Paraguas para dos     
 
 El Alcázar.    30/08/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PARAGUAS PARA DOS

HUBO un tiempo en que se puso de moda la bicicleta para dos, aquel tándem romántico que permitía a

los enamorados ampliar el paralelismo de sus latidos de corazón, hasta el acompasado pedaleo. Eran

tiempos en que hasta el amor era activo y marchaba sobre ruedas con la contribución del esfuerzo.

Ahora, por lo que vemos en la fotografía, el último grito es el paraguas de dos cabezas. Y es que vivimos

tiempos de chaparrones, donde en cualquier momento puede caerte encima el ¡agua val del resentimiento,

de la mezquindad o de la nación hecha pedazos. El amor mismo ha sido descabalgado de la bicicleta que

requería un velódromo de intimidades y se ha de cobijar bajo el paraguas, más concorde con la actitud

burguesa, pasiva y decadente. El nuevo paraguas es aparentemente más social, porque comparte el cobijo

y recoge a medias el olor a tierra húmeda que es una de las sensaciones más gratas. Pero como toda

socialización a la ligera tiene sus inconvenientes: Pesa más y, aunque permite compartir el efecto

beneficioso, aumenta la carga de uno solo. Es un poco como la bufonada del que estaba repartiendo los

coches de sus conocidos para cuando llegara la revolución y, al preguntarle su amigo qué harían con la

motocicleta suya, respondió: ¡Hombre, la moto es mía! El paraguas para dos puede, sin embargo, ser la

fórmula perfecta si, algún día lluvioso, coinciden en Barajas González y Suárez. Nada tan democrático

como ver al Gobierno y a la oposición bajo el mismo artefacto. Si a España ya no hay paraguas que la

proteja, que se salven al fin del chaparrón, los tupés de esos dos justos.

 

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