Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Democracia no es desgobierno     
 
 El Alcázar.    20/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

DEMOCRACIA NO ES DESGOBIERNO

SON palabras del vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Defensa: "La política

pequeña se la dejamos a los políticos. Lo único que hace el Ejército es la política de Estado. El

Ejército apoya al Gobierno y todo lo que sea legal". Estas declaraciones fueron hechas en el

aeropuerto de Barajas, al regreso de México. También el señor Gutiérrez habló en México, tras

días antes. Afirmé allí, según la agencia EFE. que "el Ejército español garantiza el avance de la

democracia"; y que "las Fuerzas Armadas Españolas s6lo actúan en la gran política, a la que

definió como los intereses del Estado, y dejan la pequeña política a los partidos". Advirtió

previamente que "los militares españoles decidieron hace tres meses no hacer declaraciones

políticas". No seré yo quien se rebele contra esa despectiva certificación del señor Gutiérrez,

según la cual, la política pequeña corresponde a los partidos. Me limito a sugerir que las parcas

declaraciones del señor Gutiérrez, además del mérito de la brevedad, muestran una

acumulación sorprendente de contradicciones. Las disposiciones legales preparadas por el

señor Gutiérrez y Nevadas por el Gobierno al "BOE", establecían una clara distinción entre el

área de mando militar y el área político-administrativa. Conviene recordar, ademas, que dicha

distinción estaba relacionada con la disposición legal que imponía radicales incompatibilidades

político-administrativas a los militares, con la excepción del vicepresidente del Gobierno y algún

otro con cargo digital. Es sabido también que más tarda, el señor Gutiérrez pidió

ostentosamente el pasa a la reserva, para disponer de mayor libertad política y no

comprometer a tes Fuerzas Armadas en su gestión. Hechas tes anteriores salvedades, es

necesario precisar que el ministro de Defensa no representa en ningún caso a las Fuerzas

Armadas, cuya voz sólo corresponde a fe línea de mando de las mismas y a sus órganos

institucionales superiores. Existe una notable diferencia, en efecto, entre el ministerio de

Defensa y un hipotético ministerio de tes Fuerzas Armadas. El concepto de defensa, de gran

amplitud y de naturaleza político-administrativa, excede con mucho del ámbito militar, para

abarcar arenas consistentes de te actividad civil. Sería pretencioso por mi parte, aleccionar al

señor Gutiérrez sobre esas netas distinciones. Habré de recordar también al señor Gutiérrez

que los militares españoles no decidieron guardar silencio en materia política, sino que el

Gobierno, a iniciativa de su vicepresidente, les impuso esa obligación. Y, además, que el

Ejército ni tan siquiera hace la política de Estado. El Ejército sirve a te Patria, al Estado y al

Pueblo. Todo lo cual comporta una dimensión mucho más excelsa y consecuente con et

espíritu de te Milicia, que hacer política alguna. Por consiguiente, las Fuerzas Armadas no

apoyan a nada ni a nadie, pues te idea política de apoyo es incompatible con el concepto de

servicio a valores permanentes. De otra parte, si tes Fuerzas Armadas apoyasen al Gobierno,

ello significarte que no hacían lo propio con te oposición, dando lugar a un enorme

contrasentido democrático. No intento sugerir que el vicepresidente primero del Gobierno

ostente una confusión conceptual poco acorde con su arta responsabilidad. Pero tampoco

descarto que más de uno lo haya podido pensar. A mi parecer, el vicepresidente del Gobierno y

ministro de Defensa se comporta como es común a muchos jubilados o profesionales que

cambiaron de actividad, sin mudar de mentalidad: actúan en su nueva situación igual que si

estuvieran en te que abandonaron. A veces incluso se produce un fenómeno sorprendente: se

manifiestan igual que si hubieran alcanzado una posición largamente acariciada en silencio, en

vez de te realmente obtenida. Estos desplazamientos posicionales del señor Gutiérrez no son

infrecuentes. Recordemos, verbigracia, aquel espectacular de su intervención en el proceso

electoral, a través de RTVE, en te noche del 13 de junio, enfundado en el uniforme de teniente

general del Ejército de Tierra, pese a que su parlamento poseía unas características

inequívocamente políticas, especialmente favorables para b candidatura del Gobierno,

encabezada por su presidente. Cuando un militar pasa a te reserva para asumir con

independencia funciones políticas netas, parece lógico vestir el uniforme sólo en ceremonias de

estricto carácter castrense y cuya naturaleza no de ocasfai a confusiones entra te línea de

mando y te político-administrativa. Sin hacer míos los argumentos críticos que sobre te política

de defensa emprendida por el señor Gutiérrez atribuyen al actual embajador de España en El

Cairo, señor Diez Alegría, me creo en el derecho ciudadano de sugerir los riesgos que

entrenarte llevar más lejos de los hechos señalados esa confusión de término» en que suele

recaer el vicepresidente del Gobierno. Lo apunto por cuanto tiene de notable desviación en

orden a los usos y prácticas de los Estados miembros de te OTAN, en cuyo seno se mantiene

te neta y necesaria distinción entre lo que es privativo de te línea propia de mando de las

Fuerzas Armadas y el área administrativa del Gobierno en materia de Defensa. Sería chusco

que cuando el Gobierno persigue hasta te humillación que España sea aceptada, al precio que

sea, en te CEE y en te OTAN, el ministro de Defensa montase una organización

inhomologable. Pongamos por caso que, en línea conceptual con sus declaraciones, el

vicepresidente primero propusiera al Gobierno te unificación de todos los servicios de

Información e inteligencia militares en un aparato dependiente del ministro de Defensa, es

decir, del titular de te linea político-administrativa, en vez de te de mando. Ello configuraría un

hecho insólito en te práctica militar occidental y democrática, que llenaría de consternación a

los Estados Mayores de esas naciones y provocada cortocircuitos espectaculares.

Las anteriores anotaciones están escritas con un gran respeto. De ahí lo prolijas. Pido excusas

por ello. Y lamento haber excluido un análisis de tes declaraciones mucho más extensas,

aunque no menos contradictorias y peculiares, del ministro de Interior. Lo haré otro día. Pero

dejo constancia, como indispensable anticipo de su confesión clamorosa, que en España no

hay democracia. Ha confirmado, en efecto: "Democracia no es desgobierno ni desorden".

Ismael MEDINA

 

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