Autor: Llovet Sánchez, Enrique. 
   Doscientas seis     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC

«DOSCIENTAS SEIS»

SI es bueno que se ensayen, se fabriquen y se lancen bombas atómicas, es bueno que Francia lo haga. Si es malo, nocivo o .condenable adiestrar a una familia de átomos para que liquiden rápidamente a esta humanidad turbulenta, entonces es muy malo que Francia participe en la aventura. Nada más. La bomba 206 no es ni mejor ni peor que las 205 que la han precedido. Ha hecho mucho menos daño, por supuesto, que las dos primeras. Yo no acabo de entender las razones de este grito epiléptico, este "¡Francia, no!", que se ha insinuado o pretendido insinuar en nuestro ánimo, de gentecilla europea. A no ser que nos digan; franca y brutalmente, que lo malo no es destruir la vida; que lo verdaderamente peligroso es que la orden suicida pueda darla el presidente de la República francesa.

¿Es eso? Pues si es eso, yo quisiera decir, con muchísimo respeto, que el presidente de la República francesa, aun no siendo mí "tipo", me gusta bastante más que casi todos, los otros presidentes juntos. No creo que sea necesario dar muchas explicaciones. Prefiero París a Moscú y Nueva York, Dior a "Sacks", Anouilh a todo el teatro americano, Rene Clair a todo el cine soviético, el vino de Burdeos a la "Coca-Cola", el "Chateaubriand" a los "perros calientes", la historia de Francia a la historia de Rusia y Norteamérica juntas, los defectos franceses a los defectos de los otros "Grandes", prefiero Brigitte Bardot a Elsa Maxwell las voces de las mujeres francesas a las vóces de las mujeres americanas, y la sobremesa con.un contradictor de París a la sobremesa con un yanqui conformista. ¡ Por Dios!

Europa no es menor de edad. Es pobre. Pero no ´es tonta. Si haciendo una rebatiña, buscando los francos uno a uno, sufriendo y economizando en todo, Francia tiene "algo" que sólo tenían hasta ahora los ricos muy ricos, yo creo que. los europeos con menos capacidad de ahorro le debemos dar una estupenda ovación a los franceses. ¡ A ver si va a resultar que en Francia se arman un lío por tener un nuevo cachivache de lujo! ¡ A ver si resulta que Francia es un país de catetos!

¿Qué pasa por aquí? ¿Protestamos? Ya lo creo que debemos protestar. Pedir la suspensión de los ensayos nucleares no es suscribir una actitud política. Veinte bombas bastan para destruir toda la vida que hay en la Tierra. Ya están almacenadas 120.000. No personalicemos. Supongamos que los unos y los otros son unos seres conscientes y equilibradísimos, unos superhombres de la política, incapaces del arrebato y la locura. ¿Y sus sucesores? Este siglo XX, que ha inventado la penicilina, el avión supersónico, la televisión, el horno crematorio, la cámara de gas y el campo de concentración, por qué nos ha de merecer garantías de equilibrio y mesura política? La ciencia avanza muy de prisa y ´DS políticos van muy despacio. Todavía no hemos conseguido hacer los Estados Unidos europeos, o negros, o árabes, o sudamericanos, y ya andan nuestros cohetes curioseando por entre los planetas. La técnica bombardea la luna y la Administración continúa ignorando qué existe el telegrama. ¿Cómo no gritar contra unas armas capaces de desencadenar la última guerra de todas? Gritemos hasta quedarnos roncos. Pero no contra la bomba 206, sino contra las 206 bombas que ya han sacudido el agua, la leche, el pescado y la atmósfera hasta hacer temblar todas las cotas de seguridad.

Para fabricar una bomba atómica hace falta uranio natural—que Francia posee, claro, en su bendita abundancia—; una pila en que ese uranio, refinado, pueda producir -ra isótopo fisible, el plutonio 239; una técnica para preparar el plutonio del uranio irradiado. Francia extrajo el primero, construyó las pilas y se puso, lentamente,, a separar el plutonio del uranio.

