Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Un turno de protesta     
 
 El Alcázar.    07/09/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

UN TURNO DE PROTESTA

EL Gobernador Civil de Madrid ha denaga-do la solicitud para celebrar una manifestación-

homenaje a las Fuerzas del Orden Público. Liberal de toda la vida, liberal incluso para servir

con entusiasmo a la Dictadura, don Juan José Rosón ha resuelto prohibir "por una cuestión de

forma" el intento de honrar a los servidores de la paz. Una cuestión de forma, ya se sabe,

puede ser la ausencia de la póliza correspondiente en una instancia. Supongo que los

promotores del homenaje deseaban, cuando menos, paliar el torrente de desdén, cuando no de

Injurias, de que son víctimas unos hombres que tienen en su haber colectivo el decoroso y

triste balance de docenas de muertos. Acepto el escrupuloso talante liberal del Gobernador de

Madrid. Y acepto, simultáneamente, que existía defecto de forma en la solicitud formulada para

esa manifestación. ¿Era tan grave que no pudo subsanarse sin evitar la rotunda negativa? ¿Se

amparó ésta en el defecto de forma para no declarar abiertamente que esa manifestación pone

en compromiso la imagen de los hombres de UCD que dicen gobernarnos? Aquí puden

producirse fenómenos como el de los etarras extrañados, subvencionados y retornados sin que

ningún Gobernador Civil —por ejemplo el señor Rosón— se rasgue las vestiduras por el

quebranto de la forma. Pero, ¿qué se diría del Gobernador Civil de Madrid si aceptase una

manifestación que se propone aclamar a España y a los hombres que han derramado la última

sangre por ella? El patrón liberal de la UCD se erosionaría. ¡Qué dirían en Europa! Desde luego

yo no sé lo que dirían en Europa. Me limito a expresar lo que pienso yo: la democracia va por

mal camino. Y baso mi criterio en dos razones formales: toda convivencia en libertad no es

viable si no está basada en el principio de respeto mutuo y en el acatamiento al Estado de

Derecho. El interminable rosario de desatinos políticos generados por el Gabinete Suárez y por

los hombres de la UCD imposibilitan aquella sumisión natural a las leyes vigentes. Diríase que

cualquier actitud que trate de reafirmar una voluntad nacional tropieza con el escrúpulo de los

políticos que, cada mañana, ante el frontispicio de "su" Estado Liberal, exclaman con el poeta:

"estoy convicto, amor; estoy confeso..." Esta luna de miel accidentada en la que se registran

movimientos de secesión inaceptables, burlas públicas a la Justicia, acusaciones de partido a

las Fuerzas del Orden Público, catástrofes económicas y paros Inconcebibles, va a terminar en

el divorcio de España con su destino, sin que exista Tribunal que pueda avenir una fractura

espiritual y práctica de tan enorme dimensión. Los hombres que dicen gobernarnos no quieren

aceptar un hecho que precisa, con excepcional maestría política, José Antonio Girón en su libro

"Reflexiones sobre España": sólo en función del desarrollo demográfico —viene a decir el autor

del libro, al que cito de memoria y sin la posibilidad inmediata de precisar el texto— habrá que

exigir dos cuestiones insoslayables: la socialización de los bienes de consumo y el

establecimiento de un principio de autoridad, sin el cual ninguna persona podrá aspirar a una

vida libre en convivencia. Ese es el destino del mundo, y acaso por aso, y salvo que se

verifiquen los planteamientos prospectivos de Khan y Wierner, el único movimiento ideológico

que a escala universal tiene asegurado el porvenir es el comunista. En esta edición de EL

ALCÁZAR se da cuenta de la legítima censura ejercida por la URSS sobre los libros españoles

que concurren a una exposición en Moscú. De la extensa muestra han sido eliminados por las

autoridades comunistas todos aquellos volúmenes que se consideraban pornográficos o que

atentaban a (a institución familiar. El comunismo sabe lo que quiere y adonde va. Pedir que lo

sepa el señor Gobernador de Madrid resultaría excesivo. El señor Rosón puede haber censado

que autorizar una manifestación de homenaje a quienes tutelan el derecho de convivir es un

acto de subversión del Estado Liberal en el que cree, desde los tiempos en que anatematizaba

a Juan Manuel Serrat y subvencionaba el éxito de Massiel en la dorada "Europa del Milagro".

No he intervenido en el proyecto de celebrar una manifestación de homenaje al Cuerpo

General de Policía, a la Policía Armada y a la Guardia Civil. Participo con toda energía, sin

embargo, en la condena a una prohibición que, con defecto de forma o sin él, merece todos los

respetos.

Antonio IZQUIERDO

 

< Volver