Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Africanización patriótica     
 
 El Alcázar.    10/09/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

AFRICANIZACION PARTITOCRATICA

DURANTE mi primer viaje por e» golfo de Biafra aprendí una lección indispensable para

entender, cuando menos, por qué prenden con tanta facilidad los conflictos en el continente

africano: las nacionalidades africanas son una creación colonialista. Pretendo explicar que las

fronteras fueron marcadas en África por los colonialistas europeos, ingleses y franceses con

preferencia. Y como fa descolonización la hicieron los ultraeuropeos, es decir, norteamericanos

y rusos, con análogas pretensiones colonialistas, aunque aflámente sofisticadas, el resultado

ha sido igual de artificioso. Los grandes pueblos africanos fueron divididos por el impudor

imperial del reparto. La anterior alusión viene a cuento del mapa actual de los partidos en

España y de la situación irremediable de crisis en que se debaten, trascendiéndola al Estado y

a la Sociedad. El mapa partitocrático resultante de la liquidación apresurada, estúpida

teorizante, imprudente, revanchista y emocional del franquismo, ofrece una inequívoca

dimensión africana. En realidad, y de ahí bastantes de nuestros males irremontables. Suárez

ha africanizado la presunción de una democracia en España. Un pensador liberal advirtió que

la estabilidad de las democracias ha sido mayor en el mundo cuando son consecuencia del

proceso de moderación de una dictadura, pues crecían sobre un sólido principio de autoridad

del Estado. La madurez que muchos descubrieron con asombro en el pueblo español, no era

más que eso: la impregnación ciudadana en un concepto enterizo del Estado. La alianza entre

la frivolidad y et revanchismo, ha traído como consecuencia una situación análoga a la falsa

democratización iniciada con la caída del general Primo de Rivera: la voladura de la autoridad

del Estado y la indigencia de la clase política, transformaron velozmente la supuesta madurez

del pueblo en delirante estallido de anarquía. Así pues, el principal y más brutal enemigo de

una correcta instauración democrática en España, ha sido el antifranquismo. Ese

antifranquismo puramente instintivo y satvaje, en el que se han confabulado los resentimientos

de los ideologismos vencidos y los apresuramientos conversos de los oportunistas. Doy la

razón a Julio Merino en su carta-denuncía a José Bugeda. Confirma Julio Merino, con sus

preguntas lacerantes (¿qué ha sido de los hijos privilegiados de los jerarcas?), una conclusión

de Juan Vetante, en su "Iibretilla" del día 14 de agosto: "Lo que vamos a ser es una manada de

borregos conducidos por cuatro señoritos intelectuales de poca categoría".

La africanización del proceso democrático español ha sido también el resultado artificioso de un

doble colonialismo: el político y el intelectual. Este ultimo, tal y como lo describió Suffert. Los

partidos políticos españoles no los hemos construido nosotros, sino las Embajadas y tes

internacionales. Se han creado de manera artificial, por lo general con dinero extranjero y bajo

presión exterior. Pero como los colonialistas ideológicos conocen al pueblo español casi tan

mal como el esnobismo intelectual, los resultados son demenciales: el PCE no cubre el área

que un partido comunista espontáneo debería tañer en España; et PSOE no es en sentido

estricto et socialismo; la UCD no posee un contorno específico; tampoco, por consecuencia de

todos esos desajustes, A.P. es el partido nacional de gran peso que correspondería. El PCE,

en efecto, se ha corrido hacia te derecha en algunos aspectos oportunistas, restándole espacio

propio al PSOE. El PSOE ha cubierto casi todo el espacio que en tiempos ocupó el Frente

Popular, con daño para una clarificación marxista a su izquierda y una precisión

socialdemocrática a su derecha. La socialdemocracia se ha atomizado entre el PSOE, la UCD

y ese remedo extraño de viejo partido radical, que es et PSP, transformado en algo así como el

Olimpo intelectual de la izquierda. La UCD es un conglomerado de Imperativo fascistoide, algo

asi como una super-CEDA en ta que no solo han cabido los contrarios y lo anacrónico, igual

que d se tratara de una chatarrería o una tienda de empeños, destruyendo además la

posibilidad de una formación mayoritaria conservadora, fiel a ta conciencia nacional y a sus

valores tradicionales, y otra minoría conservadora más intetectuelizada y con ta debida

petulancia europeista. Oe ahí, el forzado y artificioso constreñimiento de Afianza Popular.

Una vez terminado el entusiasmo destructivo de lo anterior y llegada la hora de gobernar, ta

africanización partitocrática comienza a evidenciarse con dramatismo. Mientras las

Internacionales comienzan a comprender que han metido ta pata y se encuentran con

situaciones absurdas e imprevisibles a ta hora de tas previstas homologaciones, el fuego

indígena hace hervir ta olla, igual que en el interior de las fraudulentas nacionalidades

africanas. Determinados comunistas albergan te tentación de irse a ta izquierda revolucionaria

marxista, para reorganizarla en ta ortodoxia; otros, mientras tanto, sueñan secretamente con

pasarse al PSOE. para transformarlo en un comunismo renovada. A la izquierda marxista del

PSOE, la gustaría formar un partido revolucionario en paralelo con el comunista, mientras

Felipe y sus fieles se esfuerzan por generar ta socialdemocracta que exigen desde Alemania y

Venezuela. El ata radical del PSP desarfa transformarse en el núcleo intelectual del PSOE y ta

derecha en el núcleo intelectual de una deseada socialdemocracia. Los socialdemócratas de

Fernández Ordoñez sitúan con Boyer una cabeza de puente en ta expectativa

socialdemocratica del PSOE, mientras se entienden en secreto con el ata moderada del PSP.

Suárez, que tiene vocación de dictador, querría ser al mismo tiempo el presidente de todos los

partidos; pero reduce por el momento su opción a una duplicidad extenuante, entre ta

necesidad imperativa de simular un gran partido de centro y ta pasión irrefrenable da

arrebatarle a Felipe González y a Fernández Ordoñez el espacio socialdemócrata. Los liberales

buscan una salida en ta argucia de Pérez Escotar. Y los democristianos enloquecen, partidos

en pluralidad de contradicciones y tentaciones. Todo ello sin contar tas extravagancias

autonomistas. No intentamos buscar complicadas explicaciones a ta crisis. Es ta consecuencia

de ta africanización y, lógicamente, insuperable.

 

< Volver