Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   Nace Castilla     
 
 El Alcázar.    16/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

NACE CASTILLA

PIENSO que no estaría completo el concepto primario del gen nacional si no estudiásemos de

pasada una gloriosa salida de pata de banco. La monarquía astur-leonesa, fortalecida y llena

de virtudes castrenses no puede salvar tos montes de Avila ni las parameras de Soria porque

tiene a su costado a los árabes en Zaragoza, Ateca, Ariza y Alhama. Está perfectamente

embolsada. Intenta dirigirse hacia el Sur, pero Al Andalus resulta prácticamente inexpugnable.

Desde los primeros tiempos, las tierras de Segovia, Avila con su ancho campo de Arévato,tan

rico en historia, Sanchidrián y otros pueblos, sostienen lo que pudiéramos llamar una

autonomía de hecho aunque no de derecho. Pagan tributos al Rey de León. Son cristianos,

pero en el primer intento de censo que realiza Ramiro III, mi ilustre antepasado, se le escapan

las tierras del Sur, y los lugareños son rebeldes a las constantes demandas de levas por parte

de los monarcas astur-leoneses. Algunos vecinos de los pueblos de esta comarca, ribereña en

parte con el Duero, y más abajo con los castros de Magerit y Al Malid, sostienen buenas

relaciones con los árabes. Aparece de pronto una extraña figura. Es uno de esos

descubrimientos españoles que justifica el millón de medianías que producimos al año y que

nos produce asombro y, hasta cierto punto, estupor. El Conde Fernán González, que lo es de

una tierra sin definir ni geográfica ni antropológicamente, decide emanciparse de sus

obligaciones feudatarias ante los reyes de León y crear él mismo un país que recoja todo

aquello a donde no han podido llegar los leoneses. Fernán González es un hombre con

carisma, joven. Las Crónicas nos lo pintan bello, excelente jinete. Cojo, al parecer, por una

hazaña de guerra. Ha peleado junto a Ramiro y decide de pronto que ya es bastante.

El pueblo le sigue con los ojos cerrados. Ese pueblo "insano e poco favorescedor", se aglutina

alrededor de Fernán González. La independencia de Castilla es ya un hecho. Responde al

taifismo y al centrifuguismo esenciales en el español. Casi al tiempo, el Califa de Córdoba tiene

que hacer una severa matanza en tierras de Jaén por el intento de Abn-Hussin de declararse

independiente como Califa de Jaén. Tras los pasos de Fernán González marchan todos los

hombres de Burgos, de parte de la Rioja, del lejano Norte cántabro; se le unen los segovianos y

las gentes de Medinaceli, que fue un pastel que no pudo morder el ejército árabe. Fernán

González crea el condado de Castilla. Es un visionario rebelde. Es, al tiempo, un jaquetón.

Hombre de enorme fortuna con las mujeres, ignora, cuando decide la emancipación, cuáles

serán las rutas que seguirá aquel condado precario que él ha declarado independiente con la

bandera azul —que no morada— frente a los pendones rojos de León. Fernán González tiene

auténtica fuerza para conseguir que el pueblo le siga. Y el pueblo sigue a su "cabdillo" sin

hacerse muchas reflexiones. Son las gentes de Fernán González las que primero acosan el

campamento de Magerit, que más tarde sería un logro de Alfonso VI cuando Castilla era ya un

auténtico reino por derecho. Este extraño condado, surgido de una emancipación alevosa, de

un culto al taifismo peninsular, va a convertirse, por uno de los muchos misterios que la Historia

encierra, en la doble fuerza centrípeta y centrífuga de España. Los reyes de León no pudieron

creer nunca que aquel conde, muy parecido a Francois Villón, "pecador incansable y penitente

audaz", pudiese recabar los tributos de las tierras fronterizas con los árabes y pelear con

fortuna primero contra los ejércitos leoneses que venían a menoscabar su independencia y

después contra los moros a quienes, a pesar de tenerle por enemigo, cae irremediablemente

simpático. Zahir Puyad escribe: "Es valeroso el infiel; y arrogante. Cree en su Dios y tiene,

como nosotros, muchas mujeres, pero sólo una legítima. Engendrará una estirpe recia si antes

no es muerto en batalla". Las palabras de Zahir Fuyad fueron una profecía.

Alfonso PASO

 

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