Autor: García Serrano, Rafael. 
   Don Jaime el barbudo     
 
 El Alcázar.    02/09/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

DIETARIO PERSONAL DON JAIME EL BARBUDO

JUEVES, 1 DE SEPTIEMBRE 1977.- El hecho de agredir a un diputado no es cosa nueva en nuestra

historia parlamentaria. A José Antonio Primo de Rivera le tiraron una bomba acompañada de una serie de

tiros y ni siquiera suspiró o se quejó, y le agredió un chupatintas de Tribunales, al que contestó con un

tinterazo, y respondió debidamente al insulto de un guardia de Asalto, acaso porque, como no usaba

barba, no era tan delicado como don Jaime Blanco, el cántabro que nos tiene revueltos a todos nuestros

representantes en las Cortes, y que puede ser el origen del despeñamiento ministerial de don Rodolfo

Martín Villa —por quien siento una especial repulsión— a causa de su primera actitud lógica, enérgica y

con sentido de autoridad. (Por el momento, claro, porque conociendo personalmente la calidad humana

del señor Martín Villa respecto a su concepto de la hospitalidad y de la camaradería, y su tendencia a

mostrarse jaque desde el poder contra quienes no le degüellan la ternera —excepción hecha de los etarras

y similares— no me extrañaría que su talante variase al compás que le marcase su director de orquesta,

señor Suárez, viajante profesional democrático (ausente). Hasta Camuñas —Nacho de Nicho, por lo poco

que va a durar como ministro—, ha expresado su inquietud y preocupación ante el caso Blanco, nunca

mejor dicho. Creo que en 1969, XII Año Triunfal de ese minusválido político que se llama Laureano

López Rodó, uno de los personajes del antiguo Régimen que contribuyeron más al desprestigio de Franco,

la Policía Armada, en uso de sus atribuciones, le arreó en la cabeza al Procurador en Cortes don Ezequiel

Puig Maestro Amado, que merodeaba por los alrededores del Teatro de la Comedia el 29 de Octubre,

justo en el mismo momento en que un gobierno netamente derechista, reaccionario y antifalangista

iniciaba el declive del Estado del 18 de Julio. Era Vicepresidente el pobre Carrero, cuya antipatía al

nacionalsindicalismo era superior a la de Felipe González, que al menos había sido del Frente de

Juventudes, institución que aunque predilecta de Franco, no acogió al Almirante. Pues bien, a don

Ezequiel Puig Maestro Amado le partieron la cabeza, sin que se turbasen ni siquiera los médicos que le

atendieron, ni el propio Ezequiel, que aceptó como un riesgo lógico su participación en un acto tan

indecoroso como intentar rendir testimonio de su afección a José Antonio bajo la triunfante tecnocracia de

"Matesa". Conozco casos semejantes ocurridos durante la II República —algunos acogidos con grandes

risotadas por don Indalecio Prieto, y eso que afectaba uno de ellos a su "compagno", si bien algo

maricuela— y supongo que no los hay en tiempos de don Alfonso XIII porque entonces los diputados

vestían alma y cuerpo de chaqué y eso impide manifestarse fuera del "hall" del Palace, que es sitio más

bien seguro, venéreas aparte. Está claro que hay que crear un uniforme de diputado, con mucho plumaje,

entreverado de pavo real y de gallina, para que la Fuerza Pública no corra riesgos innecesarios incluso en

el caso de que los así uniformados insulten a los jefes, oficiales y guardias de Orden Público, o a los

comisarios, inspectores y agentes de la Policía Gubernativa. España —el país, como escupen

dialécticamente todos estos sujetos parlamentarios— se nos disuelve en terror, anarquía y cagalera; la

economía se despeña; el paro avanza; el hambre amenaza. Pero ni las Cortes ni el Senado se preocupan de

ello. Ni se lo plantean. En cambio vamos a presenciar una sesión de hule entre el Gobierno y el PSOE a

cuenta de los supuestos padecimientos de don Jaime ("el Barbudo") Blanco, distinguido personaje mártir

de la autonomía de Cantabria, que por lo visto considera a la sufrida, heroica y machacada Policía

Armada como una versión 1977 de las legiones romanas. No entiendo mucho de teatro, por desgracia —

igual le pasaba a don Gonzalo Torrente Ballester y fue critico en el "Arriba" falangista— pero me parece

que esto se asemeja bastante a una tragicomedia. A mi amigo y camarada Alfonso Paso le pregunto si éste

no hubiera sido un buen tema para don Carlos Arniches, pongo por ejemplo. O para él mismo, que es tan

bueno como don Carlos y además tiene la suerte de estar vivo.

Rafael GARCÍA SERRANO

 

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