Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   El baile de los palacios     
 
 El Alcázar.    26/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

CRÓNICA DE ESPAÑA

EL BAILE DE LOS PALACIOS

En medio de la crisis económica, del caos político y del desfondamiento de la sociedad, estalla la gran

noticia-símbolo: se busca un palacio para los visitantes extranjeros. Al cabo de dos meses, los moncloístas

descubren lo que algunos advertimos en su momento: el palacio de Aranjuez queda demasiado lejos.

Hemos entrado en el debate de otra cuestión trascendental, que conducirá irremediablemente a otro día

histórico. Mientras España se hunde, la preocupación política se orienta hacia la búsqueda de un palacio

para las personalidades extranjeras que nos visiten. La operación del traslado del señor Suárez al Palacio

de la Moncloa y de su inseparable compañía al Instituto de Semillas Selectas y otras dependencias de la

investigación agraria, hizo precisa la acomodación del Real Sitio de Aranjuez para albergue de

personalidades extranjeras. Toda aquella innecesaria y descabellada operación, fruto de la megalomanía

de unos nuevos ricos de la política, parece que supuso una inversión aproximada de mil quinientos

millones de pesetas. El expediente especial del crédito con las firmas de rigor, habrá de quedarse para la

Historia en el Tribunal de Cuentas. Ha transcurrido un año apenas, pero de nuevo comienza el baile de los

palacios. De igual manera a lo hecho con el monstruo de la Constitución, los medios informativos han

conocido también el borrador alternativo de la operación palacios: ¿El Pardo o el de Oriente? El señor

Suárez, fiel a sus inmutables técnicas, provoca la polémica intencionadamente. Luego hará lo

previamente decidido aprovechando el cansancio general. Frente a las advertencias sobre la lejanía de

Aranjuez y los embotellamientos del acceso a Madrid, adujo la autoridad competente que vivíamos en el

tiempo de los helicópteros. ¿Debemos presumir que la solución helicóptera sirve para la Moncloa y no

para Aranjuez? Entiendo que no es necesrio ningún nuevo palacio, pues con Aranjuez para los voladores

y un hotel adecuado para los timoratos, la cosa queda resuelta. Muchas naciones carecen de palacios para

sus huéspedes ilustres. En dos ocasiones he coincidido en el mismo hotel con Jefes de Estado en países

extranjeros. Una en París y otra en Washington. Barrunto por todo ello que deben existir otros móviles, de

política interna. Ciertos políticos de la nueva situación, varios de ellos con-versos, y en algún ilustre caso

hasta reconverso, se muestran malhumorados por la permanente peregrinación popular al palacio-museo

de El Pardo. El desagrado obedecería sobre todo a los supuestos efectos políticos que en la gente ocasiona

la comprobación de la extrema austeridad de has habitaciones privadas del anterior Jefe de Estado. Aquel

dormitorio de clase media, aquella antigualla de nevera, aquel elemental cuarto de estar..., e incluso las

zonas de vida oficial, constituyen un motivo mortificante de comparación para quienes conocen también

los ambientes en que hacen su vida oficial y privada los actuales prebostes de la gobernación democrática.

Naturalmente, un ilustre visitante extranjero requeriría un escenario más en consonancia con su alcurnia.

¿Corrió un Jefe de Estado, aunque fuera de Angola, podría ser afrentado con mobiliario tan deleznable y

anticuado? Los ilustres visitantes servirían de pretexto, en realidad, para suprimir un testimonio acusador:

el contraste notorio entre el vivir austero de un soldado y tas proclividades palaciegas de los políticos

neodemócratas. ¿Y del palacio de Aranjuez, que se haría? Presumo que algún destino utilitario habría de

dársele, con el fin de justificar el trasisego. Me atrevería a sugerir uno: reservarlo para negociaciones

secretas o para sede del PCE. No es irracional que el interés se me vaya hacia la crónica palaciega. Este

extraño y costoso baile de los palacios simboliza de manera acabada el signo de la política democrática

del señor Suárez. Vivimos en realidad bajo la democracia de estuco y de los cortinones. Se predica la

austeridad, pero no se practica. Se exalta la democracia, pero se ejerce el arbitrismo. Se prometen

avances, pero se consiguen retrocesos. Se garantizan reformas superadoras, pero se realizan

desfondamientos aniquiladores. Se ofrece bienestar, pero se consuman degradaciones y

empobrecimientos. Mientras se cambian y reforman palacios, los españoles regresamos apresuradamente

hacia la covacha, el gasógeno. Después vendrán también la anarquía y el odio. Cuando se analiza la

nómina de personal político, burocrático y de servicio del equipo gubernamental, jamás conclusa, resulta

del todo comprensible el irredentismo palaciego de la nueva oligarquía política. Dentro de poco precisará

el Palacio de Oriente y los palacios y caserones del contorno. A no ser que se incline por la modernidad y

ocupe toda la Ciudad Universitaria. Lo más razonable sería que el señor Suárez se retirase a escribir las

memorias del infortunio de España en su casa solariega junto a tas murallas de Avila. El palacio de la

Moncloa volvería a ser residencia de visitantes extranjeros y en los edificios colindantes podrían entrar de

nuevo los investigadores agrarios, mucho más importantes para España que la abultada e inútil burocracia

política sustitutoria.

Ismael MEDINA

 

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