Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   "Señoras y señores"     
 
 El Alcázar.    04/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

«SEÑORAS Y SEÑORES»

El mensaje del presidente Suárez no ha reportado nada nuevo al general conocimiento público. Sus

apelaciones a la colaboración y aceptación del desolador panorama económico son justas. Lo serían

mucho más si hubiera tenido la cortesía de explicar a la gran familia nacional las razones y orígenes de la

catástrofe. El señor presidente dijo muchas cosas de las que sabía. Otras se las calló. Se refirió a la

preocupación en que viven los españoles; a la angustia de los hogares modestos por los problemas que se

le originan; a la falta de empleo; a los desvelos de las amas de casa; al drama de las pequeñas y medianas

empresas, que echan apresuradamente cierres y que no encuentran quien financie ni la más ligera

promoción reactivadora... El señor Suárez lo sabía todo, como pudimos ver. También nosotros lo

sabíamos. Pero es de suponer —y lo digo sin ánimo hiriente, sólo a la luz del yermo que originan sus

palabras— que este aparatoso derrumbamiento exigirá, cuando menos, alguna explicación razonable.

Decir que había que pagar la democracia, no basta. Porque lo mismo sí a los españoles se les hubiera

dicho esto a tiempo habían optado por quedarse con la orgánica en lugar de apuntarse a la partitocrática.

Todo esto es demasiado grave, demasiado complejo, para que pueda contemplarse aisladamente, sin

confrontar las razones o sinrazones que han operado en la catástrofe. La vuelta al parlamentarismo tenía

un precio. Se pagó, primero, en sangre; y ahora en el descenso, imparable, a lo que se ve, del nivel de vida

que después de siglos de penuria habíamos alcanzado en unos pocos años de sosiego. La austeridad no es

grata, aunque haya que aceptarla y aceptarla con todos los honores. Pero es menos grata cuando nos llega

acompañada de agravios comparativos, notables, aunque sean en la práctica simbólicos. El gasto público

ha sido aumentado en proporciones evidentes. No parece que el señor Suárez González pueda pasar a la

historia con el calificativo de la austeridad a sus espaldas: ha inaugurado palacios residenciales, ha

multiplicado las Carteras, ha creado Secretarías de Estado y «Gobiernos» paralelos y ha utilizado el

«Myster» hasta para verificar el retorno de un simple exiliado. En cuanto a la catástrofe económica, ¿en

qué medida ha contribuido a día la tolerancia de huelgas salvajes o políticas, la falta de autoridad, el

achicamiento en el Exterior, con nuestra industria pesquera paralizada, o los enormes desajustes del

campo? Todo esto no es fruto de la mala suerte, sino de ineficacia o incapacidad políticas. No puede

asomarse uno a ese balcón nacional de la «pequeña pantalla» y decir: «¡ea, señoras y señores, hay que

apretarse el cinturón, aceptar el paro, poner buena cara al disparo de los precios y al estancamiento de los

salarios, asistir impasibles al derrumbamiento de la pequeña y mediana empresa, a la crisis de la gran

industria y al amago frontal de las entidades de crédito... I». Y a continuación sonreír, y con otro original

«señoras y señores», decir buenas noches. Parece de uso parlamentario y democrático el aplicar a esa

oración, fúnebre, un final con mayor suspense: «señoras y señores, pongo mi cargo a disposición de la

voluntad nacional y de la soberanía popular». Pero esa moda no se incluye entre las modas redivivas por

el sortilegio democrático. Es probable que Suárez haya ofrecido a los españoles la libertad de elegir

partido o elegir nacionalidad o elegir bandería. Pero es indudable, también, que su gestión de Gobierno,

en poco más de un año, le ha reportado a España un panorama de desolación y de hundimiento

socioeconómico inaceptable aunque haya que aceptarlo. ¿Merecerá todo esto alguna honrosa explicación?

Antonio IZQUIERDO

 

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