Autor: Giménez-Arnau y Gran, José Antonio. 
   Memorias de cuatro lustros: 1943     
 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 22. 

MEMORIAS DE CUATRO LUSTROS

1943

Por JOSÉ A. GIMENEZ-ARNAU

DESDE principios de mil novecientos cuarenta y tres, a través de los comunicados de guerra, pudo observarse la desesperada situación de las fuerzas que sitiaban stalingrado. a su vez cercadas por el ejército soviético. El 30. de enero el Mariscal Von Paulus se rendía, y tres dias mas tarde le imitaban una serie de Cuerpos de ejercitó. Las cifras ponían la carne de gallina a muchos que —sólo entonces—-empezaban a conceder la posibilidad de una victoria rusa sobre loa hasta entonces Imbatidos ejércitos alemanes. Veinticuatro generales, dos mil quinientos jefes y oficales, casi cien mil soldados prisioneros, ciento cincuenta mil cadáveres y otros tantos desaparecidos, eran, a lo largo de la cruenta e inacabable batalla, el resumen en números de un acontecimiento militar que hacia, por vez primera, aparecer como muy verosímil la hipótesis de una victoria militar de Rusia sobre Alemania.

Era muy difícil que los acontecimientos en los comienzos del año cuarenta y tres fueran del gusto de los españoles que habían luchado y ganado la guerra civil. Cierto que, para ellos, encontrar una grata solución no era fácil desde el momento en que no habia una, sino que había tres muy diferentes guerras. Había la del Pacífico, en que su condición ,de "rostros pálidos" les inclinaba de modo decidido del lado sajón frente a los amarillos. Había la lucha contra el comunismo, en la que, sin excepciones, ellos querían la derrota de Moscú, llegando los menos pro-alemanes a desear sólo que tal victoria germana se produjese después del máximo desgasta en forma tal, que la debilitadla vencedora no fuese capaz de imponerse totalmente sobre Inglaterra y Estados Unidos. Porque en esta tercera guerra era donde, crecientemente, se iban viendo aparecer cada días más partidarios de la victoria de Londres y Washington, aumento que; según la condición humana determina, obedecía al deseo de montar en la carroza de los vencedores, y que, como queda dicho, sé extendía a las masas en proporción parecida a aquella con que los hongos proliferan en tarde de lluvia. .

Los nuevos aliadófilos, adaptándose a los nuevos tiempos, habían sustituido el estudio del "der, die, das" por el repaso, del menos difícil Idioma inglés que les iba a ser necesario para, entre otras cosas importantes, seguir la película que la Embajada de Norteamérica estaba a ´punto de proyectar en uno de los más elegantes cines de la Gran Vía. La proyección de "Lo que el viento se llevó" estaba llamada a ser una especie de fecha que marcase, como cuando la República el 14 do abril, los que hablan hecho pública su fe en la victoria aliada antes o después d« la fecha en que Clark Gable y Vivían Leigh, "en radiante tecnicolor", hablaban de otra guerra civil que hasta parecía absolver la decisión de quienes un día so habían lanzado a defender a España con las armas en la mano.

Los aún fieles a Alemania desde fuera del cine, los neófitos creyentes en la victoria aliada desde dentro, mía división se marcaba que no hacia presagiar nada bueno, sobre todo si use cumplían los anuncios de violencia que habían circulado ante lo que en cuarteles germánicos era calificada de Inadmisible provocación yanqui.

Todo quedó, por fortuna, en aguas da borrajas, y salvo el incidente de las tachuelas que dejó pinchados unos cuantos poderosos coches del bando aliadófilo, sólo hubo unos pocos pares de bofetadas y unas cuantas voces de algún exaltado que trató estérilmente de levantar las masas y dirigirlas contra el cine que reunía los culpables asistentes a la película norteamericana. Pero en febrero las noches son frías, la gente que transita de madrugada, poco aficionada a pegarse por asuntos que no sean los propios, y asi los oradores que trataban de agitar las masas no tuvieron éxito alguno. Total, que la sangre no llegó al río y que más de mil fervientes aliadófilos asistieron a la mayor victoria que, en ¿u Ignorancia, habla tenido el capitán Butler o, si se prefiere, Mr. Clark Gable.

En el primero había estado bien "Manolete". Pero a "Manolete" ya se le aplicaba distinto rasero que a los demás; y la verdad es que la cosa no era para tanto. Además repetía mucho. Todas sus faenas —«aviar y faisán—eran Igual. V no sonreía y ni siquiera quedaba nunca mal del todo. En fin, que era torero que DO se prestaba a los cambiantes gustes de la masa cruel.

