Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Aniversario desde el fango     
 
 El Alcázar.    20/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Crónica de España

ANIVERSARIO DESDE EL FANGO

CUANDO estas líneas sean leídas, estaremos ya muy entrados en el 20 de diciembre. Es obligado

recordar que el 20 de diciembre de 1973 fue asesinado el presidente del Gobierno, don Luis Carrero

Blanco, y que cuatro años después sus asesinos están en la calle y la indagación judicial enterrada por el

expediente de la amnistía. En vez de rememorar aquel decisivo crimen político, perfectamente calculado

en su realización y en sus consecuencias, algunos avisarán que ese día se vio el proceso 1.001 y que entre

los acusados se sentaba Marcelino Camacho. Sería sugestivo volver sobre el acontecimiento y la

coincidencia. Pero el análisis requeriría mayor espacio del que dispongo. Conviene recordar, no obstante,

que el asesinato de Carrero Blanco, según los autores materiales, debió perpetrarse un mes antes. Un mes

antes fue aplazada la vista de la causa 1.001, al comprobarse la existencia de una violenta escalada de

agitación laboral y callejera, estrechamente ligada a ese acontecimiento. El PCE, en efecto, había

movilizado todos sus recursos de agitación, asi como todos los efectivos de la izquierda marxista y de las

organizaciones de frente, para ejercer una fuerte presión revolucionaria. Cuando el Jefe del Estado y el

presidente del Gobierno decidieron el señalamiento de la vista de la causa para el 20 de diciembre, la

movilización comunista había cedido y era difícil ponerla de nuevo en marcha en apenas setenta y dos

horas, en vísperas de Navidad y dado el cansancio de la masa. Los mecanismos de agitación apenas si

pudieron movilizar algunos grupos de ingenuos y exaltados de las organizaciones paralelas del PCE.

El 20 de diciembre de 1973 fallaron en la calle los supuestos de desorden generalizado que habían

provocado una intervención nerviosa de fas Fuerzas de Orden Público, cuyo hostigamiento estaba

perfectamente diseñado para un mes antes en casi toda España, y la declaración del estado de guerra. La

ETA fue la mera ejecutora de un crimen que debería desencadenar un proceso de gran alcance, dispuesto

con intervención importante de la KGB y de la francmasonería. No se equivocaba Franco cuando, al

conocer la noticia del atentado, comentó: «Han sido los masones». La violencia en las calles y la

necesidad de la intervención de las Fuerzas Armadas, debería haber propiciado con cuatro meses de

anterioridad algo muy parecido al spinolazo fallido el 25 de abril de 1974 en Portugal. Dos personajes, de

los que luego se ha escrito mucho en el proceso de la democratización, fueron encargados de promover en

tales circunstancias un golpe que sería presentado como de salvación del franquismo, es decir, de

«eliminación de los reaccionarios, integristas y tecnócratas que han conducido al Generalísimo y a España

a un callejón sin salida». Es justo que hoy se recuerde el 1.001. Pero debe hacerse ya desde la perspectiva

histórica, en vez de con el sectarismo de partido. El 1.001 era una pieza decisiva en la conspiración

política montada sobre el asesinato del presidente del Gobierno. Falló el golpe en su planteamiento

global. Pero es evidente que los conspiradores consiguieron importantes ventajas. Los lodos de hoy

arrancan de aquel día y de aquel hecho. La conspiración situó a algunos de sus hombres claves en

posiciones importantes de decisión política. El Frente Popular Ampliado, que hoy destruye a España,

tomó aquel día cuerpo de concreción en las estructuras del propio Estado. Del 20 de diciembre de 1973

arranca el fundamental proceso de desestabilización de España. Cuando una revista europea publique

determinados documentos sobre este período, se verá con claridad hasta qué punto el presente político

español resulta un natural desarrollo del plan cuyo factor desencadenante era el asesinato de Carrero

Blanco. Esto que hoy padecemos, debió ser en realidad en los comienzos de 1974. Así estaba planeado.

Así estaba decidido. A los conspiradores del falló una previsión: el comportamiento del pueblo español,

que hizo innecesarias medidas excepcionales y, asimismo, la irrupción de dos confusos personajes, que no

emergerían hasta muchos meses después. También se encontraron con un Jefe de Estado que no era un

prisionero, sino un interlocutor capaz de mantener un hábil juego de contención, pese a su edad y sus

achaques. Parece indiscutible que el 20 de diciembre de 1973, España comenzó a perder el dominio sobre

sí misma. Pero sería a partir del 20 de noviembre de 1975 cuando España debió abatir los atributos más

sustanciales de su independencia política. A partir de entonces, ni se ha batallado ni se ha negociado.

Simplemente, se ha cedido. A cuatro años de aquel crimen, del que sólo fue agente material la ETA, las

internacionales vuelven a adueñarse de España. Hoy, 20 de diciembre de 1977, los españoles nos

arrastramos por el fango. Dentro de poco estaremos sumergidos en el cieno.

Ismael MEDINA

 

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