Autor: García Serrano, Rafael. 
   Martín Villa en peligro     
 
 El Alcázar.    10/09/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

MARTÍN VILLA EN PELIGRO

VIERNES, 9 DE SEPTIEMBRE.-Los diputados han decidido reunirse en martes y trece para

demostrar que no son supersticiosos y sobre todo que no les preocupa ni poco ni mucho lo que

de tal fecha y sesión pueda derivarse para la suerte personal del Excelentísimo Señor Ministro

de la Gobernación o del Interior o como se llame hoy el cargo que ocupa Martin Villa. Es

presumible esperar que todo acabará en pastel, pero de la torpeza tradicional del PSOE en tas

contiendas políticas también pudiera derivarse una actitud que convirtiese el Parlamento en

Convención, como aventura hoy don Ricardo de la Cierva desde su campamento en el emirato

murciano. Nadie sabe si con secreto deseo o con secreto temor, el fenomenal historiador que

todavía queda en el desdichado político, atisba vientos de convención desde el párrafo final de

su artículo de hoy en "ABC": "Quizá —explica— por un reflejo condicionado de historiador, que

recuerda lo que ocurrió la última vez que un Parlamento liberal pretendió, a impulsos de un

espléndido tribuno socialista, erigirse en Convención. La sesión estaba fijada —creo— para el

14 de septiembre de 1923. La noche anterior alguien escribió no sé qué papelito en Barcelona".

Aquel pepelito —lo digo para las jóvenes generaciones ayunas de experiencia, o simplemente

de conocimiento de la historia de este siglo— señalaba el arranque de la Dictadura del General

Primo de Rivera. Con este dato que sirvo de rebote gracias a la atención con que siempre que

puedo sigo las observaciones de mi antiguo amigo, a quien perdí en el terremoto del cambio,

no pretendo otra cosa que añadir a mi "Dietario" de ayer una nota más sobre el derrotismo que

prende en los viejos y los nuevos liberales, demócratas y pluripartidistas, y del cual solamente

son culpables ellos mismos, arrastrados, supongo, por el idealismo, y sus jefes, que no tienen

la menor idea ni de los problemas ni del pueblo que intentan manejar con sus manos

inexpertas, torpes o traidoras, que de todo hay en la viña española. Y aún incluso alalimón. El

"no es eso, no es eso" ya ha aparecido en las paredes del festín y orgia del decreto-ley.

La tradicional estupidez política del socialismo español, de Pablo Iglesias a don Julián Besteiro,

de Sabotir a Largo Caballero, de Anguiano a Prieto, del Profesor al galán de la "divine gauche",

pudiera acumular razones positivas para darte la razón a De la Cierva. Personalmente creo que

el socialismo no va a meter la pata tan pronto, pero no por sentido de la responsabilidad ó por

civilizada evolución o por inteligencia, sino porque todavía se siente tímido después de la

Oprobiosa. Otra culpa que arrojar sobre las espaldas de Franco, tan fáciles para la carga que

hasta en Roma se ha atrevido a echar un peso más sobre ellas el aliviado Adolf Suárez, el

Führer ibérico del decreto ley, que al parecer está escribiendo su "Mein Kampf" en la verde y

dorada prisión de la Moncloa, acaso ayudado por su fiel Rudolf Martín Villa, que el próximo

martes y toledo puede ser arrojado a las fieras como le pasó a su tocayo Hess, desautorizado

de cara a Inglaterra y eterno prisionero de la ley antifascista en Spandau. Ley, por supuesto,

que no admite ni extrañamientos, ni amnistías, ni otra libertad que la de la muerte. Rudolf

Martín Villa está en peligro. ¿Le sostendrá su Führer? En el caso de nuestro pequeño Rudolf yo

no me fiaría ni un pelo, pero también es cierto que ni Adolf ni Rudolf son demasiado de fiar en

cuestiones de táctica política. Cualquiera sabe qué jugarreta pudieran tener lista el uno para el

otro y el otro para el uno. Y sin embargo, si esta vez cae nuestro modesto Rudolf será por

haber mantenido una actitud de decoro y honestidad hacia sus subordinados —tantas veces

ofendidos con brindis al sol—, salvo que haya rectificaciones de última hora, que todo puede

ser. No hay augur capaz de prevenir los resultados de una disputa en e) "saloon"

parlamentario.

Rafael GARCÍA SERRANO

 

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