Autor: Cerezales González, Manuel. 
   Cambio de melodía     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DE tantas encuestas que se realizan sobre las maneras de vivir, pensar y comportarse los jóvenes, me ha llamado la atención una llevada a cabo por un semanario francés cerca, de los profesores de diversos centros de enseñanza de. París. Como ocurre con este tipo de investigaciones, sería arriesgado sacar de ella conclusiones de carácter general, pero algunas de sus observaciones sobre la mentalidad de los estudiantes franceses, en buena parte valederas para todos los países europeos, ayudan a comprender algunos aspectos del problema de la juventud.

La consulta a los educadores es acaso la fórmula que más nos acerca al centro del fenómeno que se pretende desentrañar. Las exploraciones directas en los medios juveniles, supuesta la tendencia de los jóvenes hacia lo dramático y truculento, son menos convincentes y no pasan por lo general de ofrecernos imágenes.instantánéas y superficiales, muchas veces falsas, ´del alma de una generación.

Cuando se habla de "jóvenes rebeldes, inadaptados o disconformes, nos referimos casi siempre a los estudiantes, porque son ellos quienes por su sensibilidad más cultivada y por el puesto que ocupan en la escala social reflejan con mayor fidelidad las preocupaciones dé la juventud. Pero aún así/y a pesar de proyectarse sobre un campo bien circunscrito, e1 testimonio de los educadores no nos aclara todos .los aspectos del problema; antes bien, nos hacen yer las dificultades que impiden conocer y describir con exactitud un trozo de 1a realidad Lumana, por reducido que sea. El mundo de los jóvenes es un mundo diversiforme y cambiante; evoluciona de modo imperceptible, pero raudo y, muchas veces, cuando hablamos de él, estarnos refiriéndonos, sin darnos cuenta, a una fase ya superada, a unos jóvenes que han dejado de serlo, o a una actitud de la juventud que pertenece al pasado. La evolución espiritual se desliza a un ritmo interno que aflora tardíamente a la superficie de la vida" social. No´es fácil pronosticar sobre la salud moral de una generación cuando un oído fino puede percibir que los últimos llegados a ella empiezan a entonar una melodía distinta a la que siguen cantando los que van delante. Es cierto que el alma de la juventud está .impregnada del materialismo de la época, ñero no daríamos el diseño completo si no le agregásemos los.trazos de un rehacimiento espiritual que dicen advertir sociólogos y educadores.

La minuciosa encuesta realizada por el semanario parisino nos informa, por ejemplo, de que a los estudiantes de la capital francesa les interesan muy poco o han dejado de interesarles Sartre. Camus, Simone Beauvoir, Francoise Sagan, y, en otro orden de cosas, la actriz cinematográfica Brigitte Bardot. No nos dicen por quiénes han sido sustituidos estos ídolos, algunos de los cuales se encuentran en el comienzo de su carrera ascendente o en el apogeo de su popularidad; esto ya se irá viendo, pero por lo pronto sabemos que en el espíritu de la nueva generación se está operando una mutación cuyo sentido ignoramos.

Las generalizaciones de los educadores de París que participan en la encuesta son contradictorias. Unos creen que el nivel moral e intelectual de la juventud ha subido en los diez últimos años, mientras otros, los menos, aseguran que ha descendido. Sin embargo, de stis respuestas concretas, de los datos suministrados por la experiencia personal deseada uno de ellos y expuestos con objetividad, pueden sacarse algunas conclusiones. La primera as ellas es que la juventud de nuestros días —considerada en bloque, haciendo abstración de individualidades o grupos que no van con la corriente—está dominada por preocupaciones de orden práctico, por un concepto pragmatista de la vida, impropio de esa edad. Los jóvenes aspiran a vivir sobre seguro v procuran situarse cuanto antes, de modo estable, en el plano profesional. No quieren saber de,ideales elevados y desdeñan el concepto heroico de la existencia. Están muy lejos de emocionarse con los lemas y consignas que exhortaban a los jóvenes de las generaciones precedentes a enrolarse en las organizaciones estatales o en las filas de los partidos políticos. Los jóvenes de ahora menosprecian la política, son escépticos en materia religiosa y prefieren vivir, en un aislamiento moral que ,1os sirve, al menos, para evadirse de la influencia de sus guías espirituales de hace unos años, que les hablaban de la nada, de la angustia y de lo absurdc de la existencia. El resquebrajamiento de la estructura búrguesa de la sociedad, el descensó del nivel de vida en el seno de las familias imponen a los jóvenes una serie de obligaciones que antes no tenían. Los trabajos domésticos o el, desempeño de oficios humildes para costearse sus estudios les proporcionan una experiencia prematura y. amarga, y les previene contra la vida con un criterio realista, que consiste,´para ellos que no creen en los valores superiores, en poseer bienes"inmediatos y tangibles y en disfrutar de las comodidades de la civilización.

