Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Cuando falla la credibilidad     
 
 El Alcázar.    27/07/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

CUANDO FALLA LA CREDIBILIDAD

Lo primero que un Gobierno precisa es credibilidad. Esta necesidad es aún mayor en situaciones críticas

contó la que ahora atraviesa España. De ahí que deba mostrarme de acuerdo con José María Ruiz

Gallardón, cuando escribe en la primera entrega de su reaparición en "ABC" tras las elecciones y la

conversión editorial del periódico: "El Gobierno y la oposición saben que la clave del éxito está en la

solidaridad de todos. Que no se entiende sin claridad, sin justicia y sin eficacia". No es la primera vez que

se advierte sobre la parcela de participación en el poder que tiene la oposición. Es sabido que en Italia,

por ejemplo, los comunistas ejercen de hecho el poder con mayor aprovechamiento que la democracia

cristiana, pese a ser el Gobierno un "monocolor" de este último partido. También aquí el PCE ha

conseguido insertarse en el área del poder, aunque no tanto todavía como el PSOE (r). Los socialistas lo

niegan, pues es consecuente con el socialismo el juego a las dos caras, con la curiosa particularidad de

que se lo niega a si mismo. Ruiz Gallardón constataba esta mañana, en efecto, que la oposición "también

nos gobierna, y mucho, quizá demasiado para lo poco que se moja´. Pero Luis Velasco "del grupo de

economistas del PSOE´´ (lo será bajo palabra de honor, pues por su artículo en "El País" nadie lo creería)

se anticipaba el viernes a desmentir: "No es cierto que la Oposición sea parte del Poder". Pocas veces en

la Historia de una Nación habrá tenido la oposición más capacidad resolutiva que ahora en España, para

desde el Poder suplantar el proceso legítimo de ese Poder. Quiero decir que la transformación del

Régimen de Franco en democracia inorgánica, con sumisión incluso a las balandronadas más humillantes

de sus enemigos declarados, se ha hecho sobre todo con arrobo casi enfermizo hacia las tesis de la

izquierda marxis-ta y de las instancias separatistas. Más que a una operación politica razonable, parece

que asistimos a la sumisión del ucedismo a los caprichos de una amante desaforada. La primera gran

cuestión que se nos evidencia al diseccionar el cuerpo político de España, es la situación incomodisima y

difícil en que se encuentra situado el PSOE (r), precisamente como consecuencia de su participación

efectiva en el Poder y de las proclividades demagógicas del conglomerado gubernamental. La UCDE, que

ganó con los votos conservadores que el miedo y los gobernadores empujaron hacia ella desde su

emplazamiento natural, está haciendo en casi todos los terrenos una política típicamente socialista:

exacerbación burocrática de las estructuras del Estado; gangrena de la unidad nacional; desmoralización

pública; desfondamiento del orden; debilitación del entero aparato de defensa del Estado; proceso sordo

de laicización de la conciencia nacional y de los mecanismos más influyentes en sus conservaciones.... Y

al mismo tiempo, el Gobierno Suárez ha planteado como propio el programa socialista, con

independencia de que el riguroso progresismo científico del profesor Fuentes Quintana haya desbordado

en el plano de la reforma fiscal ese mismo programa, sin necesidad de parapetarse tras estridencias

retóricas. Nos encontramos, en definitiva, ante una situación singular: los avances sociales y los procesos

socializadores del Régimen anterior, habían establecido cotas incómodas para un programa socialista

controlado por el capitalismo, que es el oaso del PSOE |r}. Hay terrenos, como por ejemplo el de la

Seguridad Social, donde las posibilidades tácticas son limitadas y en el que lo más consecuente sería

atender a retoques perfectivos o enderezado-res de desviaciones circunstanciales. Pero el señor Suárez y

sus compañeros de excursión política habían de justificar de algún modo esa gran ficción que es el centro

desde la perspectiva ideológica e incluso desde el plano biográfico. Y habían de ofrecer a la Monarquía

un baldaquino de acentuado color social. De todo ello nació un artificioso desplazamiento hacia la

izquierda, tan hueco como el capirote de un nazareno. Ha resultado así que la izquierda se encuentra

metida en una zona dialéctica demasiado angosta y equívoca, forzada a elevar en muchas atmósferas su

presión demagógica. E incluso llevada a la necesidad de negar por principio. La situación que nace de

todo ese absurdo es muy similar al problema de concepto que plantea Jean Guitton en su "Cristo

Desgarrado", cuando escribe: "Un buen jansenista admite la predestinación del otro al infierno, pero no la

suya propia; nunca piensa con sinceridad que él mismo podría ir al infierno. Es decir que, incluso en las

doctrinas más duras y desesperantes, el hombre se cree salvado de todo y contra todo, lo cual da una

deliciosa impresión de libertad casi infinita". En esa deliciosa y fatua impresión de libertad casi infinita

vive inmerso el Poder (Gobierno y Oposición). Se actúa además, desde la convicción íntima de que

"nunca se lleva lo duro hasta sus últimas consecuencias lógicas. Siempre hay compensaciones". La

debilidad fáctica del Poder en orden al cumplimiento del plan económico y a la asunción de sus

exigencias políticas ineluctables, reside por cierto en la alta dosis de espíritu jansenista en que sus

detentadores andan envueltos. La retórica, en fin, no es bastante para disfrazar las incongruencias y

convertir la carne podrida en manjar exquisito. Los malos olores básicos son muy difíciles de disimular.

No puede exigirse sobriedad y sacrificio a los españoles, cuando se tiran los millones en traslados de

residencias presidenciales y ministeriales. No se puede reclamar austeridad a renglón seguido de una

orgiástica reforma administrativa, creadora de poltronas, puestos y prebendas para satisfacer los apetitos

desenfrenados de la clientela parlamentaria. No se puede demandar autodisciplina de consumo cuando el

yate de un famoso aristócrata es protegido en aguas canarias mediante un costoso sistema de escolta, en

tanto los pesqueros españoles no la tienen o es ostensiblemente inadecuada. No se puede pedir eficacia,

cuando la ineficacia a la frivolidad política gubernamentales han conseguido que nuestra deuda exterior

se sitúe en torno a los catorce mil millones de dólares. No se puede establecer un control de salarios,

cuando una de las primeras preocupaciones de los nuevos parlamentarios ha sido solicitar pingüe subida

de los sueldos, pues los que percibían los "representantes orgánicos" en las Cortes de Franco les parecen

ridiculas e inapropiadas para tan "alta función democrática". Ni se pueden exhibir respaldos morales

cuando la mugre nos llega ya hasta los ojos. Ni sentido de la responsabilidad cuando el Gobierno se presta

a negociar con los asesinos recién regresados de ETA "las condiciones para encontrar una solución a su

situación y el modo en que puedan integrarse definitivamente en la vida social vasca´". Cuando la Patria

se denigra, cuando el Estado se agrieta, cuando la soberanía se disuelve, cuando la moralidad pública se

corrompe, cuando el desorden se expande, cuando la economía se hunde, cuando el arte de la política se

convierte en chalaneo, cuando todo esto coincide sobre las espaldas de un pueblo, el espacio para la

solución es cada vez más estrecho y violentado. Sería necio desconocerlo.

Ismael MEDINA

 

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