Autor: JASA. 
   Ciudadanos de segunda     
 
 El Alcázar.    15/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

La jornada política

CIUDADANOS DE SEGUNDA

«Mire usted, nosotros somos policías; no «mercenarios», ni «asesinos», ni «fuerzas de ocupación», como

nos insultan. Ponemos supremo empeño en salvaguardar a toda costa la disciplina y mantener la serenidad

ate en las mas incalificables agresiones. Estamos dispuestos a cumplir con nuestro deber en el nuevo

marco legal que se nos asigne. Pero no estamos dispuestos a actuar como gladiadores en un dramático

espectáculo que tantas veces provoca un rastro de sangre ni a seguir aguantando como ciudadanos de

segunda en un país igualitario. ¿Es que nuestra sangre no es como la de los demás?» Me lo dice un

inspector de policía que no tiene el menor rubor en ocultar su nombre y apellidos, pero que yo prefiero

silenciar. «No acabo de comprender —prosigue— que ante la lamentable muerte de un estudiante se

provoque toda una campaña desatada de protestas mientras que si el que muere en cumplimiento de su

deber es uno de nosotros nos digan, simplemente, lacónicamente: «Para eso les pagan». Entonces ¿qué es

lo que tenemos que hacer? ¿Dejarnos masacrar sin defendemos porque por nosotros no va a protestar

nadie y porque nosotros no somos nombres como los demás?» La pasión aboga la voz de mi comunicante

al otro lado del teléfono. Me dijo muchas cosas mas, pero creo que basta con estas lineas para reflejar el

estado de animo de un policía, de muchos miembros de las Fuerzas de Orden Público que, en Canarias,

Vascongadas, Navarra, Málaga o en cualquier remoto rincón de nuestra geografía Sufren en silencio la

incompresnión y la ingratitud de parte de una sociedad que los elige como blanco de todas sus soflamas.

Con la circunstancia sangrante, además, de qne muchos miembros modestos de la Polciía Armada y

Guardia Civil se encuentran en peores condiciones de retribución que otros profesionales de semejante

nivel de cualificaión. Ahí lo tienen ustedes. Un guardia civil actúa en defensa propia contra uno de sus

agresores y todo son denuncias e improperios. Alguien, indiscriminadamente, dispara sobre dos policías y

apenas nadie se digna levantar la voz para dar a conocer el suceso. Pero claro, se comprende: sólo eran

dos policías, dos ciudadanos de segunda. Mientras tanto, antes que dar la cara, antes que ofrecer una

salvaguardia efectiva de la actuación de las fuerzas de seguridad ciudadana, antes de asegurar a todos los

españoles el elemental clima de paz y tranquilidad qne constituye principio elemental de toda convivencia

consolidada, el gobierno prefiere, simplemente, desdramatizar. Y, en consecuencia, confiere prioridad en

los servicios informativos de RTVE a un acontecimiento internacional antes que a los sucesos de Canarias

y al Estado de los dos policías heridos. A esto se le llama probidad informativa, sí señor. Pero tan grave

como la irresponsabilidad del gabinete desentendiéndose de estas obligaciones irrenunciables de toda

democracia real es el ansia reivindicativa de los partidos marxistas y separatistas provoncando una

situación límite de violencia. Alguien, con acierto, ha anticipado qne todas las movilizaciones de masa

han precedido siempre a importantes acontecimientos políticos e históricos. Toda esta agresividad inútil

para forzar al Gobierno a otorgar algo que ya está concedido, como son tas autonomías regionales,

demuestra que no son esos los propósitos reales que alientan a los promotores. La cuestión se sitúa,

simplemente, en un nivel de principias sustanciales: ruptura de la unidad nacional e implantación de un

«Estado Popular». Estos son, evidentemente, los términos del proceso prerrevolucionario en marcha.

Mientras tanto, eso sf, podremos complacemos con la magnífica arquitectura de un partido centrista

pulido y perfilado hasta en los últimos detalles con tacto y mesura preciosista. Y con la altiva presencia de

un Parlamento que se desentiende olímpicamente de los graves sucesos que aquejan a tantas provincias.

¿Si la agresión a un diputado mereció un pleno del Congreso, por qué no se pronuncian ¡guarniente la

Cámara sobre el caos y el desorden institucionalizado que ha costado la vida a más de un policía y a más

de un ciudadano? De nuevo hay categorías. Recojo, para terminar, un hecho anecdótico pero

significativo. Uno tenia entendido, con espíritu quizá demasiado cartesiano, que la función crea el órgano.

Pero, a lo que parece, el Gobierno no debe entenderlo así, y concretamente el señor Rosón. Durante la

intervención ofrecida ayer por el programa regional de TVE del nuevo subgobernador civil de Madrid,

señor Harguindey, vino a decir que desconocía las funciones que le serian encomendadas y et papel que

deberá desempeñar en el contexto provincial. Magnífico. Entonces, si no existe ningún cometido

especifico atribuido al subgobernador, me pregunto ¿a qué viene la creación del puesto y el

nombramiento consiguiente con cargo al austero erario estatal? El nepotismo de UCD para salvaguardar

sus filas a base de inventarse todas las poltronas que hagan falta constituye una curiosa contradicción con

la inoperancia de la Administración y del Gobierno para afrontar los problemas candentes de España.

Ensimismado en su propia imagen, Suárez no quiere comprender que puede acabar como Narciso:

ahogándose en las aguas que centraron su complacencia.

JASA

15-DICIEMBRE-1977

 

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