Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   La democracia la hacen inviable     
 
 El Alcázar.    30/08/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LA DEMOCRACIA LA HACEN INVIABLE

D. Luis Olarra, senador de designación real, ha escrito un artículo veraz sobre la coyuntura

económica. "Estamos viviendo momentos difíciles —nos dice el senador—, y los que se

avecinan aún lo van a ser más". En la "locura económica" que padecemos, siempre según el

senador Olarra, colaboraron de manera muy activa algunos miembros del actual Gobierno,

desde sus sillones en el anterior. El signo catastrófico, no es ya una herencia distante, sino una

herencia tan próxima que incluso la recogen los mismos legatarios. El presidente del Gobierno

se presenta, pues, como el máximo responsable de tan calamitosa gestión económica, que me

temo mucho no pueda remediar el hombre independiente buscado por el Rey para desfacer tan

graves entuertos. Del artículo del senador Olarra importa también esta preocupación: "el

Gobierno tiene la posibilidad de acobardarse ante lo que se avecina y volver a suministrar

liquidez al sistema, atenuando de momento algunos de los problemas. Pero esta política; nos

llevará a alimentar el proceso inflacionario, que, sin pasar muchos meses, llevaría a nuestro

país a una situación equivalente a la Argentina anterior a Videla. Por eso llegó Videla".

Sin entrar en si tenemos o no un Videla en perspectiva para España, me parece que la

premonición del senador debe aplicarse no sólo a la economía, sino al entero paisaje nacional.

A partir de ella, podemos admitir que el acobardamiento del Gobierno no es una posibilidad,

sino un hecho. El Gobierno tiene miedo. Por eso sus acciones son tan imprevistas,

incoherentes, envaradas y descoyuntadas. Desde el miedo es difícil gobernar. Pero si debajo

del miedo no existe substancia política, las reacciones pueden adquirir caracteres demenciales.

Y escribo reacciones desde la certeza de que el Gobierno carece de lo que es indispensable

para gobernar:una ideología, unos objetivos, un programa y una estrategia. Suárez va a

remolque de su ambición y de los acontecimientos, pues fuera de la ansiedad por mantenerse

en el Poder, carece de cualquier otra pretensión clara, a no ser que se la presten o se la

impongan. Una muestra deprimente de lo que digo lo tenemos en la mal llamada "Marcha de la

Libertad". Lo de menos es la gente que estuviera en la campa de Arasuri, que la fotografía

cuadriculada fija en cerca de 30.000 y la consabida parcialidad militante de Diario 16 hace subir

a 100.000. Lo único que importa destacar ahora de esa triste carnavalada política reside en la

presencia impune de los "extrañados". Que una pandilla de asesinos sea aclamada por 30.000

personas, habla expresivamente del clima de degradación moral y cívica a que se ha llegado

en ciertos ambientes españoles. Pero más infamante aún es que tales sujetos puedan

participar tranquilamente como protagonistas en un acto público, cuyas posibles derivaciones

concentraron un despliegue importante de Fuerzas de Orden Público. Cuando los "extrañados"

se presentaron en territorio nacional, haciéndole un espectacular corte de manga al Gobierno,

dijo solemnemente el señor Martín Villa que había dado orden terminante de que se les

detuviera allí donde se les encontrara. Varias veces han aparecido en público con gran

ostentación y aires de desafío, sin que nadie haya osado detenerles. A los miembros de las

Fuerzas de Orden Público les sobran agallas, sentido del deber y patriotismo para echar mano

a los asesinos reconocidos de tantos compañeros suyos, sin que les arredre la presencia de

30.000 manifestantes. ¿Por qué no lo han hecho entonces? Mientras oficialmente no se dé

otra, sólo existe una explicación razonable: las órdenes impartidas no son de detención.

¿Debemos convenir con el senador Olarra que también en el terreno del terrorismo el Gobierno

está acobardado? Salvo aceptar hipótesis de extrema gravedad, no caben otras justificaciones

posibles a una realidad incuestionable: en las provincias Vascongadas no manda el Gobierno,

sino la ETA. Por ello, la al parecer inminente concesión provisional de las autonomías a

Cataluña y País Vasco, no configuran el resultado de una negociación, sino que la negociación

sería sólo el enmascaramiento de una cesión dictada por la debilidad, la impotencia y el miedo.

¿Y qué hay detrás de todo eso? Me temo mucho que los socialistas estén haciendo todo lo

necesario para que quede suficientemente explícito. Los socialistas se dedican con fruición a

ocupar edificios de dominio público y a otros expedientes parecidos, con una desfachatez tan

notable, que los testigos se creen transportados de nuevo a aquellos días del 38 y del 37 en

que socialistas y comunistas se entregaban a incautar y asesinar con parecido estilo y

análogos argumentos. Y si algún juez,, en cumplimiento de su deber, inicia las diligencias a que

viene obligado ante la presunción de un delito, uno de los allanadores se permite declarar de

tales diligencias judiciales qué se trata de "algo absurdo, lo más absurdo que se pueden echar

las personas a la cara. Creemos que estamos en una democracia y, al parecer, seguimos en

una dictadura". El autor de esta lindeza es el señor Borras, diputado del PSOE. No sé lo que el

señor Borras entenderá por democracia. Pero es fácil imaginarlo. La democracia, en cualquier

caso, posee indudables ventajas para los diputados socialistas. Una de ellas reside en la

inmunidad parlamentaria, que automáticamente traducen por impunidad. El parlamentario ha

permitido al PSOE institucionalizar para sus más exasperados activistas la impunidad de hecho

de que gozan los "extrañados" de ETA. ¿O es sólo casualidad que diputados socialistas

aparezcan con tanta frecuencia en aquellas situaciones que, dado su cariz, suelen concluir en

colisión con las instituciones básicas del Estado o con los valores esenciales de España?

La provocación de un diputado socialista a las Fuerzas Armadas en Valencia, la "provocación

de otro diputado socialista a las Fuerzas del Orden Público en Santander y la provocación de

otros dos diputados socialistas a la justicia en Alcázar de San Juan (las tres noticias las tomo

de "Diario 16"que las exarta), por citar hechos recientes, explicarían con suficiente claridad que

es muy difícil aceptar la tesis de la casualidad y que debemos tomar tales hechos en su

condición de manifestaciones normales de una determinada filosofía política y de una

específica estrategia de cambio. Este tipo de acciones, desde cuyos desenlaces se puede

montar una campaña vindicativa contra la "falta de democratización" de esas instituciones,

concuerdan demasiado con una técnica encaminada a la destrucción de las instituciones

básicas del Estado, ampliamente ensayada hace medio siglo en España y durante estos años

en otras naciones, entre Tas que Italia es un ejemplo ariamente expresivo. Termino

apoyándome en otra frase del senador Olarra: "Con seriedad, disciplina y trabajo, la

democracia es viable". Lo cual nos lleva a una conclusión penosa: el Gobierno y los socialistas

están barriendo de España la seriedad, la disciplina y el trabajo. Y en consecuencia, la

democracia.

Ismael MEDINA

 

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