Monopolio sindical     
 
 El Alcázar.    16/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

MONOP01IO SINDICAL

NOSOTROS aspiramos a una España sindicalista. No podemos estar, por tanto, junto a

quienes, al socaire de un liberalismo político y económico, pretenden instalar en la organización

del mundo laboral una estructura perfectamente controlada por el sistema de producción

capitalista. Eso es un fraude al trabajo y al movimiento sindical. Pero, en el campo contrario,

tampoco podemos estar al lado de quienes, bajo la demagogia floral de la democracia,

pretenden alcanzar mediante un bien trenzado y mejor elaborado programa, el control absoluto

de esa fuerza impresionante que es la fuerza de los trabajadores. Porque, no nos engañemos:

Una estructura política liberal de partidos sólo puede adecuarse en lo sindical con el pluralismo

de sindicación; de igual manera, una estructura política marxista no puede admitir otra

adecuación laboral que no sea la del sindicato único. Tras la muerte de Franco, para España se

ha pretendido lo primero en lo político. No es pues extraño que la batalla de los embriones

sindicales se hubiese ceñido en un primer paso a la destrucción del "verticalismo" de la

Organización Sindical, al tiempo que otros sectores libraban su lucha en pos del régimen plural

de partidos. Alcanzado este primer objetivo, el del pluralismo, los sindicatos marxistes

empeñan, con toda lógica, una nueva batalla: la de retornar al sindicato único,

por supuesto, bajo su control. Y ello es así porque los sindicatos surgidos y potenciados en los

últimos meses no son otra cosa que organizaciones, —con la práctica excepción de la C.N.T.—

creadas, preparadas y dispuestas por los partidos políticos, a cuyo servicio funcionan.

Los partidos marxistas aspiran —y ya que legalizados están en su derecho—, a alcanzar para

la sociedad española la imposición de su ideología política y de su sistema económico. Más

claro: aspiran ya, decididamente, aunque todavía con aparente cautela, a la conquista del

poder. Sus centrales afectas no pueden así consentir, y claramente lo han manifestado, el naci-

miento de nuevas organizaciones de trabajadores no controladas por ellos. Para desprestigiar

los posibles intentos, todo vale: se les tiñe con razón o sin ella de "amarillismo", o se las acusa

de turbias maniobras desestabilizadoras. La lucha sindical de los últimos tiempos sólo ha

librado su primera batalla. La estrategia, cara a la próxima, está ya, prácticamente, también

definida. Su ejecución marchará, sin embargo, al paso que se le marque desde los controles

políticos. Pero que no esperen los trabajadores, si no es en este contexto, defensa de sus

derechos. Las cuentas para ellos quedan, de momento, pendientes. En lo que a nosotros

respecta, pueden pasarlas cuando quieran.

16 —AGOSTO— 1977

 

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