Esta actitud sé acopla lógicamente a la circunstancia histórica. Los jóvenes han heredado un universo zozobrante, inseguro, y han asistido al ´descrédito de los ideales que con uno u otró signo alimentaron el espíritu de las generaciones anteriores. Y contemplan a una sociedad obsesionada por la.idea del lucro. En su .escepticismo hay una carga de desengaño, de hastío anticipado, de desconfianza, como una intuitiva prevención contra la incapacidad de los hombres que han vivida medio siglo para infundir un aliento renovador a la situación histórica y para re solver los problemas que oprimen a ¡a Humanidad. Se ha dicho que interrumpida la corriente de continuidad entre padres e ´hijos, ha dejado de funcionar normalmente el sistema tradicional de transmisión de los valores de la cultura de una generación a otra. Pero habría que saber por qué se ha producido esta ruptura; probablemente obedece a.que los padres, perdida la fe en las ideas y creencias qus habían aceptado en su juventud, nada tenían que entregar a sus hijos, o les entregaban una fraseología desvitalizada. que éstos despreciaban..

No apartándoos de la información que ´nos brinda la mencionada encuesta, no sabríamos decir si esta generación, que no ha dado todavía la medida de sus posibilidades, es mejor .o peor que la anterior, de la que sabemos perfectamente lo que ha dado de sí la generación precedente, tenía una vocación activa y dramática. La de ahora parece haber caído en una adbdicación patética de deberes y responsabilida des. A despecho de esas bandas armadas de delincuentes juveniles, que perturban la tranquilidad social en tantos países, esta generación no es rebelde y cuando lo es, no se subleva contra un orden que juzga injusto, sino que se limita a desahogar sus impulsos primigenios de la forma más elemental. Es más bien una generación desustanciada y conformista, situada al margen del esfuerzo humano y de la energía creadora, que mantienen la esperanza en un futuro justo y libre.

Al lado de los rasgos negativos que nos presentan a unos jóvenes identificados con el perfil moral de la sociedad contemporánea, los educadores de París señalan también elementos ´positivos, que no desentonan sino que completan un cuadro que en proporciones reducidas reproduce la fisonomía espiritual de la´época. La concepción utilitarista de la vida tiene también su ventaja: La generación actual cultiva los deportes y la vida al aire libre y ha desterrado el alcoholismo y la sífilis, las dos plagas que diezmaban la juventud de hace treinta años. La misma sensación de inseguridad y abandono que les sobrecoge ante la perspectiva abierta por los errores_de sus mayores y que les induce en el dominio de lo material a instalarse en posiciones sólidas y duraderas, les incita también a buscar refugio para su naufragio espiritual. Por lo que no es extrañe ver en muchos de estos jóvenes descreídos y materialistas despertarse- el gusto por la vida del hogar y una curiosidad creciente por las actividades religiosas y, sobre todo, por la Iglesia católica, en la que ven:la institución estable por excelencia, el más vivo ejemplo de seguridad y permanencia.

Podría, en resumen, concluirse que, vista a la luz de la encuesta a que me estoy refiriendo, la nueva generación tiene en realidad el alma disponible y que si bien están justificadas la alarma y la inquietud por su destino, también está la esperanza puesta en las virtudes que a pesar de todo conserva y en su fondo de insatisfacción. Manuel CEREZALES

 

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