Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Si, punto     
 
 El Alcázar.    21/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

SI, PUNTO

EN una reciente edición EL ALCÁZAR ofrecía una noticia aclaratoria del incidente que

protagonizó, en Santander, el diputado socialista don Jaime Blanco. No había más intención

que la expresada en el texto de la primera plana del periódico: lamentar nuestra intervención en

una polémica en torno a un altercado callejero y solicitar disculpas, tanto al señor Blanco, como

al Partido Socialista Obrero Español. Era evidente que las especiales circunstancias que

acompañan a este caballero explicaban el suceso con mayor precisión, si cabe, que el propio

informe facilitado veinticuatro horas antes por la Dirección General de Seguridad. Hicimos

promesa formal, por otra parte, de poner punto a un asunto que, a pesar del aparato que se le

otorgó, no dejaba de ser una cuestión de índole menor. Los periódicos han publicado estos

días algunas afirmaciones del diputado del PSOE que voy a tratar de puntualizar. Señala que el

Ministerio del Interior y el Gobierno son los responsables de facilitar el certificado médico a "EL

ALCÁZAR". Y añade que el Gobierno "no se ha atrevido a dar el certificado médico a ningún

periódico responsable de su profesionalidad y que lo ha cedido a «EL ALCÁZAR». Luego,

añade que esta vez nuestro periódico "no ha sido el órgano de prensa de los ex combatientes,

sino el órgano informativo del Partido gubernamental". Si en el ejercicio de sus funciones

parlamentarias don Jaime Blanco resulta tan exacto como en estas afirmaciones, se le puede

atribuir la misma carrera política que al estudiante de Medicina que diagnosticó una indigestión

ante un caso de desmayo por ayuno absoluto. Cualquier persona que lea "EL ALCÁZAR" y

esté en su sano juicio, no podrá atribuir a este periódico la menor concomitancia ni con la Unión

del Centro Democrático ni con el Gabinete que preside el señor Suárez. Las únicas

certificaciones que pueden haber llegado del Gobierno a esta Casa son las cédulas de citación

judicial para las reiteradas querellas que los ministros del Gabinete nos han formulado, con

admirable tenacidad, a lo largo de los últimos doce meses. El señor Blanco no tiene idea de lo

que dice, lo cual pudiera resultar comprensible. Respecto a su autodiagnóstico, nada tengo que

objetar. El es médico y yo no. Lo que parece bien claro es que el diputado del PSOE no hizo el

Servicio Militar porque fue declarado inútil y que si rechaza tan vehementemente esa inutilidad,

no debe contárnoslo a nosotros sino al médico que certificó su inutilidad, al Tribunal que la

confirmó y a la autoridad competente. El índice de responsabilidad de este periódico es tan alto

que no sólo rechazamos de plano la afirmación del diputado socialista, sino que, además, le

reiteramos nuestro deseo de no exhumar otros datos que por escrúpulo y respeto guardamos

celosamente. No deseo cerrar esta anotación sin aludir, muy al paso, a las consideraciones que

formula en "Ya" don Luis Blanco Vila en torno a Cela y Jaime Blanco. La verdad es que Blanco

Vila echa un cuarto a espadas en defensa del eximio escritor, lo cual resulta tan rocambolesco

como la fábula de la pulga y el elefante. Luego, asegura que a don Jaime Blanco "se le ha

mentado todo, salvo la madre". Personalmente desconozco el origen de esos insultos a que

parece aludir el columnista de "Ya". Lo que puedo asegurar es que, después de leída la

columna una y otra vez, he llegado a una conclusión exacta: que el señor Blanco Vila lamenta

que se exhumen viejos recuerdos —el caso de Cela— o se profundice en asuntos tan

delicados como el expediente del diputado del PSOE. En eso estoy de acuerdo, aunque invito

al colega de la Editorial Católica a que realice la relación de los expedientes aireados por

nosotros y los compare con el regodeo y desahogo con que han sido manipuladas todas las

biografías, públicas y personales, de quienes estuvieron vinculados al antiguo Régimen y no

han perjurado todavía. Estoy dispuesto a clausurar cualquier visión amarga del pasado. Pero

me siento en el deber informativo de explicar a los lectores quién es quién en una Nueva

España, cuyos jaleadores apenas si se han cuidado de otra cosa que de chapotear en el fango

o regodearse en la miseria por ellos mismos fabricados. En el caso de don Jaime Blanco

se quiso colaborar con él. En el de Cela nos limitamos a subrayar su fervor y gentileza en

servicio del Movimiento Nacional. De ese entusiasmo existen más pruebas. Ni lo uno ni lo otro

es condenable.

Antonio IZQUIERDO

 

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