Autor: Arroitia-Jáuregui, Marcelo. 
   El palo al franquismo     
 
 El Alcázar.    27/07/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL PALO AL FRANQUISMO

LA anécdota es conocida de sobra y ha sido abundantemente comentada. En los más negros

tiempos de la Oprobiosa, cuando las consignas impedían abordar una serie de temas que

configuraban la realidad, cuando los editorialistas de los periódicos solicitaban tema para su

trabajo solían recibir la conminante orden de pegarle un buen palo a Moscú. Y con tal premisa

obligada, el editorialista salía del paso. El periódico lucía su editorial y el fantasma de la

sanción se desvanecía, a la vez que se cumplían las consignas obligatorias. Ahora ya no hay

consignas obligatorias ni silencios forzosos, lo cual no quiere decir que no haya consignas ni

silencios. Los editorialistas siguen solicitando el tema diario para su trabajo. Hay, como

siempre, un extenso panorama a la vista y múltiples problemas requerirían una atención y

variados repertorios de carencias invitan a un comentario de urgencia y a un comentario de

serena crítica. Intervienen, según parece, las consignas y los silencios. Y, a juzgar por la

lectura de la Prensa, los editorialistas reciben la conminante orden de pegarle un buen palo al

franquismo, a como dé lugar. Ora en términos irónicos —para lo cual parecen haberse

despertado muchas vocaciones tardías—, ora en términos violentos —en cuyo terreno han

surgido ya auténticos especialistas—, ora en términos comparativos, solución ésta última que

admite numerosas variantes: desde echarle a culpa a la Oprobiosa de los fallos en la recogida

de basuras, hasta reflejar la cavilación de cómo estaríamos si siguiéramos como antes, si

estamos tan mal ahora. AL franquismo le pasa lo que a Moscú, que queda lejos y que no

responde. Con lo cual es un tranquillo la mar de cómodo, aunque peligroso. Conviene que se

tenga en cuenta. No hay más que fijarse lo que ha pasado con Moscú, y el caso puede

repetirse. Y mejor que nadie pueden tenerlo en cuenta los articulistas y editorialistas que

practican este deporte, puesto que muchos de los que lo practican, practicaron antes el palo a

Moscú, y hay que ver con qué velocidad han envainado las espadas. Tampoco es cuestión

ahora de trazar un precipitado repertorio de nombres, porque, como suele decirse, aquí nos

conocemos todos. De todas maneras, no deja de ser sorprendente esa tarea en personas que

uno ha conocido de definidoras de! franquismo por vía esotérica, y ahora están en, plan de

apaleadoras del franquismo por vía directa. La verdad es que la cosa resulta triste, aunque

muchos días nos divirtamos con ella. Parece que existe un temor a la libertad en quienes más

cacarean su necesidad indudable y su mejor manera para ponerla en práctica. Porque se nota

que tienen miedo a decir, por ejemplo, que un determinado discurso constituyó un panteón de

lugares comunes, y enseguida sacan a relucir que en tiempos de la Oprobiosa no se

pronunciaban discursos así, porque todo era oscurantismo y negra reacción, y opresión del

pueblo soberano y otras lindezas, con lo que, en algún caso, parece que se está trazando una

futura justificación para no abordar el tema. O sea, el truco del palo a Moscú, pero practicado

de manera voluntaria y sin estar forzados por ninguna circunstancia, porque ya estamos

metidos en la democracia. Y a ver si hay alguien capaz de justificar democráticamente, tales

procedimientos. Por otra parte, no se entiende esa manía de llover sobre mojado. Todos

sabemos lo mal que hemos vivido durante el franquismo, la tristeza ambiental, la falta de

trabajo, los escasos avances en todos los terrenos, los retrocesos sensibles que padecimos en

otros terrenos mucho más abundantes, etc. No hace falta repetirlo tanto, especialmente a

quienes padecimos con más rigor esos años. Y sobre todo por los que, durante esos años,

consiguieron labrarse un buen pasar, que suele decirse. O sea que a ver si nos dejamos de

mirar hacia atrás con ira y empezamos a mirar hacia adelante con esperanza. EL franquismo

es ya pura historia, y tan fracasada que tiene menos influencia en el maravilloso presente que

el Concilio de Toledo en que la monarquía visigoda nos hizo cristianos hasta cualquier día de

estos. E igual que no se saca a relucir cada dos por tres el reinado de Carlos II, tampoco

conviene sacar a relucir al franquismo. No vaya a ser que la gente se ponga a reflexionar sobre

lo que se dice y alcance conclusiones muy distintas a las aue se le formulan. Hay que

abandonar la pereza mental, que para eso vivimos en libertad, y dejar en su tumba al

franquismo. Y abordar los temas del momento, que son otros, naturalmente. O propugnar,

abiertamente, que todos nos transformemos en protasios, género que prolifera de manera

alarmante y en todas partes. Intención que, me imagino, está muy distante de estos asiduos

cultivadores del palo al franquismo que, como ya he dicho, son muchos.

Marcelo ARROITA- JAUREGUI

 

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