—Mira—comentó uno a su compañero—, esa cicatriz se la, vi hacer yo en San Sebastián. Fue un Villamarta, al entrar a matar. No lo clavó como a Granero, de milagro.

—Pues tuvo usted suerte—¡comentó un •gracioso—. Porque aquí no lo cogen nunca.

El comentarista miró con severidad al desconocido y le quito las ganas de seguir diciendo gracias. Por otra parte, una enorme bronca ••concentró la atención de todos en el ruedo. El sexto toro, segunda de "Manolete", no veía, y la gente se frotaba las manos pensando que el sobrero pudiese fácilmente resultar incómodo para famoso lidiador. Las esperanzas del respetable no quedaron defraudadas. El sustituto era enorme—más parecía un bisonte que ´no un toro—y además manso, Lo condenaron a banderillas de fuego.

—Con esos toros me gusta a mí ver a los ases—comentó el gracioso de marras.

Un silencio impresionante, silencio de "mala uva", acompañaba los últimos gestos del torero junto a la barrera. Da pronto un murmullo cortó el silencio. —¿Pero está loco?

"Manolete" había pedido la montera y» con su cara ´helada, inexpresiva, se dirigía lentamente hacia el centro de la plaza. Allí, lentamente,, brindó el toro al publico. Luego, con un gesto hizo retirarse del ruedo a todos. Y en el centro de la plaza, tras cuatro pases haciendo doblar al enorme toro, empezó su prodigiosa monotonía y se cansó de torear con la mano izquierda y luego de dar al público aquellos pases que él había resucitado y bauzaron con su nombre. Finalmente, entrando como los hombres, se mojó la mano de sangre colocando la estocada; despacio y por derecho, hasta el mismo puño.

Los que se frotaban las manos viendo al morlaco salir de los toriles estaban ya preparándose para—apenas "Bienvenida" y "Morenito" terminaran en el séptimo y el octavo—cargarle a hombros y pasearle por el ruedo camino de la calle de Alcalá, manchados dé la sangre que salpicaban las orejas y el rabo que el impasible torero agitaba entre sus manos.

—Pues a mí no me llena. Es soso y frío. Mis gustó más Juanito Belmonte —dijo en voz alta el aguafiestas.

Al terminar la corrida, Ricardo se tropezó con Gorostiza. —¿Qué te pareció Manolete"? —¿Parecerme?—Gorostiza hizo una pausa—. Pues que torea como los de antes y que torea con toros como los de antes.

Para .quien había pasado los treinta, y Garostiza hacía casi dos lustros que los cumpliera, "como los de antes" era una expresión que daba fe de la admiración por las cosas y hechos de su juventud. ¿Para toros? Los de antes. ¿Banderillear? Como los de antes. ¿Jugar al fútbol? Los de antes. Una expresión nostálgica que tenia la virtud de exasperar a los más mozos que, con criterio lógico, pensaban, probablemente; con tanta razón como sus mayores, que lo bueno, era lo de ahora. "¿Cómo los de antes?—se indignaban—.

Ayer, en un "Blanco y Negro" de la abuela vi a Joselito dando un pase. De carcajada, ¿sabes?" "No digas blasfemias. ¿Te diste cuenta a qué toro se lo hacía?" "Pues ni siquiera era grande, ¡fíjate!"

—¿Como los de antes?—repuso Ricardo—. Yo creo que mejor que los de antes. ´ —¿Cuidado, Valdés. No te olvides que en la torería hubo dos hombres que se llamaron José y Juan.

En catorce días Sicilia sucumbió. El 23 de julio los aliados entraban en Palermo. Pero esta noticia, digna de muchas columnas, cedió el paso y la preferencia a otras que se sucedieron pocas horas más tarde. La noche del veinticuatro se reunió. a petición de algunos de sus miembros, el Gran Consejo Fascista. La proposición de Grandi—que la Corona asumiese la dirección del mando militar y político—fue

´ aprobada por un desconcertante resultado de diecinueve votos a favor y siete en contra, con dos abstenciones. Esto significaba —aunque el propio interesado no se hubiese dado cuenta --nada menos que la caída de Mussolini. El responso en la histórica reunión habla sido hecho con palabras suyas que Grandi creyó oportuno revivir. "Perezcan todas las facciones, Incluso la nuestra, para que la nación se salvé."

El veinticuatro, víspera de Santiago, Patrón de España—otra vez domingo para ganancia de "La Hoja del Lunes"—, Benito Mussolini, después de veintiún años de mando, se encontraba "protegido"—peligrosa palabra desde hace lustros-—, so

 

< Volver