcada por la transacción entre interlocutores válidos. Pero hay que decir ¿dónde están esos

interlocutores, esos portavoces afectivos de los deseos populares, esos detentadores de la confianza

nacional de fas mayorías? Desde luego, ni en el Parlamento, ni en el Gobierno, ni en los partidos, ni en las

centrales sindicales. Los hechos están bien a la vista. Ahora, por fin, los componentes de la comisión

constitucional del Congreso terminaron su proyecto y, nada más anunciar que estaban comprometidos a

guardar secreto de sos conclusiones, la agencia oficial Cifra difunde el texto completo del borrador;

primer tanto para los señores diputados. El Congreso se enterará de los temas que tiene que debatir a

través de la prensa. Y el pueblo contemplará, apesadumbrado, en lo que se han convertido sus votos del

15 de junio: en la justificación de «a reparto proporcional de poder. Mientras, Pérez Llorca ha sustituido a

Calvo Sotelo, tal como se estipulaba. El PCE y la OLP intensifican sos contactos. Se reunirá en Bayona el

gobierno vasco. Y, ai final, a estas alturas, resulta que el PSOE niega haber mantenido ningún encuentro

oficial con el PSP. Y mientras Carrillo dice en USA que no es leninista, Gutiérrez Díaz, del PSU afirma,

textual: «somos un partido leninista». Y Alvarez Miranda sigue añadiendo que «no se ha designado

ninguna ponencia en el PDC para lograr la unidad de la democracia cristiana». Y Antonio, el bailarín

afirma que «el franquismo me ha utilizado». Y Felipe González sigue en EE.UU. «por asuntos

personales». Y el PUSPV (socialistas de Valencia) sí quieren negociar con el PSOE.»

¿Quieren más? Podría añadir que hay funcionarios modestos que las están pasando canutas porque están

catalogados como «franquistas», y cualquier diales pueden exigir la excedencia a base de destinarles

democráticamente a una dependencia ministerial ea Torreperogil, provincia de Jaén. Y que un enfermo

del Hospital Militar ha tenido problemas por tener junto a su cama la revista «Fuerza Nueva». Y que ayer,

en la Puerta del Sol, unos jóvenes falangistas vendieron en poco rato buen número de ejemplares del

boletín HAZ, sin preocuparles lo más mínimo que cerca se exhibiera con profusión Mundo Obrero y El

Socialista. Y que un párroco de un pueblo de Madrid ha tenido problemas porque se le ocurrió citar en su

homilía del domingo a Franco... No importa. España sigue adelante. No hay excusas suficientes en toda la

fraseología oficial para acallar el gesto del 20-N. Allí estaba la respuesta.

JASA

 

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