Autor: Reyes, Roberto. 
   El restablecimiento de la Generalidad de Cataluña     
 
 El Alcázar.    30/08/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL RESTABLECIMIENTO DE LA GENERALIDAD DE CATALUÑA

SE pregunta un amigo y colega por partida doble, el Sr. Ruiz Gallardón, en uno de sus incisivos

y amenos "apuntes políticos" que publica en ABC, que, "quién tiene facultades para establecer

y regular la Generalidad" de Cataluña. Y se responde, que por descontado las Cortes. Pero las

Cortes, puntualiza, previa una Constitución que lo autorice, sin que el Gobierno pueda hacer

otra cosa, dice, que conformar la Generalidad en el marco de la "Ley de Bases de Régimen

Local". Más esto, añade, no lo quieren "ni los parlamentarios catalanes, ni quizá el señor

Tarradellas", del cual me apresuro a aclarar que, al transcribir su nombre, no he suprimido por

mi cuenta el adjetivo de honorable con que, sin saber por qué —yo al menos—, es general y

sorprendentemente identificado, éste hasta hace poco ignorado político, cuya profesión

desconozco, pero del cual sí sé que cuenta actualmente con 78 años; que inició su carrera

política en el Centro de Dependientes del Comercio y de la Industria de Barcelona, —del cual,

dicho sea de paso, poco o nada saben las generaciones actuales—; que fue diputado en las

primeras Cortes de la República por la "Ezquerra", del Parlamento catalán y consejero de la

Generalidad; que tuvo activa participación en la subversión acaecida en Barcelona en octubre

de 1934, asumiendo la cartera de Finanzas del Gobierno de Cataluña durante nuestra guerra; y

que, exilado a Francia y después a Suiza, allá en 1954, hace por tanto ventitrés años, un grupo

de poco más de veinte parlamentarios catalanes, cuyo mandato había expirado hacía decenios,

le eligió en México presidente de esa exilada Generalidad que está a punto de abandonar el

estado de hibernación a que estuvo sometida durante treinta y ocho años, varios meses y no

sabemos cuántos días. Pero, volviendo al tema, procede destacar que el señor Ruiz Gallardeo

concluye su "apunte" diciendo que, como a "hurtadillas" no puede el Gobierno instaurar la

Generalidad, de tener que establecerla, el tema es de la competencia de las Cortes. Pues bien;

lamento discrepar de mi ilustre amigo y compañero. Sean o no constituyentes estas Cortes —y

téngase presente que no se convocaron como tales—, aquí, fuera de las elecciones generales

de junio pasado,de las que son óptimo fruto diputados y senadores elegidos por sufragio

universal directo y secreto, salvo los miembros del Senado de designación real, lo único que el

pueblo español ha votado, ha sido la Ley para la Reforma Política que aprobó en el referéndum

de 15 de diciembre de 1976 y por la cual quedó establecida la democracia como sistema

político dentro del Estado de derecho. Ahora bien; esa Ley no derogó, sino que sólo purificó las

otras que aún conforman el entramado constitucional de España. Y ello únicamente en cuanto

incompatibles con aquellas. Mas... ¿dónde se lee en la Ley de Reforma Política o en las

restantes fundamentales de la nación que las Cortes, el Gobierno, los parlamentarios catalanes

o el honorable señor Tarradellas puedan restablecer o establecer un organismo para gobernar

autonómicamente a determinada región española, cuyo idioma coexista oficialmente con la

lengua nacional; que tenga sus propios tribunales, su Parlamento, su Fuerza Pública (mozo de

Escuadra) y en fin cuanto comportaba aquel estatuto de Cataluña cuya filosofía y auténtico

objetivo hizo, que primero por Maciá, el propio 14 de Abril de 1931, y luego por Companys en

clara conexión con la revolución de octubre de 1934, se proclamase, por el primero, la

República Catalana dentro de la Federación de Repúblicas Ibéricas y por el segundo el Estado

catalán en el seno de otra República Federalista Hispánica, sin más vínculos con el Estado

español en ambos casos que lo de Defensa, Moneda y Representación Diplomática? Es más;

en tanto no se deroguen expresamente esas otras leyes por un referéndum, al cual deben

concurrir todos los españoles porque tanto Cataluña como las Vascongadas se han

superpoblado y engrandecido (114 habitante por Km2 frente a los 42 del centro de España)

merced a la sangría emigratoria de otras regiones —más de seiscientos pueblos abandonados

en La Mancha y Extre-madura— y, en tanto ese referén-dum no se realice, si, como probamos

el 15 de diciembre de 1976, vivimos en un Estado democrático de derecho, no hay que olvidar

la plena y absoluta vigencia, por ejemplo de estas tres normas constitucionales:

Una: "La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible" (IV principio de la Ley

de 17.5.1958).

Dos: "La soberanía nacional es una indivisible, sin que sea susceptible de delegación ni cesión"

(artículo 2°, 1 de la Ley Orgánica del Estado).

Tres: "El sistema constitucional del Estado español responde a los prin cipios de unidad de

poder y coordinación de funciones" (artículo 2°, de la Ley Orgánica del Estado). Tampoco cabe

olvidar que también están vigentes estas dos reglas:

— "La Administración no podrá dictar disposiciones contrarias a las leyes" (I del artículo 41 —

L.O.E.)

— "La responsabilidad de la Administración y de sus autoridades, funcionarios y agentes, podrá

exigirse por las causas y en la forma que las leyes determinen" (III del artículo 42, Ley citada).

Y no se olvide por último que si el estatuto de Cataluña, la Generalidad, etc. desaparecieron

durante cerca de cuarenta años, tras muy pocos de vida y menos de vida apacible, para llegar

a esa derogación, el pueblo español no sólo el de Cataluña, se dejó muchos muertos catalanes

y no catalanes. No, desde luego, el millón que frivola y espectacularmente estableció Gironella,

pero si más de 400.000. Pareció además, imnumerables sufrimientos y heridas aún no

cicatrizadas. Y si de verdad de lo que se trata es de "reconciliación", esta no se conseguirá

ciertamente con imposiciones por vía de "trágala" y además ilegalmente. Y menos aún algo que

con razón o sin ella, sirvió de base para la legal y solemne declaración a que antes me referí y

que aún rige al menos oficialmente. Y ello según ley jurada varias veces por muchos de los que

nos gobiernan, norma incorporada a la Ley Orgánica del Estado que no hace aún diez años

aprobó por referéndum nuestro pueblo y ley que declara, repito, la intangibilidad de la unidad

entre los hombres y las tierras de España que hoy muchos malnacidos, dentro y fuera de ella,

quieren a todo trance romper a pretexto de autonomía desorbitada, que sólo son en puridad,

desgajamientos, sin raigambre histórica, consuetudinaria, ni lógica, que sólo persigue la

desintegración de España y su retorno a tiempos anteriores a los de los Reyes Católicos, para

convertir sus residuos en fácil presa del colonialismo económico e incluso político de las más

fuertes y poderosas naciones.

Rorberto REYES

 

< Volver