Como Pilatos. 
 Hernán dez Gil retiró el crucifijo por "indepaendencia, comprensión y neutralidad"  :   
 Reitera que existe la necesidad de contar con una Constitución en el tiempo más breve posible. 
 El Alcázar.    27/08/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

HERNÁNDEZ GIL RETIRO EL CRUCIFIJO POR "INDEPENDENCIA, COMPRENSIÓN Y

NEUTRALIDAD"

• Reitera que existe la necesidad de contar con una Constitución en el tiempo más breve posible

Como un deber ineludible de independencia, comprensión y neutralidad ante los grupos y personas de

diversas ideologías que han tenido acceso a las Nuevas Cortes, justifica el presidente de las Cortes,

Antonio Hernández Gil, la decisión de retirar de su despacho el crucifijo, según declaraciones hechas a

"Cifra". En este sentido. Hernández Gil explicó aue "en las. Nuevas Cortes, por consecuencia de unas

elecciones democráticas, han tenido acceso grupos políticos y personas de diversas ideologías, creencias y

opiniones. Como presidente —subrayó— he considerado un deber ineludible adoptar una actitud de

independencia, comprensión y neutralidad". "Sobre esta base, siguió diciendo el presidente de las, Cortes,

y con el fin de observar el mismo respeto para todas las posiciones, he considerado necesario evitar el

símbolo religioso de una creencia que la propia Iglesia Católica tiende a privar de proyección política

concreta, por lo demás —señaló—> miro también con respeto la crítica que pueda hacerse por mantener

este criterio". A la pregunta de la duración aproximada de los trabajos de elaboración de la constitución,

el titular de las cámaras indicó que en una reciente entrevista para Radio Nacional ya se había referido al

tema. "Es difícil —dijo— predeterminar en términos cuantitativos el tiempo, sobre todo cuando la tarea

está muy en comienzos y, lógicamente faltan datos en que apoyar un calculo". "Me parece evidente —

agregó— que existe la necesidad social, política y jurídica de contar con una constitución en el tiempo

más breve posible, siempre que el texto quede a salvo de defectos e imperfecciones procedentes de una

precipitada celeridad". "El valor a ponderar en primer término —agregó— es hacer una constitución,

correcta y compartida, que refleje la realidad actual, así como el futuro previsible, y que surja en

condiciones de perdurar. Si esto se logra en el menor tiempo posible, tal sería la solución óptima. Para

expresarla en términos temporales, diría la más breve gestación y la más larga vida". Preguntada su

opinión sobre la actitud de las diferentes fuerzas políticas que operan en el Parlamento han dado pruebas

desde el primer día, y en todo momento, de un ejemplar civismo". "ríe dicho muchas veces y-dijo

también— que la democracia no puede esperar sólo de las leyes; hay que esperarla también del propio

sentido de la convivencia concebida como el reconocimiento del otro, la tolerancia y la no subordinación

del entendimiento a la coincidencia de las ideas". "Las Cortes —añadió— producirán unas leyes

democráticas, pero antes de llegar a ellas ya han dado cumplidos ejemplos de un comportamiento

democrático a través del diálogo, el respeto y la mutua comprensión para los pareceres contrapuestos".

Sobre el balance de su gestión al frente de las Cortes, respondió: "temo siempre hacer apreciaciones que

concierne a mi propia persona y actuación. Más aun —subrayó— en mi recién estrenada condición de

hombre público". "Me entrego, explicó, al parecer de los demás y me someto a todas las opiniones, de

ellas resultará el balance. Sin embargo, debo decirle que mi labor se ha visto grandemente facilitada por la

cooperación de los diferentes grupos políticos, sin excepciones y por la cooperación del personal técnico

de esta casa". "Con toda normalidad —concluyó Hernández Gil— se han puesto en marcha unas nuevas

Cortes".

N de la R.— Aunque no somos un periódico confesional, ni queremos entrar en el tema con la extensión

que, sin duda, lo tocará el colega de la Editorial Católica, sí que, como creyentes, tenemos el deber de

puntualizar —mitad sorprendidos, mitad doloridos— la declaración del presidente de las Cortes sobre la

retirada del Crucifijo que había en su despacho. Dice Hernández Gil que ha tomado esa decisión —que

recuerda la otrora adoptada por el socialista Llopis respecto a la escuela— como deber de independencia,

comprensión y neutralidad. Sus palabras nos recuerdan la actitud de Pilatos, cuyo afán de neutralidad,

coincidente sin embargo con la petición de la turba vociferante, condenó a Cristo, en favor de Barrabás.

La independencia no está en aceptar exigencias o seguir corrientes, sino en juzgar serenamente las

situaciones y adoptar un criterio razonable, aunque pueda proporcionar molestias. Si el presidente de las

Cortes no tuviera libertad para santificarse con la presencia de Cristo en su despacho, es precisamente la

independencia la que sufriría, podría acusarse de incomprensión a quien se lo censurase y él no sería

neutral, sino prisionero de una actitud humana que evitamos calificar.

 

< Volver