Autor: Medina Cózar, Francisco. 
   Una fecha para afirmar la libertad     
 
 El Alcázar.    18/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CRÓNICA DE ESPAÑA

UN A FECHA PARA AFIRMAR LA LIBERTAD

Un buen amigo de España acaba de recordarme este ancestral axioma latino: «Estar alerta es el precio de

la libertad». No poca gente comienza a sospechar de nosotros en Europa que la euforia democrática nos

ha hecho descuidar la alerta y corremos el riesgo de pagar la libertad como precio. La opinión de muchos

españoles respecto a la actitud política del actual Gobierno es, sin embargo, bastante más ruda. Su gestión

cotidiana la estimula. Desde Madrid me han contado, en conversación telefónica, los términos en que se

desarrolló el encuentro entre el ministro del Interior y un centenar de representantes del Cuerpo General

de Policía. Podría aducir también yo que no se puede usar en política, demasiadas veces, el mismo truco.

Me contento, no obstante, con recordar estas apreciaciones de Lenin, resultado de sus años de exilio entre

burgueses: «He podido constatar que los círculos dirigentes de Europa y América son incapaces de

apreciar los términos reales de la situación política. Esa clase política parece muda y sorda respecto a los

hechos evidentes. Nosotros debemos tomar en consideración tales supuestos, desde la certeza de que la

revolución no se desarrolla en línea recta, ni tampoco ininterrumpidamente a lo largo de un período

determinado de tiempo, sino a través de un proceso en que se alternan las fases de ataque y de

distensión». Existen comportamientos políticos que apenas si son explicables más que desde la condición

de incapacidad asignada por Lenin a los dirigentes políticos de las sociedades burguesas. En otro caso

habría de admitirse la tesis de la colaboración con el enemigo y proseguir, entonces, a través de

planteamientos críticos especialmente graves. Me temo que nuestros políticos en el Poder legal, a

diferencia de nuestros políticos encaramados a la coparticipación del Poder efectivo, no han estado en

Moscú y tampoco nadie les ha advertido sobre la leyenda que campea, inalterada y exigente, en el

frontispicio del mausoleo de Lenin: «Vamos a conquistar el mundo. Vamos a cambiar el mundo».

Gobernar para la democracia no consiste, en efecto, en hacer de escuadra de gastadores de los enemigos

de la democracia. Gobernar para la democracia reclama dos actitudes preferentes: construir la ciudadela

institucional que defienda el normal ejercicio de la libertad y mantener distante de ella, o inermes, a los

enemigos de la libertad. Ninguna de estas dos cosas parecen atraer el interés del Gobierno del señor

Suárez, ni de los parlamentarios de UCD. Creo que no llegaron a leer esta admonición de Clausewitz:

«Rechazo la esperanza pueril de quienes creen poder apaciguar la ira de un tirano a fuerza de

desarmarse». En el mejor de los casos, debemos acusar de puerilidad a nuestra mayoría parlamentaria,

sumisa a los caprichos, políticamente inmaduros de un jefe absolutista. ¿O no es pueril asociarse con el

tirano marxista, aceptando desarmar todas aquellas fuerzas del Estado y de la sociedad que podrían

oponerse a quienes, con disfraz eurocomunista o sin él, avanzan impasibles hacia su objetivo inalterado

de conquistar España y el mundo? Beneficiar con 22.000 millones de pesetas el aparato burocrático de la

Presidencia del Gobierno, y dejar a la cultura con soto 18.000 millones, aunque sea desde la previsión de

la pasividad creadora del señor Cabanillas, materializa una demostración elocuente de cómo no se puede

gobernar para la libertad ni para la democracia. Salir del atolladero en que la humanidad se encuentra

propone el requisito irrenunciable de desburocratizar la existencia, a cambio de generar una extraordinaria

espontaneidad creadora. Pero, además, la batalla de la libertad se está librando, sobre todo, en los terrenos

de la cultura, puesto que tas clases intelectuales, en buena parte, decidieron hace tiempo suicidarse, al

entrar en la servidumbre de la estrategia marxista. Por mucho que ese fantasma lo maneje el agit-prop

comunista, la ultraderecha es hoy, apenas una opción política residual en Europa. El único fascismo

realmente existente en el mundo, es el fascismo rojo. Y también el único que tiene tras de sí una

formidable potencia logística para sostener el terrorismo ideológico y armado en los pueblos todavía

libres de la tiranía del comunismo. En los espacios de la cultura, de la enseñanza, de la información, del

orden público y de la milicia, es donde un Gobierno democrático habría de potenciar al máximo sus

medios de lucha y su energía antifascista, es decir, anticomunista. Los presupuestos del Estado y el Pacto

de la Moncloa, constituyen la mejor demostración de que e! Gobierno español camina por otros

derroteros, terriblemente comprometidos y extraordinariamente peligrosos para la libertad y para la

democracia. En el extranjero se ve con mayor claridad cómo los mecanismos de defensa contra el

fascismo rojo y contra las dictaduras internacionalistas, hemos de disponerlos y a en España desde fuera

de las estructuras del Estado e, incluso, en lucha con la torpeza, la inhibición o el compañerismo de viaje

del ucedismo gobernante. Hoy por hoy, apenas si nos resta otra manera de defender el derecho a la

libertad y a la democracia que hacerlo desde la calle. Por eso me sumo en la distancia a la manifestación

convocada para el día 20 de noviembre, que creo debe insistir en la afirmación de los valores esenciales

de libertad y de soberanía contenidos en el último mensaje de Franco. Aconsejaria, que antes de acudir a

la Plaza de Oriente, todos leyeran ese breve e histórico texto, por inteligencia, vocación de futuro,

ausencia total de nostalgia y veraz aspiración democrática.

Ismael MEDINA

 

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