Autor: Martínez Ruiz, José (AZORÍN). 
   Recuadro del parlamento     
 
 ABC.    18/03/1960.  Página: 49. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

RECUADRO DEL PARLAMENTO

He vivido treinta años la vida parlamentaria en el Congreso. Primero, en la tribuna de la Prensa; luego, en los escaños., El primer jefe de Gobierno que vi —desde la tribuna—a la cabecera del banco azul fue Sagasta, en 1902; a poco dejó el Poder y murió. Había nacido en 1847. Cánovas fue asesinado en 1897.

Los dos grandes partidos dirigidos por Cánovas y Sagasta prestaron, en su turno pacífico, valiosos servicios a la Monarquía, a España. Sagasta tendía a Ia conciliación; Cánovas propendía a imponerse. Vi después a la cabecera del banco asid a Silvela (1903), a Villaverde, a Maura (1904) y a. tantos otros. Ful diputado por ves primera en las Cortes de 1907 a 1909. Presidía el Gobierno de nuevo Maura, y era ministro de la Gobernación La Cierva, que ya había sido ministro de Instrucción Pública con Villaverde.

La mayoría, conservadora excedía en unos cuarenta votos a los votos de todas las oposiciones jimias. Lo que dominaba en la Cámara era la clase media holgada. En 1843, Alcalá Galiano, en sus "Lecciones de Derecho politico constitucional", dice: "En un siglo mercantil y literario, como el presente, es preciso que las clases medias dominen, porgue en ellas resida la fuerza, material y no corta parte de la moral, y donde reside la fuerza está con ella el poder social, y allí debe existir también el poder político." Poco tiempo había, de tardar en que esto no fuera verdad. No por la revolución de 1848, ni por la. revolución de 1868, sino por la misma masa social, que rápidamente evolucionaba. En las mismas Cortes, del 7 al 9 estaba ya latente, mejor, visible, la nueva fuerza social que surgía. Los dos más grandes oradores que he conocido han sido, cada uno con su manera, Maura y Canalejas. El de dicción más pura, Salmerón. No creo que haya existido parlamentario más parlamentario que Romero Robledo. Ni hombre más conversable, más accesible. Fue elevado a la Presidencia del Congreso (1903). El sillón presidencial le honraba y encantaba: pero todo su cariño estaba en su escaño de simple diputado. El artículo 43 del Reglamento dice: "Si el presidente quiere tomar parte en una discusión, dejará la presidencia y no volverá a ocuparla hasta que se haya votado el artículo o punto que se discuta" Vi descender una vez a Rome-

ro Robledo de la presidencia y sentarse en un escaño. ¿El suyo de siempre? ¿Tenía o no gusto en descender? Descendía para defenderse de un voto de censura. En el Congreso se hablaba y no se leía. Alcalá Galiana habla también de esto. El artículo 143 dice: "Todo,discurso se pronunciará de viva vos."

Aunque hubiera sido lícito leer, nadie hubiesa leído su discurso. Se leían los mensajes de la Corona; una ves sólo leyó el presidente del Consejo—conde de Romanones—un breve escrito en que, por su naturaleza, tío debía contener sino palabras precisas, sin interpretación equívoca. Era una declaración sobre la actitud de España en la primera guerra mundial. No era, lo mismo ser gran orador, que ser gran polemista; se podía ser una cosa sin ser otra, o ser las dos cosas a la ves. Gran polemista era La Cierva y también orador correcto. Romanones, con su experiencia política," era un temible contendiente, al par que un orador de múltiples recursos. Sanchez Guerra conocía profundamente el Reglamento; su parecer era solicitado en toda discusión sobre esa norma de la Cámara. Era. Sánchez Guerra un hombre nervioso y cordialísimo; tenia un valor cívico y un valor personal grandes. He asistido a muchas borrascas parlamentarias; sólo he presenciado una sesión permanente. Terminó un amanecer, cansados todos, enervados todos, enrarecido el ambiente, sembrados de añicos de papel el salón y los pasillos. No recuerdo cuándo comenzó. El primer deber de los ministros en este Parlamento—como en todos los Parlamentos monárquicos—era el de "cubrir la Corona", o sea, el declararse en iodo momento responsables de todo acto que se imputara a la Corona.

Y ahora, para terminar, dos notas Económicas. Escuché un día—no puedo precisar cuál—el discurso que Villaverde hizo sobre la "peseta enferma". Escuche otro día, años despues, en 1911, el discurso que pronunció sobre los "duros sevillanos"., el diputado por Sevilla don Cayetano Lúca de Tena. Terminó pronto la sesión; era primavera; nos fuimos los dos a pascar a Recoletos. Padecía el querido amigo tina cruel dolencia cerebral; había consultado, sin alivio, especialistas europeos. Murió, por el verano, en San Sebastián. Era todo un caballero.

AZORIN

 

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