No ha habido grandes secretos. En Marcoule, produciendo 30 gramos diarios, debía haber, a fines de enero, unos 22 kilos. La segunda pila produjo en total, al ritmo de 100 gramos diarios, unos 15 kilos más.

Total: 37 kilos de plutonio. Hacían falta quince para cada "masa crítica" y era preciso tener dos bombas preparadas. Contando las "pérdidas", se necesitaban unos 35 kilos. Han debido sobrar dos, pero tienen la segunda bomba "disponible".

¿Qué valor tiene este esfuerzo? Francia puede fabricar ahora cincuenta´ kilos de plutonio al año: cinco bombas. Dentro de veinte meses, cuando entre en funcionamiento la tercera pila de Marcoule, podrá obtener, en total, ochenta kilos: ocho bombas. Bombas de plutonio; es decir, cincuenta veces menos potentes que las bombas estratégicas rusas y americanas, pesadísimas y tan grandes, que no existe ningún cohete capaz de transportarlas. La • velocidad de vuelo del último bombardero americanas es Mach 3 —tres veces la velócidad MK sonido -- y la del último avión frañcés Mirá IV, es Mach 2. lo que le da kos un diez por ciento de posibilidades diavesar la defensa contraria. Las cien bombas precisas para una fuerza "sería" le costarán a Francia unos dot mil cuatrocientos millones di pesetas, y los cien aviones 1> saldrán en cincuenta y oche mil millones, sin contar los planes de renovación.

¿Quién se siente amenazado por esa fuerza, más futura y potencial que real y contemporánea? Todos estamos seguros de que Francia no volverá a ser, la Francia de Luis XIV o de Clemenceau ¿Podemos estar, igualmente seguros de que no terminará siendo una provincia de Asia o un nuevo Estado de la Unión americana? ¿No es mejor, verla asociada a Europa, libre, alegre, con sus bombas su inteligencia, sus aviones y su lógica: ¿Por qué le molesta tanto a algunas gentes que Francia se mueva? "Ah!, se tourner du cote du mur", que decía Mauriac. Dar media vuelta,. encerrarse en la antropofagia histórica y desmelenarse denunciando la injusticia del cielo y la crueldad de los hombres. ¡Qué deliciosa tentación!

Se ven demasiadas cosas al trasluz de muchos gemidos antifranceses. Se ve, sobre todo, tanto rencor contra Europa, que se le calienta la sangre al más templado. Se adivina que, circulaba por ahi un esquemita tranquilizador: Francia o el vértigo de "la grandeza", encerrada en la última "guerra nacional" del mundo. Un general derribando a otro general. Las viñas en régimen de monocultivo. Grandes préstamos. Sudamericanismo en la mismísima tierra de Rousseau.

Pues, no, nó. Nada de eso. La última "guerra nacional" va a enlazar su terminación con el estreno de Reggan, la horrible y soberbia ciudad atómica del Sahará. El presidente de la República francesa no es un generalito mejicano. Se han equivocado Pinay, Massou, Soustelle y Mitterand. No hacen falta más préstamos ni más hipotecas. De Sudamérica, la música de baile, que es muy "buena.

Yo tengo muchísima prisa por decir, sin la menor reserva, que esa bomba que "internacionaliza" un nuevo Ejército europeo y ese coronel desarmado que se fue con los brazos abiertos a detener a los hombres del reducto de Argel y evitó una estúpida matanza, me carecen dos síntomas maravillosos de la salud francesa. Hablo con abstracción de las implicaciones políticas de esos gestos. Hablo de los gestos" en sí.

Ya me hubiese gustado que España, en vez de tanta literatura y tanto parchear y tanto pito, hubiese sabido encajar su 1898 con tan buenísimó estilo como lo está encajando Francia. Poniéndose a trabajar con rabia. Esto de que los franceses dejen el rayadillo colonial y se enfunden, sin desaliento, la escafandra científica, esto revela upa flexibilidad y una´ madurez que le reconcilian a uno con la Europa en que ha nacido. De verdad que de las 206 bombas atómicas arrojadas; si hay alguna un póquítín, nada más que un poquitín menos antipática, ésa es, precisamente, la bomba atómica 206, natural de Francia. Europa.

Enrique LLOVET

 

< Volver