Autor: JASA. 
   La "probidad moral" de Martín Villa     
 
 El Alcázar.    20/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

La jornada política

LA «PROBIDAD MORAL» DE MARTIN VILLA

• No es válida una condena si DO va secundada de una ejecutoría consecuente. No hace falta ser una

lumbrera para afirmar esto. Ni para decir que toda contrición sincera empieza y se confirma únicamente

con ios hechos. Bien; pues valoren ustedes mismos en qué medida pueden ser interpretadas como sinceras

unas notas condenatorias por el asesinato del comandante Imaz, procedentes de diversos partidos

marxistas y separatistas cuando estos mismos partidos han proclamado y alentado reiteradamente su

rechazo hacia las «fuerzas represivas», su amenaza de «procesamiento para la Policía franquista» y su

grito de «Policía asesina». ¿Piensan ustedes ove son compatibles ambas actitudes? ¿Es posible formular

declaraciones a algunas revistas denunciando «crímenes y torturas» a manos de la Fuerza Publica y

entonar a renglón seguido un canto plañidero? ¿Se puede entender que se reconozca públicamente ante

millares de personas que «la ETA fue pionera y avanzada en la tocha contra la dictadura» y a

continuación, se pretenda condenar un asesinato «por circunstancias de oportunidad política»? ¿Cabe

aceptar que se convoquen manifestaciones pidiendo amnistía para los asesinos de otros tantos servidores

del Orden Público y después se hítente mostrar «solidaridad» con «los trabajadores de uniforme»? Hay

una doble jugada que a nadie puede pasar desapercibida: por un lado se fomenta una alternativa

independentista abierta y por otro se quiere cubrir las apariencias evitando toda estridencia escandalosa.

Tómese usted la molestia de leer las declaraciones de los líderes vascos considerados «autonomistas» en

las revistas «Punto y Hora» o «Berriak» y a renglón seguido coteje estos textos con los telegramas de

condolencia. Las conclusiones quedan a juicio del lector. E Mientras tanto, el ministro del Interior —que

no asis-al funeral por el comandante Imaz— se ha permitido disentir de la interpretación que los

tribunales están otorgando al tema de la amnistía por considerar —versión Europa Press—que no

concuerda con el espirita de la Ley aprobada en Cortes. De esta forma, Martín Villa quiere dejar a salvo

su «probidad moral» discrepando de la puesta en libertad de varios terroristas del GRAPO. El ministro del

Interior pretende asi salir al paso de la indignación que en importantes sectores de las Fuerzas de Orden

Público, se ha producido al comprobar que se pone en libertad a ios mismos que signen protagonizando

graves atentados contra sus vidas. Ha sido testigo de la preocupación de varios jefes de la Policía Armada

que se preguntaban para qué servían sus investigaciones, si resulta que autores confesos y convictos de

asesinatos contra miembros de estos institutos armados eran puestos en libertad como contrapartida

política en la estrategia gubernamental. Además, Martín Villa se ha visto obligado a poner sobre el táñete

la elaboración de una Ley de Orden Publico (inicialmente prevista en el Pacto de la Moncloa y descartada

después por alguna motivación concreta), en la que se ampliarían las facultades de las fuerzas de

seguridad sin menoscabar los derechos y libertades solemnemente ensalzados por Marcelino Oreja en el

Parlamento Europeo. La pregunta que yo me formulo es ésta: ¿Reciben la Policía Armada y la Guardia

Civil el necesario respaldo material y moral que corresponde en función del servicio que desempeñan?

• Como visión de conjunto, uno piensa, sin embargo, que algo raro debe ocurrir en este país cuando la

mismísima y homologada UCD se atreve a pedir —pásmense ustedes— «la máxima energía al Gobierno»

para actuar frente al terrorismo. Eso, al menos, es lo que se dijo en la telearias, que diría García Serrano.

O cuando hasta el Partido Comunista, respaldo supremo del Gobierno, se permite disentir del Pacto de la

Moncloa, como ha hecho Solé Tura. O cuando el propio Gabinete de Prensa del PSP se atreve a vaticinar

un «profundo malestar» en el partido por la «mala actuación de la ejecutiva nacional centrada en la

dimisión del secretario general, Raúl Morodo». O cuando se tiene que proceder ya a reformar el borrador

preautonómico de Aragón porque, según el borrador constitucional, no le alcanzaba la calificación de

«región autónoma» al no tener el millón y medio de habitantes exigidos. O cuando todo el mundo se

espanta por la quema de una bandera valenciana habida cuenta de que se han quemado muchas banderas

nacionales sin que los partidos se dieran por afectados. Son demasiadas cosas extrañas en una nación que

afirma estar motivada, al menos a nivel gubernamental, por un espíritu de normalización democrática.

JASA

 

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