Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   ¿Se pasa el señor Suárez al P.S.O.E.?     
 
 El Alcázar.    07/09/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

¿SE PASA EL SEÑOR SUAREZ AL P.S.O.E.?

MUY optimista me parece el editorialista de "Informaciones" cuando afirma: "Don Adolfo Suárez

y don Felipe González negocian la defensa del proceso democrático sin abdicar un ápice de las

respectivas posiciones". Lo podríamos creer de no darse dos condiciones previas: La noticia

que el mismo periódico publica sobre el "Programa Suárez" y que la gente suele tener

memoria. En relación con la existencia del "Programa Suárez" sostiene el mencionado

periódico que "previsiblemente con esta importante medica el presidente Suárez va a reasumir

plenamente la iniciativa política y va a poder gobernar con eficacia". El informador, metido a

augur, olvida que para "gobernar con eficacia" no es imprescindible llegar a un acuerdo con

Felipe González, basta con una sola condición especifica: Tener densidad de gobernante. Y

hemos de confesarnos los españoles con inevitable tristeza, que de esa densidad insustituible

carecen muchos mozos que se creen ungidos por la diosa Democracia. El nuevo "paquete

Suárez" constaría de veinte decretos, los cuales incluirían "desde la reforma del Código Penal,

en muchos aspectos arcaico, hasta la regulación de las libertades públicas y del derecho a la

intimidad, pasando por una nueva regulación de las relaciones laborales y por un auténtico

Estatuto de información. Los derechos sociales (quizá hasta una ley del aborto) van a quedar

plenamente reconocidos. Se eliminarán todos los residuos de las llamadas leyes represivas del

antiguo régimen". Me parece importante reproducir con minuciosidad este valioso anticipo de

"informaciones", por cuanto "se trata de un verdadero programa de Gobierno, que puede

transformar la sociedad española". Esta revelación sobre el "paquete Suárez" adquiere una

dimensión política sorprendente, a la luz de las declaraciones de Felipe González. La amenaza

de crisis hecha estallar por Santiago Carrillo en la misma santabárbara gubernamental,

afectaba a los mozos de nuestra democratización en muy pareja medida. Es natural que Felipe

González, a su salida del Palacio de la Moncloa, pareciera el eco de don Adolfo Suárez: "No

hay razones objetivas de crisis". "La hipótesis del Gobierno de concentración había sido

rechazada inicialmente de plano por el dirigente del PSOE (r). Pero después del encuentro que

tuvo ayer con el presidente del Gobierno, introdujo un matiz alentador y sugestivo: "El problema

(de la entrada del PSOE en el equipo gubernamental) es el programa. Si no hubiera acuerdo,

no tendríamos interés. Además, no entendemos por qué tiene más garantías un Gobierno de

coalición. Creo que seguirá habiendo Gobierno de la UCD". Otra condición, aunque de

naturaleza formal, era que el Gobierno presentara su programa ante las Cortes y qué sólo en

caso de ser rechazado podría hablarse de crisis. La revelación de "Informaciones" deja las

cosas en claro: una vez más se ha producido el chalaneo. En vez de salvar al Estado, se ha

buscado salvar sólo las apariencias. El índice de temas contenido en el "paquete Suárez"

recuerda con sospechosa fidelidad el resumen perentorio que cualquier periodista habría hecho

del programa político del PSOE. Además, los veinte decretos del "paquete", cuya aprobación

exigirá el señor Suárez de sus ministros en la inminente reunión del Gobierno, precedidos de la

presentación por el señor Suárez "a la nación" de los objetivos que se pretenden. Los dos

jóvenes amantes de la Democracia, previa consulta a Santiago Carrillo, convertido en

Celestina, se han cambiado los programas y los papeles, igual que se cambia de pareja en una

noche loca de juerga. El señor Suárez, para salvar la crisis y el riesgo implícito para él en un

Gobierno de concentración, ha convertido el programa del PSOE en programa de la UCD y del

Gobierno. El PSOE, por consiguiente, llevará a la práctica su programa premarxista, sin

necesidad de gastar sus escasos hombres disponibles en tan ardua tarea. Para ello cuanta con

la desbordada pasión de poder del señor Suárez, dispuesto al parecer a no abandonar el

palacio de la Moncloa, salvo acaso para ocupar otro más espacioso. El cuadro de ese acuerdo,

mortal para España y para la Monarquía, se completa con otras precisiones avanzadas por

"Informaciones", según las cuales "se pretende, regulando plenamente la convivencia

democrática, establecer un mo-dus vlvendi mientras dura el período constituyente. Hasta

ahora, la pervivencia de un andamiaje legal antiguo impide la coherencia en las actitudes del

Gobierno, que tiene que moverse entre la realidad democrática y la realidad legal". Dicho en

palabras sencillas: se pretendería cargarse la legalidad constitucional pervivente mediante el

"paquete" de los veinte decretos, pasándose por el arco de triunfo el derecho popular a

referéndum, la jerarquía de las normas, los más elementales principios en que se afirma la

legitimidad del Estado y otros usos básicos en la gobernación de un Estado. Yo me pregunto si

el grado de sumisión y la capacidad de contrariar la propia conciencia de un buen número de

diputados de UCD, llegará al extremo de participar en la consumación de ese monstruoso

pasteleo que se adivina tras la indiscreción de "Informaciones", cuyo único desenlace

razonable sería la destrucción de España y de sus más respetables valores morales y

nacionales. Me temo que ello pueda producirse, después que ha pasado el día entero sin que

el señor Alvarez de Miranda haya dejado la Presidencia de la Cámara y la UCD, después de la

serie de tremendos bofetones políticos que esta mañana le propinaba "Arriba", órgano de los

Medios de Comunicación Social del Estado y, por consiguiente, del señor Suárez. Tamaña

andanada, que heriría la dignidad de un elefante, no la hubiera publicado mi colega Armesto de

no contar con las más altas bendiciones. ¿Puede sostenerse después de ello que no hay

crisis? Se dice que todavía no ha sido arrinconada del todo la solución insinuada como

desenlace de la campaña llevada adelante con indiscutible habilidad por Santiago Carrillo

durante el verano: un Gobierno de concentración encabezado por el señor Hernández Gil,

actual presidente de las Cortes por designación real.

Ismael MEDINA

 

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