Autor: Ramírez, Eulogio. 
   La libertad perdida     
 
 El Alcázar.    01/12/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA LIBERTAD PERDIDA

Si Ja libertad religiosa se entiende rectamente como la efectiva posibilidad de vivir en la sociedad civil

conforme a ios imperativos de la propia conciencia religiosa, hay que decir que, merced a la funesta labor

de los gobiernos de Su Majestad, en España estamos empezando a perder la libertad religiosa y vamos a

perder la libertad para que se enseñe en las escuelas a nuestros hijos la doctrina católica, como parte

integrante de la educación que queremos para ellos. Un distinguido colega de «El Alcázar» me cuenta que

en la parroquia de Madrid en que él oyó misa el primer domingo de Adviento, sin que lo requiriese la

liturgia del día, el sacerdote oficiante se dedicó a alarmar a los fieles católicos, como si estuviese a punto

de derrumbarse, por obra y gracia del Gobierno Suárez, el edificio de la enseñanza religiosa,

espléndidamente erigido por la Iglesia católica al calor de los gobiernos de Franco. En efecto, el borrador

de la Constitución a que están llegando tos sedicentes católicos de UCD, de AP, etc., en transacción con

los representantes de los partidos marxistas, no ofrece garantías constitucionales a la pervivencia del

«status» actual, ni siquiera es lo suficientemente explícito como para tranquilizar a los católicos. En

efecto, el artículo 31 de la Constitución en ciernes, desarrollado por unas Cortes y un Gobierno

mayoritariamente socialistas-marxistas supondría, pura y simplemente, la desaparición de las escuelas

privadas y de la Iglesia. Si «los poderes públicos» van a establecer y a inspeccionar «una programación

general de la educación y de las instituciones docentes de todos los niveles» y «podrán ayudar

eficazmente a las escuelas que reúnan los requisitos que fa ley establezca», bastará con que un Gobierno

marxista promulgue una u otra Ley, para que las escuelas católicas y de la Iglesia se vean privadas de los

subsidios indispensables para que puedan pervivir aquellos en que se inculque la concepción católica del

hombre y del mundo. Dicho muy sumariamente y muy claramente, lo que aquí y ahora se está ventilando

es lo siguiente: los partidos liberales con católicos (UCO y AP) aspiran a que exista plena libertad para la

creación de escuelas (católicas, masónicas, marxistes, protestantes, etc.), pero con la intervención no sólo

administrativa, sino financiera del Estado, que habría de sufragar por igual las escuelas públicas que las

privadas, cualquiera que fuese el método elegido para sostenerlas económicamente. Por el contrario, ios

partidos marxistas propugnan un sistema de escuelas públicas y laicas de todos tos niveles, mantenidas

oficialmente por el Estado, además de libertad para que cada ciudadano o cada institución o cada iglesia

mantuviera a sus propias expensas o con el dinero de los padres de sus alumnos las escuelas de su

elección. El Estado no se obligaría a sufragarlas. Así las cosas, a mí no me extraña que en las diversas

parroquias se vaya fomentando una ola de alarmismo. atizado por los comunicados de fas asociaciones de

padres, como la que titulaba a dos columnas ABC del mismo domingo: «No estamos dispuestos a que se

nacionalice a nuestros hijos... Precisamente cuando más se habla de democratización de fa sociedad,

cuando más parece que existe un interés en una homologación política con ios regímenes democráticos,

es cuando saltan a la opinión pública los criterios estatalizadores, uniformadores, monolíticos, de escuela

única, abundando en tópicos y demagogias.» Si bien se considera, aquí ha existido una gigantesca estafa

nacional y eclesial. Tanto los líderes políticos como la Jerarquía eclesiástica están animando el cambio de

régimen, basándose en la promesa de que en el nuevo régimen democrático íbamos a encontrar íibertades

que no teníamos bajo el régimen de Franco y, como se ve, ocurre todo lo contrario: que las Asociaciones

de Padres de Familia federadas, como algún sacerdote oficiante, y hasta el propio cardenal Tarancón en

sus cartas cristianas se alarman por el futuro totalitario inminente. Pero lo que es de advertir y señalar es

que. tanto los padres como el mismo cardenal de Madrid, para conseguir las libertades y el respeto a los

derechos fundamentales en la enseñanza, que teníamos respetados escrupulosamente por Franco, no

apefan a los derechos de Dios ni a argumentos teológicos —en régimen de libertad ten respetables como

cualesquiera otros—, sino que apelan solamente a argumentos liberales, democráticos, de razones tan

discutibles como todas las razones. Los padres y todos los ciudadanos católicos tenemos, sí, que arreglar

de la mejor manera posible el desaguisado y el atentado a nuestra libertad religiosa que han perpetrado

tanto los líderes políticos como los líderes religiosos, por el mero hecho de cambiar el Estado

confesionalmente católico de Franco, por un Estado confesionalmente liberal, cuya lógica es inhibirse

ante la educación religiosa Pero nuestro empeño por arreglar lo desarreglado ha de ser doble: primero,

combatir por la restauración del Estado católico, único en que existe verdadera y cabal libertad para la

educación y para la vida religiosa. ¿A qué educar para una vida que no se puede vivir? ¿Para producir

neurosis religiosas? Pero, además, tenemos que luchar para que en las propias escuelas de la Iglesia se nos

respeten nuestros derechos de padres a que no se inculque a nuestros hijos un cristianismo protestante o

progresista. Yo he protestado al presidente del Patronato del Centro de Estudios Universitarios, porque se

inculcaba en el CEU a mi hija una doctrina en materia de sexo contraria a la enseñanza de Pablo VI, y de

don Abelardo Algora sólo he conseguido un acuse de recibo anónimo en un saluda.

Eulogio RAMÍREZ

 

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