Autor: Aparicio, Juan. 
   La democracia prostituyente     
 
 El Alcázar.    01/12/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA DEMOCRACIA PROSTITUYENTE

ENTRADOS con calzador socialista y con el visto bueno de las europeas dinastías saprofitas

de los países en el Consejo de Europa, que es cual una casa de Tocamerroque, un patio de

Monipodio o una Corte de los milagros ateos, en favor de las Internacionales y Trasnacionales

fabriles y financieras, surgidas en cada Hemisferio, y entre los entresijos piojosos del alma, con

alevosía, nocturnidad y allanamiento de nuestro españolismo, se volverá a retocar el articulado

burlón de los borradores de la novísima Constitución democrática, confidencial y fugitiva, sin

acordarse del diagnóstico de Ángel Ganivet, cuando, muerto antes de conocer la anterior

Constitución de 1931, plagiada del texto alemán de Weimar, nos dejó escrito en su «Idecarium

español» que una nación que tarda tanto tiempo en constituirse, mediante sucesivas

Constituciones inútiles, es una nación que anda muy mal y a trompicones. La Conferencia

Episcopal le ha puesto sus pegas y sus peros aun antes de aprobarse por Diputados y

Senadores y crismarla el Referéndum; aunque ya se merece un no rotundo desde la órbita

extraparlamentaria. Porque vi-talista e histórica, al ver la degeneración de nuestra peculiar

democracia frailuna, según las averiguaciones de don Marcelino Menéndez Pelayo, revolviendo

vivencias y papeles documentales, brota la protesta urgentísima ante su conversión en una

Democracia Prostituyente en la amplitud cabal del significado de este epíteto; ya que

homosexuales y rameras salen a la luz, reclaman e intervienen ostento-reamente.

Junto a los barrotes del puente bilbaíno de la Victoria se encadenaron y a la par en el armazón

del puente colgante de Portugalete, con fervor de su Democracia Prostituyente. presos y

cómplices del Copel, estudiantes ociosos de Medicina y enfermeras, con un acompañamiento

de prostitutas en ejercicio, quienes presentan la requisitoria de sus derechos y tarifas, por

donde quiera haya un alevín o un complaciente profesional de los Medios de Comunicación

Social, dispuestos a difundir la propaganda contra la Ley de Peligrosidad Social, y a meterse

con la obsoleta (este adjetivo es del argot del cursi Mario Soares) Democracia Orgánica,

cuando Leónidas Breznev acaba de repetir el elogio de su eficiente Democracia orgánica

socialista. Se ha comprobado la desinformación de tales sujetos y de los directores de la RTVE

y de la Prensa comprometida en el complot de Estoril y del Kremlin, el Vaticano y de la CIA, de

Estrasburgo, Luxemburgo y Bruselas, teleguiados por el Club masónico y superácrata de París,

con el propósito de imponer el desprestigio y el arrasamiento de la figura y de la España

enteriza de Franco, como cual si fuera posible lograr la amnesia y el deshonor, tal se conceden

amnistía y autonomías. Un diario que presume de ser la vanguardia española en Cataluña ha

cometido la cicatera mezquindad falsaria de conceder un mísero testimonio gráfico de la

desbordante manifestación del 20 de Noviembre en la plaza de Oriente y sus aledaños

repletos, reduciéndola a una pequeña foto rectangular de paraguas abiertos, debajo de una

bandera oscura, cuatro pancartas y dos gallardetes. La inmensa y multitudinaria concentración

humana atraída por la memoria movilizadora del Caudillo y de José Antonio Primo de Rivera,

quedó simplificada en un diminuto amasijo de setas o pagodas debajo del diluvio, cuyo número

no pasaría de dos centenares de minúsculas cúpulas de tela tirante e impermeable, sin que se

divisara un sólo rostro, una mano extendida, una silueta adolescente con el grito de su

esperanza y de su desdén en la boca. Aquella indecorosa manipulación paragüera fue la

microscópica representación de un acto colosal, a través de una mente vidriosa, palatina y

estreñida, que dedicaba a la vez más espacio gráfico a una exhibición tumultuosa y populosa

de la Unión de «pagesos» o campesinos catalanes en cólera. En esta Democracia

Prostituyente, toda la gente de buen o mal vivir se echa a la calle o pretende prostituirnos la

vida y la atmósfera pública, pues ya salieron los múltiples amnistiados, con triple y colmada

gracia de los Poderes prostituidos, y también los presos comunes, que se transformaron en

sociales y en victimas de la Sociedad, exigiendo la puesta en libertad de las etnias y

nacionalidades, de los marginados por sus vicios y defectos intrínsecos, de los Lutes, cuyo

paladín enamorada es la extraña hispana e internacional doña Kristina Bonilla, los mariquitas y

las lesbianas, tan defendidas y ensalzadas por el Informe Hite o por el autor de «¡Oh Calcuta!»,

señor Tynam, quien atribuye a los españoles la plusmarca homosexual. También se echaron a

la calle los compinches de los polisarios, los portadores de ikurriñas y los presuntos o futuros

«segadors» peninsulares, los ladrones de vehículos, violadores, atracadores y secuestradores,

picaros y resellados, perjuros, tupamaros, montaneros y guevaristas, profesionales del paro y

estudiantes sin trabajo, los objetores de conciencia y otros cobardicas que no quieren hacer la

mili, en analogía con los capitanes de Portugal, quienes abandonaron el valioso y lusiado

Ultramar por miedo, que intentan transmitirnos por medio de la cooperación firmada por la

pareja de Soares. Ha venido a Madrid el médico inglés doctor Laing, el más frenético promotor

de la Antipsiquiatría, cuya originalidad consiste en proclamar la inexistencia de la vesania y la

perversidad vergonzante y opresora de los manicomios, o sea, que la demencia total de los

locos y locas liberadas también ha de testimoniarse callejeramente, a la vera de los

delincuentes habituales o contagiados, de los drogadictos y de los menores asesinos por la

infección de la electrónica visual y parlante, de los desertores del deber y del Ejército, de los

prisioneros facciosos y seudoideológicos del terrorismo y del separatismo antinacionales, de los

aberrantes sexuales, de los Amigos de la URSS, de los inscritos a la postrera hora en el PEN

Club, de los Penenes y Mires en rebeldía, de tas fantasmagóricas centrales del etéreo y

subversivo sindicalismo obrero marxista o anarquista, de los futuros presidentes, ministros y

asambleístas de los territorios autónomos. Una marabunta salida de madre soltera y sin padre

reconocido, pero que se prefiere a la serena explosión del franquismo trasmutador y sólo

nostálgico de la honradez y de la hombría masculina y femenina. Un desenvuelto batiburrillo,

un podrido popurrí de esta Democracia Prostituyente, a cuya cabeza marcha descarado y

excitante el puterío de los pendones, exponentes de una España sin honra y con cadenas.

Juan APARICIO

 

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