Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   El Colapso de la democracia     
 
 El Alcázar.    02/09/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL COLAPSO DE LA DEMOCRACIA

Camacho y Alvarez de Miranda piensan lo mismo. También los comunistas españoles encuentran en

seguida un democristiano con el que estar de acuerdo. Dice Camacho: «La única salida es un gobierno de

concentración de todas las fuerzas democráticas». Corrobora Alvarez de Miranda: «La única solución

inteligente sería el gobierno de concentración nacional». Ambos, por consiguiente, respaldan una petición

anterior de Santiago Carrillo. Pero el presidente del Gobierno y de la UCD no demostró igual criterio

cuando le preguntaron en París si creía necesario el gobierno de concentración: «Evidentemente, no lo

entiendo así; si no, lo habría hecho». Al pobre señor Alvarez de Miranda no hacen más que desmentirle.

Otro, en su caso, habría tenido motivos sobrados para dimitir. Pero tampoco en la democracia del señor

Suárez se dimite. ¿Y por qué tanto interés en que haya un gobierno de concentración nacional? Existe una

explicación honesta : no hay otra fórmula para que los comunistas puedan gobernar abiertamente, en vez

de usar los mecanismos indirectos e incómodos de que se valen en la actualidad. Pero en la coartada para

los periódicos también coinciden el comunista y el demócratacristiano. Dice Camacho: «La crisis es

realmente grave y de ella no se libra nadie». Ratifica Alvarez de Miranda: «Estamos en una situación de

período constituyente con deterioro económico y con incapacidad de cualquiera de los partidos para poder

llegar al pacto social y convencer a las grandes (?) sindicales». No es necesario que nos expliquen la

extrema gravedad de la crisis en que ya ha caído la democracia. Es demasiado evidente. Pero un nuevo

elemento dialéctico puede darnos idea del pesimismo que sobre el ulterior desarrollo de la situación reina

en esas esferas de poder efectivo. Si ayer el senador Otarra insinuaba que al final de una pendiente

parecida tuvo necesidad Argentina de encontrar a Videla, es ahora Marcelino Camacho quien advierte:

«Si la situación no se arregla ahora, luego va a ser muy tarde para encontrar una salida y lo que vamos a

tener es un Pinochet». Mal asunto es, o mala conciencia existe, cuando los políticos comienzan a ver y a

señalar fantasmas. Si la balbuciente y débil democracia centro-izquierda de los señores Suárez, González

y Carrillo necesita tan presto echar mano del viejo recurso de amenazar con el coco, ello debe tomarse

como señal inequívoca de que las cosas marchan peor aún de lo que suponíamos. Al parecer, los

comunistas consideran el clima suficientemente propicio y podrían haber recibido instrucciones de

comenzar la aplicación de la anestesia. El practicante que me ponía las inyecciones de niño, usaba una

técnica muy practica para engañar a su clientela infantil: nos daba un capón; y mientras nos llevábamos

las manos a la cabeza, nos clavaba la aguja en el cachete del culo. Esa misma técnica la han

perfeccionado al máximo los comunistas: amenazan con dictaduras de derechas e instauran la dictadura

de izquierdas. Y puesto que el PSP de Huelva denunció días atrás «la injerencia de las potencias

extranjeras en la política interna del país», bueno será que, cuando Marcelino Camacho, huésped mimado

en las reservas de Crimea para la alta aristocracia marxista nos amenaza con Pinochet, le recordemos este

párrafo aleccionador de Solzhenit-syn: «La situación tal cual la he descrito es clara para el hombre medio

del Este, desde Poznan hasta Cantón. Pero los occidentales necesitarían una gran proporción de fortaleza

y determinación para ver y aceptar la evidencia de la implacable ola de violencia y derramamiento de

sangre que metódica, firme y triunfalmente ha radiado desde un centro único durante casi sesenta años y

para localizar los países que ya están en la cola para el próximo holocausto». Marcelino Camacho fue uno

de los que sirvió aquella violencia radiada desde Moscú, antes de huir entre los que el partido consideraba

convenientes en el exilio cuando la derrota del 39. Aquella violencia fue abortada en España por las

fuerzas armadas. Para entonces, la República democrática era ya inexistente y resultaba inútil -cualquier

intento encaminado a reanimar un cadáver maloliente. Lo ha explicado Guarner, uno de los militares

vencidos: «La infiltración de los comunistas en el ejército republicano fue pasmosa». La derrota no la

sufrió el ejército de una República inexistente, sino el ejército rojo, evidencia ésta que también trasciende

del nostálgico reportaje que, envuelto en sexo, ha dedicado «Interviú» a los supervivientes

norteamericanos de las Brigadas Internacionales. Son las fuerzas armadas las que en diversas naciones

evitaron en último trance el holocausto sobre el que advierte Solzhenitsyn. Las democracias demuestran

una y otra vez su incapacidad para defenderse por sí mismas, es decir, por medios estrictamente políticos,

allí donde la situación ha madurado en todos los frentes (moral, político, social, económico e intelectual)

lo suficiente para que se desencadene el asalto final del comunismo, cuyos mejores zapadores siguen

siendo también hoy el socialismo y el radicalismo liberal. Pero con el añadido novedoso de la democracia

cristiana. Las causas de este absurdo comportamiento democristiano son muy complejas. Pero entre todas

ellas adquiere un indudable valor ilustrativo la denuncia hecha semanas atrás por el semanario

«L´Espresso», y no desmentida, según la cual pertenecen a la masonería casi medio centenar de

parlamentarios de la DC italiana, entre ellos primerísimas figuras como Forlani, con el que se acaba de

entrevistar el señor Suárez. También la revista «Oggi» ha informado sobre las tensiones internas de la

masonería italiana, en la que militan alrededor de centenar y medio de diputados. De la masonería italiana

dice Fabrizio Scaglia que «tiene poder para condicionar nuestra política y nuestra economía».

Cuando Marcelino Camacho saca a Pinochet de la caja de los truenos, no lo hace: sólo para amedrentar,

sino como parte de una campaña similar a la que en otras naciones ha permitido la neutralización e

incluso a veces la descomposición de las fuerzas armadas y de las fuerzas de orden público. Diversos

acontecimientos a los que asistimos, asi como determinadas incitaciones reformistas en esos espacios,

amén de las exaltaciones sistemáticas de los miembros de la UMD, de la pretensión de sacar de núcleos

específicos de las fuerzas armadas los servicios de información e inteligencia para ponerlos bajo

dependencia político-administrativa, de los intentos de introducir sindicatos en los cuarteles, etcétera,

forman parte de los preparativos para el holocausto, cuya hora «H» se considera próxima en algunos

ambientes marxistas. Aconsejo, en tal sentido, la lectura de «El colapso de la democracia» de Robert

Moss. Portugal, además, está muy cerca.

Ismael MEDINA

 

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